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Nicaragua: Los escenarios electorales PDF Imprimir E-Mail
Jul-12-11 - por Carlos Chamorro*

Las elecciones del 6 de noviembre han estado precedidas de un largo e intenso debate en torno a tres temas fundamentales:

  • La legalidad y legitimidad de la reelección del presidente Daniel Ortega, que está prohibida por la Constitución.
  • La falta de credibilidad y confianza en el árbitro electoral, el Consejo Supremo Electoral, que fue acusado de fraude en las elecciones municipales del 2008.
  • La dispersión de la oposición y sus dificultades para presentar un proyecto político alternativo, para disputarle el poder al autoritarismo político de Ortega.

A cuatro meses de la fecha electoral, las proyecciones de estos tres factores favorecen ampliamente al partido de gobierno, y pocos dudan en Nicaragua de que Daniel Ortega será el próximo Presidente de la República.

En el desenlace de esta coyuntura electoral, se vislumbran dos posibles escenarios:

a) Una victoria holgada de Ortega, con posibilidades de fortalecer la legitimidad de la reelección,

b) Una elección competitiva entre Ortega y Gadea de la alianza PLI, que eventualmente conduzca a una polarización electoral.

a) La reelección de Ortega

En el primer caso, que en este momento luce como el más probable, no es descartable que al iniciar la campaña electoral el 20 de agosto, Ortega adopte medidas para intentar mejorar la imagen del Consejo Supremo Electoral, y que incluso autorice alguna variante de observación electoral. Esta decisión colocaría en un dilema a las organizaciones de Observación Electoral, OEA, Centro Carter, Unión Europea, en cuanto a si están dispuestas a aceptar una observación tardía, bajo las reglas del “acompañamiento” dictadas por el magistrado Roberto Rivas.

Otro dilema para los observadores nacionales, es qué hacer si el CSE mantiene el veto discriminatorio en contra de los observadores nacionales con más experiencia y redes nacionales como Etica y Transparencia e IPADE, y otorga alguna flexibilidad a los observadores extranjeros. La pregunta clave es ¿observar a cualquier costo, o demandar condiciones para una observación independiente nacional e internacional?

En cualquier caso, el objetivo estratégico del gobierno es resolver el déficit de legitimidad que enfrenta la reelección de Ortega y harán todo lo que esté a su alcance para lograrlo.

En segunda instancia, la estrategia oficial apunta a lograr una mayoría en la Asamblea Nacional que le permita hacer cambios constitucionales para modificar el sistema político. Y aunque se da por descontado que el partido de gobierno contará con una fuerte bancada parlamentaria, con una lealtad incondicional a la pareja presidencial, aún no existen datos confiables que permitan proyectar si el FSLN obtendrá una mayoría determinante y cual será el peso de la oposición en la nueva Asamblea.

En consecuencia, es imposible analizar como sería un tercer gobierno de Ortega sin conocer las condiciones específicas en que llegaría al poder. Por el momento, basta señalar que cualquier proyecto de consolidación del régimen requiere el apoyo económico permanente del gobierno de Chávez. Sin ese apoyo incondicional, el orteguismo no es sostenible a largo plazo y esa variable está sumergida en la incertidumbre, no sólo por la reciente enfermedad de Chávez, sino por la tendencia al ascenso de la oposición venezolana que por primera vez concurrirá a unas elecciones (diciembre de 2012) con una posibilidad real de triunfo.

Lo que si se puede anticipar ante un eventual tercer gobierno de Ortega, como un elemento consustancial de su modelo político, es el reforzamiento de la tendencia a la cooptación política y económica del ejército y la policía. Dos instituciones que hasta hace poco, por su profesionalización, apego a la ley y carácter nacional, representaban los casos más exitosos de la transición nicaraguense. El riesgo de que se produzca una regresión al someterlas al capricho de un caudillo que se coloca por encima de la ley y las instituciones, representa uno de los mayores peligros para la institucionalidad democrática en Nicaragua.

b) Una elección polarizada Ortega-Gadea

El otro escenario posible, el de una elección polarizada, depende de que uno de los candidatos se desmarque claramente y se convierta en la alternativa de la oposición. De acuerdo a la última encuesta de Cid Gallup, realizada en el mes de mayo, el que tiene más potencial para lograrlo es Fabio Gadea, de la alianza PLI, quien se ubica en segundo lugar diez puntos por debajo de Ortega. Alemán posee una importante maquinaria política a través del PLC, pero enfrenta un altísimo nivel de rechazo como candidato, y según esta misma encuesta está 24 puntos por debajo de Ortega. Gadea, en cambio, enfrenta un bajo nivel de rechazo y tiene un potencial de crecimiento considerable entre los votantes independientes, que han decidido las últimas campañas electorales.

Sin embargo, para lograr polarizar la elección con Ortega, Gadea tiene que proyectarse como una alternativa de poder, con capacidad de incidir sobre los grandes problemas que afectan al país: la falta de empleo, la pobreza, y la crisis institucional. Esto requiere de al menos tres requisitos políticos. Primero, desplazar claramente a Alemán y al PLC ante los ojos de la oposición y posicionarse como la segunda fuerza del país; segundo, generar esperanza en torno a su propuesta de cambio, y confianza en su capacidad de defender el voto, para vencer la tendencia a la abstención que predomina entre los independientes; tercero, unir el voto opositor para lograr el respaldo de los votantes independientes, y particularmente de los jóvenes y los pobladores de la zona metropolitana.

Estas tres tareas requieren de recursos económicos considerables, de una estrategia política eficaz y de un buen desempeño de Gadea como candidato, tres incógnitas que la campaña del PLI aún no ha logrado despejar.

Y si en los próximos meses Gadea lograra desafiar a Ortega y forzar en las últimas semanas de cierre de campaña una elección verdaderamente competitiva, enfrentará un cuarto obstáculo aún mayor como es el control absoluto que ejerce el FSLN en el Consejo Supremo Electoral, y el peligro de un nuevo fraude electoral.

*Fragmentos de una ponencia presentada ante el Diálogo Interamericano en El Salvador. Publicado en el semanario Confidencial de Nicaragua (www.confidencial.com.ni )

 
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