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Dic-07-11 - por Rosendo Fraga
Cuando en 2010 surgió la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), EEUU consideró que no era una alternativa para sustituir la OEA y por esta razón no la rechazó. El entonces subsecretario para América Latina del Departamento de Estado (Valenzuela) sostuvo que para su país se trataba de un ámbito de concertación de políticas y no el embrión de un organismo internacional. Lo consideró en el mismo nivel que tuvo el grupo de Río. Washington por su parte siguió dando a la Cumbre de Presidentes de las Américas -integrada por todos los presidentes del hemisferio con la excepción de Cuba- la prioridad como ámbito de concertación de políticas, mientras que la diplomacia brasileña dio relevancia a la CELAC. En realidad, ésta compite con la Cumbre de Presidentes de las Américas y no con la OEA. La ausencia de EEUU y Canadá en la CELAC permite a Brasil afianzar su liderazgo benevolente en el hemisferio y ampliarlo no sólo a América Central y el Caribe latino, sino también al Caribe de habla inglesa. Sin oposición activa de Washington y con el dejar hacer de México, Brasil así ha obtenido un éxito diplomático importante.
Al mismo tiempo, ha logrado impedir que los países del ALBA empujen la CELAC como alternativa a la OEA, como lo pretendieron Castro, Chávez y Correa. Casi todos los presidentes del ALBA tienen distintos tipos de conflicto con dicha organización internacional. Cuba por la exclusión a la que fue sometida por EEUU a partir de que abrazó el régimen comunista a comienzos de los años sesenta; Venezuela por los cuestionamientos tanto de la OEA como de su secretario general (Insulza) al autoritarismo de Chávez; y Correa ha propuesto terminar con la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a la que han recurrido periodistas y medios amenazados por las sanciones del gobierno ecuatoriano, mientras que el Presidente nicaragüense (Ortega) ha rechazado las denuncias de irregularidades electorales presentadas por observadores electoradotes de dicho organismo internacional. Los países del ALBA son 9 de los 33 que integran la CELAC y no tuvieron consenso para avanzar contra la OEA. La declaración final pidió el final del embargo de EEUU a Cuba, apoyó a la Argentina en la causa Malvinas en contra de la posición del Reino Unido y se pronunció por impulsar políticas de inclusión social. Al asumir el presidente chileno (Piñera) como nuevo Presidente pro-tempore de la CELAC, se pone un límite muy concreto a cualquier intento de los países del ALBA de utilizar esta comunidad de países como alternativa a la OEA. Brasil logra así tener un ámbito para concertar políticas con los 33 países latinoamericanos y del Caribe, pero sin chocar con los EEUU ni anular a la OEA por ahora.
Pero esta Cumbre pone en evidencia el crecimiento de Brasil liderando una América Latina con más protagonismo, pese a sus disidencias. Que sólo 11 de 20 presidentes latinoamericanos asistieran a la última Cumbre Iberoamericana realizada en Asunción y presidida por el Rey de España y que ahora Brasil tenga suficiente influencia para lograr la convocatoria de la casi totalidad de los presidentes de la región al margen de EEUU, son evidencias al respecto. En cuanto a las divisiones, se confirman tres líneas en la región: la del ALBA liderada por Chávez y Castro, que mantiene una posición hostil hacia los EEUU y busca excluirlo de la región; al frente de ésta se encuentra la llamada Alianza del Pacífico -que se reúne esta semana en México- y que está integrada por dicho país, Colombia, Perú y Chile (países que tienen acuerdos comerciales con Washington y costa sobre el Pacífico). Todos menos Perú -desde la asunción de Humala- tienen gobiernos de centro-derecha. Por último, la tercera y última línea está articulada alrededor del Mercosur y liderada directamente por Brasil. Busca una posición intermedia entre las dos posturas anteriores, desplazando de alguna manera a EEUU pero sin confrontación.
En conclusión: para los EEUU la CELAC es un ámbito de concertación de políticas y no una alternativa ni amenaza para la OEA; la diplomacia brasileña logró neutralizar el intento de los países del ALBA de transformar la Cumbre de Caracas en un pronunciamiento contra la OEA -como lo pretendía dicho grupo de países- y Brasil logró así dar un paso hacia la consolidación de su liderazgo regional, pero sin confrontar con Washington.
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