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El trágico dilema electoral de los nicaragüenses PDF Imprimir E-Mail

Mar-17-11 - por Fermín Pineda*

Cada cinco años los nicaragüenses nos jugamos el futuro del país para un próximo quinquenio. Los procesos electorales en Nicaragua son siempre una oportunidad para escoger entre opciones políticas radicalmente opuestas. Sin embargo y más allá de las ofertas que se nos presentan en forma de supuestos planes de gobierno –propuestas poco serias y escasamente elaboradas-, en lo único que parecen coincidir las distintas opciones políticas es en su terco empeño por ofrecernos candidatos de dudosa conveniencia para el destino del país. De tal suerte que los nicaragüenses nos vemos obligados a elegir entre lo cada uno considera “el mal menor”. Vaya consuelo!!!

Al día de hoy, todo parece indicar que en noviembre el pueblo de Nicaragua volverá a las urnas para tener que resolver, una vez más, este trágico dilema. Ello supone tener que escoger entre una de las siguientes alternativas:

Daniel Ortega

Un bachiller y revolucionario venido a menos. Desde 1979, este personaje entró a la vida política del país para nunca más salir de ella. Sin entrar a valorar el contexto para justificar o no sus acciones y decisiones políticas, lo cierto es que Ortega gobernó Nicaragua durante los años ochenta y el saldo de su gestión fue desastroso. Entregó un país material y económicamente destruido, políticamente polarizado y socialmente fragmentado. Todo ello sin contar la cantidad de vidas de jóvenes nicaragüense que murieron por el afán de Ortega de imponer el modelo político-económico que él y sus “compañeros” consideraban adecuado para Nicaragua.

Durante los años noventa y en su carácter de líder de la oposición, movilizó recurrentemente a su base social para mantener en zozobra al país y hacerlo ingobernable para los mandatarios de turno. Las asonadas dirigidas por Ortega terminaban siempre con Managua entre barricadas, morteros, miguelitos, buses en llamas, lluvias de piedras, turbas enfurecidas, y, como no podría ser de otra forma, muertos. Adicionalmente, Ortega se negó a responder a las acusaciones de su hijastra por abuso sexual cuando ella era aún una menor. Nunca refutó personal y públicamente estas acusaciones, y se escudó en su inmunidad hasta que el delito proscribió y la justicia de una jueza sandinista lo absolvió.

Por increíble que parezca, en 2006 fue electo para gobernar por segunda vez el país. A partir de entonces, Ortega ha hecho todo lo humanamente posible para asegurar su permanencia en el poder: ha violentado la disposición constitucional que prohíbe la reelección presidencial; ha torcido hasta más no poder las instituciones y las leyes del país; ha mantenido en el cargo a funcionarios de rango constitucional leales a sus intereses, a pesar que sus períodos vencieron hace meses; ha irrespetado la voluntad popular expresada en las urnas para la elección de autoridades municipales.

A pesar que la corrupción durante los gobiernos de Ortega ha sido mediáticamente menos impactante, lo cierto es que este “ilustre guerrillero” dista mucho de ser aquel pobre muchacho que entró a la plaza de la Revolución el 19 de julio de 1979, sólo con un fusil en las manos. Hoy administra a discreción y sin ningún tipo de control, una millonaria cooperación venezolana que, entre otras cosas, sirve para agrandar una fortuna familiar sustentada en negocios de todo tipo. Esta es la carta de presentación, resumida por cierto, del candidato Ortega para las elecciones de noviembre.

Arnoldo Alemán

Un ex convicto y abogado de pocas luces. Hablar de Arnoldo Alemán es sinónimo de corrupción no sólo en Nicaragua, sino en todo el hemisferio y más allá. Desde que asumió la Presidencia de la República en 1997, sus raterías en la alcaldía de Managua estaban más que documentadas. Al amparo de un virulento discurso antisandinista, Alemán fue “el mal menor” que los nicaragüenses eligieron para gobernar el país después del período de transición (1990-1996). Qué caro le salió esta elección al país. Durante su administración la corrupción y la impunidad fue galopante. Alemán y una camarilla de sus más fieles seguidores se enriquecieron a costillas del erario público y de la cooperación internacional.

A pesar de autoproclamarse demócrata, Alemán no dudó en amenazar y ejercer todo tipo de presión contra quienes osaban denunciar sus corruptelas. Nadie olvida que uno de los mayores desastres humanitarios de la historia reciente de Nicaragua –el Huracán Mitch- dio paso también a uno de los mayores robos a las arcas del Estado. Alemán y sus “socios” desviaron gran parte de los recursos públicos y de la ayuda internacional destinada a aliviar esta tragedia humana, a sus cuentas personales en el extranjero, a la construcción de palacetes veraniegos, a la compra de vehículos de lujo, haciendas, pagos de viaje al exterior, entre otros despilfarros. Muchos de sus ministros y funcionarios de gobierno tuvieron que huir del país al finalizar su administración por tener tener cuentas pendientes con la justicia. Toda esta evidencia sirvió para que una importante cantidad de países de América y Europa le revocaran la visa de entrada a Alemán una vez concluido su mandato. Hasta el día de hoy, Alemán es poco menos que un delincuente internacional preso en su propio país. Sin posibilidad de viajar ni a Estados Unidos, ni a los países miembros de la Unión Europea. ¿Cómo podría ser nuevamente Presidente un ciudadano en estas condiciones?

Asimismo, Alemán traicionó sin ningún pudor el discurso que le sirvió de plataforma para llegar al poder en 1997. A cambio de la poca beligerancia de sus opositores ante los evidentes y recurrentes actos de corrupción, y de una diputación regalada que le garantizara su inmunidad posterior, Alemán pactó y entregó la mitad del poder institucionalizado al Frente Sandinista. El regreso de Daniel Ortega en 2007 y buena parte de la tragedia que en la actualidad vive Nicaragua no puede entenderse sin la complicidad y responsabilidad directa de Arnoldo Alemán. Palabras más, palabras menos, esta es la hoja de vida política de otro flamante candidato presidencial para las elecciones del próximo mes de noviembre.

Fabio Gadea Mantilla

Un viejito de 80 años ungido por un político perdedor. Entró a la vida política de la mano de su consuegro Arnoldo Alemán y durante la Presidencia de este último fue incapaz de alzar la voz para denunciar la grosera corrupción imperante. No sólo calló, sino que desde su emisora defendió a capa y espada las innumerables raterías de Alemán. Quien hoy ofrece una “revolución de la honestidad”, fue incapaz de exigírsela a su consuegro cuando estaba en inmejorable situación para hacerlo. Es probable que este conveniente silencio explique, en buena medida, su inclusión y elección como diputado al PARLACEN en 2006 bajo la bandera del PLC de Arnoldo Alemán, condición de cuasi anonimato en la que muy seguramente hubiese permanecido de no ser porque un político incapaz, que no encontraba una salida decorosa a su fracasada empresa de erigirse en líder la oposición, tuvo la “genial” idea de proponerlo como “el candidato del consenso” para confrontarlo así con Alemán. 

Si la solución de los problemas de Nicaragua demanda un esfuerzo para hacer que nuestro país reingrese al siglo XIX, Fabio Gadea parece ser la persona idónea para realizar esta gesta. Su pensamiento en relación a la Iglesia Católica, el VIH y las preferencias sexuales de los gays y lesbianas, está más que desconectado de los enfoques progresistas que alrededor de esos temas se han venido construyendo en las sociedades posmodernas de hoy. Qué desesperanzador resulta para un país con una población mayoritariamente joven, tener que depositar sus esperanzas en un político de 80 años que luce más apto para escribir sus memorias y contar historias, que para liderar visionaria y creativamente un país de jóvenes en pleno siglo XXI.     

Sin olvidar la soberbia y terquedad con que gestionó sus posibles alianzas electorales, lo cual nos hace recordar el estilo del ex presidente Bolaños y su consecuente aislamiento, Fabio Gadea hace alarde de un grupo surrealista de “asesores”. Parece haberse esmerado en elegir y rodearse de una serie de nefastos personajes de la vida política nacional que tan malos recuerdos traen a los nicaragüenses, tanto por su dudosa probidad como por su probada incapacidad. En ese sentido, es presumible que una lista de diputados y posibles ministros de un gobierno de Fabio Gadea, no sería más que un refrito de lo peor de la clase política nicaragüense de los últimos 30 años. Es con estas credenciales que Pancho Madrigal pretende presentarse como una opción en las elecciones de noviembre.

Algunos podrán o no estar de acuerdo con el perfil de los personajes descritos anteriormente, lo entiendo, cada quien tiene su opción política y es válido defenderla. Pensarán a lo mejor que soy demasiado duro con los posibles candidatos, pero estos son los hechos y no suposiciones. No he dicho nada que no haya sido bien documentado y públicamente conocido por todos, querer negarlo es otro asunto. La historia y el presente están ahí.

No se trata de buscar a un candidato perfecto –que desde luego no existe-, pero me cuesta creer que en la Nicaragua del siglo XXI entre el candidato ideal y las alternativas presidenciales que se perfilan hacia noviembre, no exista nadie meridianamente presentable. Tener que elegir de nuevo “el mal menor”, que visto lo anterior es cada día más difícil de identificar, es sencillamente una tragedia para nuestro país.            

* El autor es Economista y Cientista Político.

 
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