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Feb-02-11 - por Rosendo Fraga
La primera
visita que realiza la nueva Presidenta del Brasil a la Argentina muestra
más continuidades que rupturas respecto a la relación bilateral
que existía durante la gestión de Lula, con quien Cristina Kirchner
convivió tres años en el poder y su esposo los cuatro y medio que
gobernó.
Pero siempre
se pueden marcar matices. Que ambas sean mujeres presidiendo las dos
economías mayores de América del Sur al mismo tiempo, puede ser un
hecho simbólico que no es menor. Que las dos se hayan entrevistado
juntas con las dos mujeres que simbolizan los derechos humanos no sólo
en la Argentina sino también en la región, es un estilo que no se
daba con Lula, al menos con esta intensidad.
También, al
mismo tiempo, antes las diferencias se diluían y ahora no tanto. Dilma
Rousseff destacó públicamente la necesidad respetar las reglas de
juego en la economía -algo que por lo general el gobierno argentino
interpreta como crítica- y su ministro de Defensa (Jobim) sostuvo que
las Fuerzas Armadas deben participar en la lucha contra el narcotráfico,
lo que no acepta el gobierno argentino.
Que la Presidente
de Brasil haya elegido Argentina para realizar su primera visita al
exterior, cuando la Administración Obama excluye al país de su gira
por la región, ha resultado sintomático. Aunque Brasil tiene como
prioridad externa consolidarse como actor global en el mismo nivel que
los otros tres BRIC (China, India y Rusia), ha mostrado que da prioridad
no sólo a la Argentina sino también a la región. Algo parecido sucedió
con el nuevo Presidente colombiano (Santos), cuyo primer viaje al exterior
fue Brasil.
El Presidente
de los EEUU visitará sólo Brasil y Chile en América del Sur.
El primero porque es el país de mayor dimensión y el único actor
global y el segundo porque es el modelo de economía, institucionalidad
y honestidad de América Latina. La consecuencia de esta circunstancia
hace que la política exterior argentina se sienta más cerca de Brasilia
que de Washington, a diferencia de lo que alguna vez sucediera en el
mismo gobierno de Cristina cuando se pretendió priorizar la relación
bilateral con los EEUU.
La relación
bilateral entre Argentina y Brasil con la visita de Dilma se potencia
y el año electoral que se ha iniciado no pareciera alterar esta situación.
Es que la relación entre los dos países es hoy avalada por todo el
arco político argentino, ya sea del oficialismo como de la oposición,
y Lula es elogiado por los políticos de centro, izquierda y derecha.
El año electoral en consecuencia no alterará posibles avances en el
vínculo bilateral, como tampoco lo haría si alguna expresión de la
oposición gobernara Argentina entre 2011 y 2015.
Es posible
que el Mercosur, que perdió prioridad durante la gestión de Lula
por la dinámica de la política exterior brasileña -no por una decisión-,
con Dilma tenga algo más de atención. Cabe recordar que por primera
vez un brasileño es el Representante Permanente del grupo ante el mundo
(Pinheiro Guimaraes) y ello quizás facilite a Brasil darle mayor prioridad.
En cuanto a
Unasur -hasta ahora una entidad más política que económica, a diferencia
del anterior-, seguramente no tendrá muchos cambios. El desafío inmediato
es designar al Representante Permanente, cargo vacante desde el fallecimiento
de Néstor Kirchner.
En cuanto a
los proceso de integración regional, Argentina hoy no tiene influencia
o masa crítica para liderarlos o para plantear alternativas a Brasil.
Pero puede tener capacidad de perturbación, como viene sucediendo con
la oposición a que Brasil sea miembro permanente del Consejo de Seguridad
de la UN si finalmente este se reforma. Un eje sólido Brasilia-Buenos
Aires sigue siendo la mejor ancla para la estabilidad regional, como
el de Berlín-París lo sigue siendo para la zona euro y la Europa continental.
Para que ello se desarrolle armónicamente es necesario que Argentina
asuma que hoy es un país mediano en el contexto mundial -como el caso
de Turquía en Asia, Sudáfrica en África, Australia en Oceanía o
Canadá en las Américas- y no grande, como lo fue en otro momento.
Pero en realidad todavía es un tema de discusión no explicitada en
la dirigencia argentina.
Brasil ha sido
el mayor inversor extranjero en la Argentina en la primera década del
siglo XXI, como España lo fue en la última del XX. Pero esto no implica
que haya un riesgo de hegemonía económica brasileña en el país.
Aunque se nota mucho menos, el segundo inversor ha sido México y las
inversiones asiáticas comienzan a llegar al igual que de otros países
latinoamericanos, como es el caso de Perú. Lo que está claro es que
Argentina ha dejado de ser un destino de inversión para los países
del mundo desarrollado para pasar a serlo del llamado mundo emergente,
en el cual Brasil tiene un rol importante pero no único ni exclusivo
en las relaciones económicas regionales.
De los 14 tratados
bilaterales firmados con motivo de la visita de Dilma Rousseff, pienso
que el nuclear es el que tiene mayor importancia estratégica. Que los
dos países acuerden fabricar dos reactor nucleares multipropósito
para uso pacifico, uno destinado a cada uno de ellos, es un paso muy
importante. Para la Argentina se trata de un área donde mantiene ciertas
ventajas científicas respecto a Brasil. Los acuerdos en materia de
energía e infraestructura son importantes, pero quizás muestren una
política brasileña claramente dirigida a ser un país exportador de
energía y una argentina más encaminada a satisfacer su abastecimiento
interno.
En cuanto a
los temas comerciales, son más importantes para Argentina, por
el déficit que tiene con Brasil y por la posibilidad de que este se
agrave en el caso de que el gobierno de Dilma devalúe. Como gesto,
a las restricciones a las importaciones impuestas por Argentina en enero
fueron excluidas las de Brasil. La Presidente brasileña se mostró
proclive a facilitar el acceso de las mercaderías argentinas pero,
con el realismo que caracteriza siempre la política exterior brasileña,
fue muy clara al decir que nadie podía comprometerse a no devaluar.
En conclusión,
un liderazgo benevolente en América Latina y un rol de potencia
mundial seguirán siendo las prioridades básicas de la política exterior
brasileña y la Argentina, asumiéndose como un país mediano con peso
en la región, tiene un rol en ello.
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