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Divergencia estratégica entre EEUU, China y Rusia PDF Imprimir E-Mail

Mar-08-12 - por Rosendo Fraga

Los conflictos estratégicos, muestran una divergencia creciente entre EEUU y sus aliados por un lado y China y Rusia por el otro. A estas potencias, les resulta más fácil coincidir en la prolongada crisis financiera europea. Tanto Washington como Beijing, no están dispuestos a financiar a los países en crisis de la UE. Ambas, ven con preocupación los efectos de la incierta situación financiera de los países europeos sobre la economía mundial, pero coinciden en que Alemania es quien debe ampliar los rescates. Pero en los conflictos estratégicos, donde incide el factor militar, las divergencias son crecientes. A ello se agrega que la nueva doctrina militar de la Administración Obama, da a Asia la prioridad, afirmando que EEUU seguirá siendo una potencia del Pacifico. China por su parte acaba de aumentar 11% el gasto militar respecto al año pasado. Pero aún así, el gasto en defensa chino, es entre un cuarto y un quinto del estadounidense, aunque su economía ya es la mitad. En cuanto a Rusia, durante la reciente campaña electoral, Putin tuvo como una de sus propuestas centrales, que el país mantenga su rol como segunda potencia militar del mundo, anunciando un gran plan de inversiones en las industrias para la defensa en los próximos ocho años y el aumento salarial para las Fuerzas Armadas. El tema militar, es el único en el cual Rusia todavía puede competir con China como potencia global. A ello se agrega que tanto en lo político como en lo económico, EEUU por un lado y China y Rusia por el otro, aparecen como expresiones de modelos diferentes. Mientras el primero es expresión del capitalismo de mercado, los otros dos representan con matices lo que puede ser denominado capitalismo de estado, ambos con fuertes empresas estatales. La democracia a su vez, que es una característica de EEUU, no existe en China y en Rusia tiene fuerte personalismo y autoritarismo.

La Primavera Árabe y el conflicto libio, pusieron en evidencia las dos visiones existentes. Mientras Washington, Londres y Paris,- los tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la UN junto con Beijing y Moscú,- abandonaron rápidamente a los autócratas que habían sido sus aliados en Túnez, Egipto y Yemen, Rusia y China tomaron distancia sin alentar a rebeldes y reformistas. Es que ambos países, dado sus regimenes políticos, temen que las potencias occidentales alienten a sus respectivas oposiciones. En el conflicto libio, la posición de Beijing y Moscú fue explícita contra el uso de la fuerza que hicieron las potencias occidentales, que en este caso tuvieron especial protagonismo del Reino Unido y Francia, apoyados por los EEUU. Libia no tiene un rol estratégico decisivo, pero el nuevo gobierno libio dio prioridad para la explotación petrolífera del país, a los países que apoyaron militarmente a los rebeldes, desplazando los intereses de chinos y rusos. La posible partición de Libia en dos países, preocupa más a China y Rusia que a EEUU.

Ahora es Siria, donde se evidencian las diferencias. Si bien el gobierno de Assad es un aliado de Irán en la región y apoya a Hezbollah en el Líbano y en menor medida a en Palestina, ha sido un firme aliado de occidente durante la última década en la lucha contra el terrorismo fundamentalista en general y Al Qaeda en particular. Rusia y China mantienen una firme postura contraria al empleo de medios militares para apoyar a los rebeldes y al uso de la fuerza para defenderlos. Es posible que las potencias occidentales al igual que Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, ya hayan comenzado a armar clandestinamente a los rebeldes. La preocupación de Israel por la inestabilidad regional que puede implicar la caída del régimen de Assad, no parece ser compartida en la misma medida por las potencias occidentales. La experiencia concreta de la evolución de la llamada Primavera Árabe, es que los procesos reformistas, terminan siendo controlados por los sectores fundamentalistas, ya sean moderados o radicalizados. China y Rusia parecen decididas a impedir el uso de la fuerza militar en Siria, aún con mayor decisión que en el caso de Libia o posiblemente por la experiencia que se registró en éste país en 2011.

Irán es otro punto de divergencia en la agenda internacional entre EEUU y sus aliados y China y Rusia. La potencia asiática quiere seguir proveyéndose de petróleo de éste país de Medio Oriente y la euroasática, pretende continuar como su principal proveedor de armas. Ambos países coinciden también en el objetivo de limitar la influencia militar regional de EEUU, que limita a Rusia mediante la expansión de la OTAN hasta sus fronteras nacionales y el escudo instalado en Polonia y Republica Checa. A su vez China pretende disminuir el peso militar que sobre sus fronteras marítimas implica la presencia de dos flotas de los EEUU, las grandes bases que éste país tiene en Japón y Corea del Sur y la garantía de seguridad a Taiwán. Beijing y Moscú rechazan el boicot petrolero impulsado por Washington al que se ha sumado la UE y cualquier empleo de la fuerza militar cuya opción no descartan Washington, Londres y Tel Aviv. La visita de Netanyahu a Obama, puso en evidencia que el primero quiere seguir presionando con la vía militar, mientras el segundo sin negarla, prefiere dar tiempo a la gestión diplomática. Quizás la cuestión está en que militarmente, Israel no está en condiciones de destruir con eficacia las centrales nucleares iraníes, sin la participación militar de EEUU y Obama no quiere un riesgo de esta envergadura a meses de una elección presidencial en la cual si se votara hoy estaría ganando. La gran guerra civil religiosa que parece tener lugar en el Oriente Próximo y Medio, entre chiítas con eje en Irán y sunnitas con eje en Arabia Saudita, encuentra a las potencias occidentales aliadas a esta última y a China y Moscú en los hechos respaldando al gobierno iraní, aunque sin impulsar su desarrollo nuclear.

En conclusión: los conflictos estratégicos muestran una distancia creciente entre las potencias occidentales (EEUU, Reino Unido y Francia) por un lado y China y Rusia por el otro; tanto la Primavera Árabe como fenómeno político, como la guerra civil Libia con su componente militar, pusieron en evidencia esta divergencia; el conflicto de Siria es otra manifestación clara de ella, donde China y Rusia resisten el empleo de la fuerza en cualquier grado y respecto a Irán, también se evidencia, con las potencias occidentales buscando la salida de Assad inmediata del poder y armando clandestinamente a los rebeldes contra la postura de Beijing y Pekín.

 
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