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Oct-25-11 - por Rosendo Fraga
La utilización de nombres propios para denominar a los movimientos políticos es una constante en la Argentina. El Roquismo dominó en la Generación del Ochenta, el Yrigoyenismo en la primera mitad del siglo XX y el Peronismo desde entonces. En los años sesenta, el Frondizismo fue la personalización de la teoría desarrollista.
Con el restablecimiento de la democracia sigue sucediendo lo mismo, con el Alfonsinismo, el Menemismo y el Kirchnerismo, sucesivamente. Los dos últimos fueron a su vez expresiones del Peronismo, coexistiendo con él.
En este marco, bien puede denominarse Cristinismo al movimiento político que genera la Presidente, el cual al mismo tiempo puede ser planteado como una expresión política del Kirchnerismo.
Entre ambos hay fuertes identidades en cuanto al modelo que se está implementando desde 2003.
Pero al mismo tiempo hay diferencias de estilo político y no sólo de lenguaje.
Quizás la más evidente sea el rol de Hugo Moyano, que para el ex Presidente era un aliado sindical y sociopolítico, y para la Presidente parece ser más bien un adversario que puede transformarse en algo más que eso. El rol del Peronismo tradicional también es diferente. Un año atrás, el matrimonio Kirchner presidía la conmemoración del 17 de octubre con un gran acto sindical en River y en cambio ahora, la Presidente no participó en la conmemoración, la cual prácticamente no se realizó.
Parece generarse una nueva liturgia simbólica alrededor de tres fechas: el 11 de marzo -triunfo de Cámpora-, el 26 de julio -aniversario de Evita- y el 27 de octubre -fallecimiento de Kirchner-. El 1 de julio -la muerte de Perón- y el 17 de octubre -nacimiento del Peronismo- parecen haber desaparecido.
Los sectores juveniles como La Cámpora tienen un rol político más importante con Cristina, al igual que el movimiento cultural y artístico.
El discurso de la Presidente en los últimos tiempos ha sido más conciliador y menos confrontativo que el de su predecesor. Kirchner articulaba la política con gobernadores, intendentes, sindicalistas y piqueteros y la Presidente lo hace dando prioridad a la juventud, la lealtad y la decisión para enfrentar las corporaciones.
Identidad de modelo pero diferente estilo político (lo que implica también cambios en la relación de fuerzas dentro de la coalición oficialista), parece delinear una versión del Kirchnerismo que bien puede ser denominada Cristinismo.
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