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Un nuevo capítulo en la historia de Cuba PDF Imprimir E-Mail

Feb-20-08 - por Joaquín Roy*

El anuncio de la renuncia de Fidel Castro a seguir oficialmente en sus cargos representa la más lógica de las alternativas que se presentaban como incógnitas en vísperas de la apertura de la nueva Asamblea del Poder Popular y el nombramiento del nuevo Consejo de Estado. Pero, la solución que se consideraba más probable era la continuación de la provisional estructura, quizá esperando que la ley de vida decidiera el siguiente paso. La segunda que se especulaba era la creación de un nuevo cargo honorífico, mientras el mando de la nave cubana pasaba ejecutivamente a Raúl y sus colaboradores. La renuncia a seguir era la que se temía que el Comandante no optaría, aferrado a morir con el uniforme de Adidas que todavía maquilla su precario cuadro médico.

Ahora, a la vista de la decisión, el enigma es por qué se ha elegido esta fórmula drástica que no cuadra con la clásica conducta de Castro, quien ha sorprendido una vez más a sus contrincantes. La primera explicación debiera ser que el estado físico de Castro no da para más, ni siquiera para la continuación aparente del entramado jurídico-constitucional. La segunda es que la cordura en el entorno castrista se ha impuesto. La opción elegida es la mejor para mandar un mensaje de solidez al interior en el sentido de que "todo está atado y bien atado", para usar la terminología de la transición española. Al mismo tiempo, la retirada de Castro es un guiño al exterior para que los diversos actores que deben contar para la evolución pacífica del régimen cooperen con La Habana en este capítulo inédito.

En cualquier caso, Raúl habría jugado sus cartas de forma eficaz, siempre, naturalmente, con la anuencia (en gran manera obligada) de su hermano, y el consenso del entorno. De esa manera se consigue demostrar que, de momentos, no hay fisuras en el horizonte político. Lo que no es mucho más difícil es predecir hasta cuándo.

Según las expectativas existentes antes del anuncio de la retirada de Fidel, la presión que ya estaba recibiendo Raúl no se daba en el terreno político (con la excepción notable de los minoritarios e infiltrados grupos de disidentes). El foco era (y es) la economía y la subsistencia diaria de los cubanos, atrapados en una espiral de diaria aventurar por conseguir los alimentos necesarios y cubrir sus necesidades básicas. Ya no se hablaba de mejorar notablemente su nivel de vida, algo que por utópico ya había sido abandonado por la mayoría de los sufridos ciudadanos.

Si en el largo año y medio de convalecencia de Castro se tenía por acertado el diagnóstico consistente en qué parcelas de la economía Raúl estaría dispuesto a liberalizar, con la jubilación de su hermano, las expectativas se van a multiplicar. Al sucesor no le va a quedar más remedio que dejar salir al genio de la botella, por usar una metáfora popular. El problema es que el genio no a ser capaz de rescatar del naufragio las conquistas más reconocidas del sistema (la sanidad y la educación). Entonces Raúl no va a tener más que dos alternativas, a cada cual más problemática.

En primer lugar, podría intentar reintroducir al genio en la botella, algo que se sabe (dentro de la hipótesis mágica) imposible, entre otras razones porque el genio habría ya engordado un tanto, al respirar aire fresco. De caer en la tentación de regresar a la mano dura, sobretodo en la apertura económica, perdería todo el notable apoyo del que cuenta en la actualidad, aunque solamente sea por la esperanza que nada puede ser peor que la experiencia de los últimos años.

Raúl puede elegir optar por abrir la espita y la ejecución de planes ambiciosos. Consistirían en la autorización del trabajo por cuenta propia, la más amplia libertad de los que debieran beneficiarse de los productos las tierras en que trabajan, y la invitación a la puesta en marcha de pequeñas empresas (aunque sea con todo el control estatal soportable). El peligro que estos experimentos pueden generar es que la adaptación del modelo chino puede degenerar en un fracaso sonoro, entre otras razones por los cubanos no estarían dispuestos (o serían incapaces) de comportarse como sufridos chinos.

*Joaquín Roy es Catedrático ‘Jean Monnet' y Director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla

 
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