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Perspectivas de las elecciones españolas PDF Imprimir E-Mail

Feb-29-08 - por Joaquín Roy*

El domingo 9 de marzo, los electores españoles acudirán a las urnas para elegir el nuevo Congreso de los Diputados y el Senado, las dos instituciones que conjuntamente se llaman Cortes. En contra de lo que las apariencias ofrecen, los votantes no eligen a un presidente, sino a partidos políticos, como ocurre en la mayoría de los países europeos. Pero la imagen popular es que al acudir a las urnas, los españoles seleccionan entre José Rodríguez Zapatero, del Partido Socialista obrero Español (PSOE), actual presidente del gobierno, y Mariano Rajoy, candidato del Partido Popular (PP). Este equívoco ofrece unas dimensiones y ángulos que explican en cierta manera la estrategia de la campaña y adelantan algunos escenarios posibles del desenlace una vez se abran las urnas para proceder al recuento.

La primera aclaración que debe tenerse en cuenta es que no necesariamente gana las elecciones el candidato que recibe mayor número de votos, preferiblemente la mayoría absoluta. Vence al final el que consigue formar gobierno. Este éxito solamente lo puede posibilitar el Congreso de los Diputados que se alce como resultado del sufragio, depositario de la soberanía popular.

De ahí que la ansiada meta de los partidos y los candidatos es lograr una mayoría absoluta en el Congreso (compuesto de 350 miembros), 176 escaños. De esa manera, el vencedor no deberá negociar con partidos minoritarios, de diversa inclinación ideológica o implantación geográfica (ex-comunistas, independentistas y nacionalistas catalanes y vascos, ecologistas, regionalistas varios), para recibir la cifra mágica de escaños. También el que logre la mayoría relativa de escaños puede conseguir el triunfo último con la abstención de algunos partidos en el voto de investidura, con lo que se enfrentaría a la incertidumbre de aprobación de leyes, y la consiguiente ingobernabilidad.

En este contexto obsérvese que es posible que el partido que consiga el mayor número de votos populares no logre la mayoría absoluta o relativa de escaños, y por lo tanto se vea privado de detentar el poder. Esto se debe a que la distribución de escaños en las diferentes circunscripciones provinciales prima a las zonas menos pobladas y castiga a los centros urbanos, por lo que resulta más caro (en número de votos) conseguir un escaño en Valencia o Sevilla, y mas barato en Soria o Badajoz. En resumen, puede ocurrir que el partido que logre una mayoría de los votos populares no consiga una mayoría de escaños. Entonces, el que ha perdido las elecciones "populares" puede quedar vencedor si consigue sumar los escaños que le corresponden con los que reciban algunos partidos minoritarios, hasta lograr en la investidura los ansiados 176 votos.

De ahí que, aunque ambos candidatos principales estén de acuerdo en que sea presidente el que gane las elecciones. Pero difieren, al menos en teoría, en cómo logran ese éxito. Por lo tanto, Zapatero, previendo que recibirá la mayoría del voto popular (por el peso de los centros urbanos), reclamaría que ha ganado; en contraste, Rajoy puede aducir que debe ganar el que reciba mayor número de escaños. Pero si uno y otro parecen tener similares argumentos, la realidad del desenlace (en caso de que fuera el PP el que recibiera mayoría (no absoluta para garantizar la investidura) de escaños, es más complicada y favorece al PSOE.

La diferencia, en el caso, repitamos, de que ninguno reciba la mayoría absoluta, es que la presión sobre el PP (en caso de obtener la minoría relativa) es que no consiga gobernar por ser incapaz de formar gobierno. En contraste, el PSOE en similares condiciones puede lograrlo. ¿Por qué esa ventaja comparativa de los socialistas?

La clave es ideológica y social: pocos partidos minoritarios están dispuestos a formar una tácita coalición con el PP, sin concesiones notables (en el caso de los nacionalistas, el cese de la oposición conservadora al reforzamiento de las autonomías). En contraste, de lograr el PSOE el puesto número 1 en escaños puede abrir la puerta a coaliciones con los partidos más a su izquierda, como fue el caso en el desenlace de 2004.

Aunque la mayoría de los votantes indecisos no se entretienen con esta matemáticas, lo cierto es que el llamado "voto útil" (evitar el malgasto de sufragio por una formación perdedora que no logrará representación parlamentaria) favorece a Zapatero, al que una mayoría sustancial de ese sector ve como más confiable para proteger las conquistas sociales y darle también una segunda oportunidad, aparentemente una tradición de la democracia española.

Aunque el desgaste sufrido por el PSOE es comprensible, debido a la persistencia del terrorismo y la presión inmigratoria, además del acoso procedente de la jerarquía eclesiástica, parece no ser suficiente para que haya un vuelco en las encuestas que lo señalan como vencedor, incluso rozando la mayoría absoluta. En contraste, la losa que pesa sobre el PP desde el fiasco de las elecciones de 2004, el no haber sabido sacarse de encima el lastre de la incómoda presencia de Aznar y sus mas íntimos colaboradores, además de las intrigas internas, lo convierten en cada día que se acerca el 9 de marzo en perdedor no solamente en escaños sino en voto popular, sobretodo si la abstención se mantiene en un nivel razonable (30%).

*Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami - Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla