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Dic-01-11 - por Rosendo Fraga
El epicentro de la situación política mundial está en Europa y su crisis financiera. Las Cumbres de líderes europeos se van sucediendo sin que logren resultados concretos. Un mes atrás la cuestión era evitar el default de Grecia; hace tres semanas el de Italia; la Europa de dos velocidades -que separa a los países fiscalmente serios de los no-serios- dominaba la discusión hace quince días; que Rajoy, electo con mayoría absoluta, permitiera restaurar la confianza de España era el tema la semana pasada, cuando hasta la misma Alemania tuvo dificultades para colocar bonos; por último, la reunión de Obama con los líderes de la Eurozona ha pasado a ser el tema de esta semana. Ninguna cuestión se va cerrando y cada vez se suman nuevas. Los bancos europeos ya analizan qué sucederá con sus títulos entrando en crisis el euro -por lo menos en varios países- y el eje Merkel-Sarkozy parece decidido a avanzar con la unificación fiscal de la Eurozona, lo que implicaría dejar atrás a los países que no estén en condiciones de cumplir con ella. En este marco, el encuentro de Obama con los líderes políticos de la eurozona no parece haber resuelto nada. Es que han quedado muy atrás aquellos tiempos en los cuales EEUU estaba en condiciones de reconstruir Europa a través del Plan Marshall. La posición del Presidente de los EEUU es clara: Europa debe financiarse así misma sin más dilaciones ya que, en caso contrario, el crecimiento estadounidense se frenará, incluyendo la posibilidad que se pierdan más de 3 millones de puestos de trabajo, derivados de exportaciones a Europa y de inversiones europeas. La decisión de los líderes europeos de pedir más fondos al FMI, no es una resolución de fondo frente a la crisis y la de los bancos centrales de financiar el sistema financiero, en el mejor de los casos es una respuesta parcial.
Las economías de China y Brasil se están desacelerando y ello implica que la crisis ya se ha globalizado. Las exportaciones, y en consecuencia el crecimiento industrial de la potencia asiática, han disminuido y están teniendo lugar crecientes protestas sociales en las zonas de mayor concentración obrera. Los riesgos de burbujas en el mercado inmobiliario y la bolsa se acentúan. En el caso de Brasil, el crecimiento del año próximo está previsto en sólo 3%, pese a lo cual el empleo todavía no lo refleja. Los dos países se ven limitados para estimular sus economías por la tasa de inflación, que pretenden mantener por debajo del 5% anual.
Ambos gobiernos desde mediados de año vienen diciendo que esta crisis será peor que la del 2008, tanto porque comprende a estados y ya no bancos y porque no es posible utilizar los mismos estímulos que entonces para evitar la caída de las economías. Las estrategias para que las potencias emergentes, compensen la disminución de sus exportaciones al mundo desarrollado, aumentándolas al mundo en desarrollo, no están resultando fáciles. El mismo Brasil plantea elevar el arancel del MERCOSUR para evitar la llegada de más importaciones del Asia.
Mientras tanto, la situación estratégica mundial se complica en Medio Oriente. Irán ha ratificado que continúa adelante con su plan nuclear, pese al informe de la OIEA, las advertencias de esta organización, las nuevas sanciones de EEUU y sus aliados y las advertencias de Washington, Londres y Tel Aviv de que no se descartan utilizar la vía militar contra Teherán. Quizás la tensión entorno a Irán nunca fue tan alta en los últimos años. Una explosión registrada cerca de una central atómica iraní podría ser consecuencia de una acción militar encubierta de potencias occidentales y el saqueo de la embajada británica en la capital un señal de la escalada que está teniendo lugar. A ello se suma la creciente inestabilidad en Siria, que ya corre riesgo de guerra civil según la UN y que ha comenzado a sufrir las sanciones de la Liga Árabe. El gobierno sirio es un aliado de Irán en la región, pero al mismo tiempo un negociador con Israel. En Yemen renunció el Presidente sin que retorne la calma y en Kuwait, tras semanas de protestas, se nombró un nuevo gobierno. Mientras esto sucede, la tensión entre EEUU y Rusia se agravó en lo militar, al anunciar el Presidente ruso (Medvedev) que si Washington no retira las instalaciones del escudo antimisiles ubicadas en Polonia y República Checa, los misiles rusos apuntarán a ellas con capacidad de destruirlas.
Al mismo tiempo se agrava la tensión política en los países del Norte de África. Está claro que la Primavera Árabe implica renovación política, pero no está tanto que genere gobernabilidad. En Túnez el gobierno, con un Presidente militante de los derechos humanos y un primer ministro islamita, no tiene una orientación muy definida. En Marruecos un islamita que fue guerrillero acaba de ganar las elecciones y será primer ministro. En Egipto han comenzado las elecciones en un contexto de creciente violencia entre las fuerzas militares y de seguridad y los movimientos más radicalizados de todas las tendencias. La Hermandad Musulmana gana las primeras elecciones y ello hoy no sería visto con malos ojos por las Fuerzas Armadas, que aspiran a mantenerse como factor de poder. En Libia atentaron contra la vida del primer ministro en un hecho que puede mostrar las disidencias dentro del régimen. Occidente pretende mostrar a Turquía como el modelo de islamismo moderado para los países del mundo árabe que están dejando dictaduras, pero no está definido que lo logre. La convulsión en el mundo árabe se extiende así desde Medio Oriente en la frontera con Irán, hasta el Atlántico en Argelia, que hasta ahora ha logrado mantener firme su gobierno.
En conclusión: la Cumbre entre Obama y los líderes de la Eurozona no parece ser eficaz para frenar la crisis financiera que cada vez pone más en riesgo al euro e incluso a la UE; la economía ha comenzado a desacelerarse en China y Brasil y ello implica que la crisis financiera europea ya se ha globalizado; la tensión entre Irán por un lado y EEUU, el Reino Unido e Israel por el otro plantea el riesgo de una acción militar cuando se profundiza la crisis en Siria y otros países de la región y el norte de África muestra fuerte inestabilidad, con los islamitas ganando las elecciones aun en los países árabes más occidentalizados y con Egipto en convulsión.
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