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Mensaje y cambio de humor PDF Imprimir E-Mail

Mar-06-12 - por Rosendo Fraga

El discurso con el cual la Presidenta Cristina Kirchner abrió las sesiones ordinarias del Congreso es un mensaje de batalla política. Pareciera haber recopilado en los últimos días las críticas que recibió el gobierno y las fue refutando una por una: desde las recibidas por la política ferroviaria a raíz de la tragedia de Once, hasta las referidas al déficit y la gestión de Aerolíneas Argentinas, pasando por la política energética, la restricción a las importaciones y esgrimiendo una respuesta a las argumentaciones con las cuales el Jefe de Gobierno porteño rechazó la semana pasada la transferencia del subte. Como discurso de batalla política, parece más destinado a reforzar la adhesión de sus militantes, simpatizantes y votantes que a captar a quienes no lo son. Las críticas a los docentes y las universidades generaron malestar en un sector que en los últimos años el oficialismo se había dedicado a cultivar y ganar. En este marco, el proyecto más importante que anunció fue la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central por la cual el Ejecutivo podrá utilizar más reservas para pagar deuda y disminuir su independencia.

Pero los dos impactos políticos del discurso fueron generados por lo que no dijo. Esta claro que el gobierno viene avanzando con una política que da prioridad al valor del nacionalismo con dos caras emblemáticas del mismo: la malvinización de la política exterior y la nacionalización de YPF. En ambas cuestiones sucedió lo contrario a lo que se esperaba. Los mercados estaban a la expectativa del anuncio de intervención a la empresa petrolera como comienzo del proceso hacia la nacionalización. Pero al no suceder, la acción de YPF subió 17%, revirtiendo la baja que había tenido en los días anteriores. En cuanto a las Malvinas, había expectativas de anuncios respecto a la profundización en la política tendiente a aislar a las islas del continente como presión para llegar a una negociación sobre la soberanía. En los días previos al discurso, la decisión de la gobernadora de Tierra del Fuego de impedir que lleguen a Ushuaia buques turísticos con bandera de la comunidad británica y la convocatoria de la ministra de Industria para que no se importe del Reino Unido, mostraban una dirección muy definida. Cuando se esperaba que Argentina suspendiera el paso sobre su espacio aéreo del vuelo que une Punta Arenas con Malvinas, la sorpresa fue el anuncio que se realizarán vuelos desde Buenos Aires a las islas. Es posible que, en ambos casos, dentro de algunos días sea vea que estas sorpresas en realidad no han cambiado en lo sustancial la política que hace del nacionalismo un eje político central y de Malvinas e YPF sus manifestaciones más relevantes. Es así como durante el fin de semana, sectores oficialistas lanzaron el Frente por la Soberanía Enérgetica, que después definirá si ésta se logra mediante nacionalización o empresas mixtas. Pero en el corto plazo lo realmente nuevo fue lo que no sucedió.

Los sondeos conocidos a fines de febrero muestran una disminución en la imagen positiva de la Presidente cercana a 10 puntos. No es una baja significativa. Por el contrario, es lo que suele suceder entre el momento que se gana la elección y los primeros meses de gobierno. La mayoría de estos sondeos han sido tomados antes de la tragedia ferroviaria que provocó 51 muertos y más de 700 heridos. Es decir, no incorporan un hecho nuevo que ha tenido fuerte impacto social. Lo mismo puede decirse de las denuncias contra el Vicepresidente o el aumento de las tarifas, que han afectado algo la imagen de la Presidente aunque no significativamente, por lo menos hasta la última semana de febrero. Lo que sí está comprobado, incluso en las polémicas estadísticas del INDEC (el instituto de mediciones oficial que responde al secretario de Comercio Guillermo Moreno), es que la economía argentina ha comenzado a frenarse desde los primeros días del año, sobre todo en materia de producción industrial, agregándose en febrero desaceleración del consumo minorista. Es un hecho lógico, dado que la crisis financiera en el mundo desarrollado se traduce en desaceleración de las economías emergentes. Pero la percepción de la gente recién comenzará a sentir el cambio en materia económica a partir del mes de marzo que se inicia y lo hará más fuertemente en el segundo trimestre.

A medida que la gente comience a percibir el freno en la economía, estos episodios (tragedia ferroviaria, denuncias contra Boudou, aumento de tarifas) influirán más en la imagen del gobierno. Lo que resulta claro es que para enfrentar esta situación el oficialismo acentuará su política nacionalista, cuyas dos caras principales -como se dijo- son la malvinización de la política exterior y la eventual nacionalización -que no implica necesariamente estatización- de YPF, la empresa petrolera más importante del país que fue estatal hasta fines de los años noventa, cuando fue vendida a la española Repsol. Es así como la respuesta política frente a un escenario más difícil tanto en lo social como en lo económico será la intensificación del nacionalismo como valor político. La cuestión es quién puede capitalizar el desgaste político que podría sufrir el gobierno en los próximos meses y frente a ello la oposición continúa desarticulada y sin un liderazgo claro, siendo Macri quien parece querer ocupar este rol en los últimos días. En 2004 la inseguridad se transformó en un fuerte motivo de reclamo social con el caso Blumberg -el asesinato de un joven secuestrado- y en 2006 la muerte de decenas de jóvenes en Cromañón generó un reclamo social sostenido, que terminó con la destitución del Jefe de Gobierno de la Ciudad. Pero con una economía creciendo, el kirchnerismo igual ganó las elecciones de 2005 y 2007. Recién fue derrotado en la elección legislativa de 2009, cuando la crisis global frenó la economía argentina.

En conclusión: el del 1 de marzo fue un discurso de batalla política de la Presidente encaminado a responder a las críticas y a retener sus votantes antes que acercar a quienes piensan diferente; la sorpresa estuvo en lo que no dijo, al no avanzar con la intervención de YPF ni anunciar medidas para complicar el abastecimiento de las islas Malvinas; si bien hay indicios de que el gobierno argentino ha comenzado a sufrir cierto desgaste, será recién en el segundo trimestre cuando podrá realmente medirse si el costo es significativo y mientras tanto, la revitalización del nacionalismo será la respuesta política más relevante del gobierno a esta situación en los próximos meses.

 
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