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Feb-24-11 - por Rosendo Fraga
La posición
de la Argentina respecto al conflicto libio debe ubicarse en el marco
de la asumida por América Latina.
El mundo asiste
a la rebelión más globalizada de la historia.
Lo que empezó
con movilizaciones en Túnez y Argelia y se potenció con la caída
del Mubarak en Egipto, llega a China, donde el gobierno reprime protestas
y aumenta el control sobre la web temiendo el efecto contagio. Por su
parte Rusia denuncia que agitadores extremistas se han puesto en movimiento
y hasta en Corea del Norte comienzan tímidas protestas. Incluso la
violenta huelga griega del miércoles 23 de febrero puede estar influida
por lo que está sucediendo en el mundo árabe.
Pero de este
fenómeno, cuyas consecuencias hoy son imprevisibles, lo que está sucediendo
en Libia es lo que más efectos ha tenido en América Latina, la región
del mundo emergente en la cual la rebelión iniciada en el norte de
África parecía haber tenido hasta ahora menores efectos.
En momentos
que la comunidad internacional, a través de la UN, condena severamente
la represión que está realizando Khadafy y que ha provocado cientos
de muertos, tres gobiernos latinoamericanos han salido en su defensa:
Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Una primera
explicación es que lo han hecho temiendo que en sus propios países
la oposición salga a la calle al calor de la protesta globalizada que
se transmite por los medios de comunicación y la web.
Cabe señalar
que su penetración, al igual que la de las redes sociales, en promedio
es mayor en América Latina que en China y el mundo árabe como porcentaje
sobre el total de la población.
Fidel Castro
ha sido un aliado histórico del dictador libio desde que este llegara
al poder a fines de los años sesenta. En Cuba, el régimen detuvo el
miércoles 23 a 46 opositores que manifestaron al cumplirse un año
de la muerte de un disidente en huelga de hambre (Zapata).
Chávez se
ha constituido en un aliado más reciente, pero es quien está asumiendo
la posición más audaz en su defensa. El canciller venezolano ha actuado
como vocero del régimen libio y Venezuela sería el país que podría
exiliar a Khadafy en caso que no cumpla su promesa de permanecer en
el país hasta las últimas consecuencias. Todavía en la tarde del
jueves 24 Telesur, el canal oficialista venezolano, informaba que reinaba
la calma en Trípoli y que el gobierno dominaba el país, cuando se
estaba combatiendo a 50 kilómetros de la Capital. Zuloaga, titular
de Globovisión (el canal opositor más destacado), dijo hace diez días
que en su país podía suceder lo mismo que en Egipto y la huelga de
hambre que realizan 80 estudiantes se está potenciando en el campo
internacional.
En Nicaragua
Ortega ha reprimido en los últimos días manifestaciones opositoras
recientes que cuestionan su derecho constitucional a presentarse para
un tercer mandato.
Mientras hasta
la Liga Árabe y la Unión Africana han restado el apoyo al Khadafy
-quien ejercía la Presidencia rotativa de la primera y fue uno de los
grandes impulsores de la primera-, la Unión de Naciones Suramericanas
(UNASUR) mantiene un llamativo silencio.
Este puede
explicarse por la política exterior de Brasil, que como potencia del
Grupo BRIC puede estar adoptando una actitud semejante a la de Rusia
y China, que temen el efecto imitación de la rebelión libia. Pero
también es cierto que Venezuela ha adoptado la posición de respaldo
ya mencionado y otros países, como Argentina, tras mantener durante
dos semanas un llamativo silencio sobre los acontecimientos de Libia,
ha evitado condenar al régimen de Khadafy.
Pero en las
últimas horas Perú rompió relaciones con Libia y Uruguay
tuvo una enfática condena a la represión de Khadafy.
En el caso
argentino, la relación con él ha sido especial durante las
últimas décadas. En los primeros años de la década del setenta,
a través de López Rega, Perón en su tercera presidencia establece
una estrecha alianza con el líder libio. No sólo hay acuerdos energéticos
y de exportación de bienes, sino que hasta los cursantes del curso
de Coroneles del Ejército realizan un viaje final a este país. Este
tipo de relación se desarrollaba entonces con otros dos dictadores
el mundo comunista que mantenían cierta independencia, los de Corea
del Norte y Rumania.
Avanzando en
el tiempo, a mediados del los ochenta EEUU consideraba a Khadafy como
el actor internacional más peligroso por su apoyo al terrorismo y por
eso intenta darle muerte con un ataque de la Fuerza Aérea contra uno
de sus palacio, del que sale ileso aunque no varios de sus familiares.
Entonces Carlos Menem fue el político argentino que más enfáticamente
se solidarizó con él. Cuatro años después, ya desde la Presidencia,
Argentina es el único país latinoamericano que envía fuerzas contra
Saddam Hussein en la primera guerra del Golfo.
Durante el
kirchnerismo, Libia ha sido un país con el cual la Argentina ha tenido
buenas relaciones. Fue una de las naciones visitadas por Cristina Kirchner
cuando viaja al Norte de África en 2008.
En este marco,
la actitud asumida por el gobierno argentino frente a la rebelión libia,
evitando la condena a Khadafy por la represión, se puede explicar tanto
por la asumida por varios países de América del Sur, como también
por las particulares relaciones establecidas entre el peronismo -en
sus diversas etapas- y el dictador libio.
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