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Nicaragua: Patriotismo y guerra mediática PDF Imprimir E-Mail

Nov-17-10 - por Guillermo Rothschuh *

La cobertura mediática sobre las pretensiones costarricenses en el Río San Juan ha despertado un enorme interés de parte de los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales, que expresan distintas maneras de entender y explicar un litigio que pone a prueba la ecuanimidad, objetividad y la credibilidad, sobre un tema que si no son cuidadosos en su abordaje podrían incurrir en posiciones chovinistas y hasta xenofóbicas. Estos son los extremos a los que ha llegado la mayoría de los medios costarricenses, dando muestras de un nacionalismo exacerbado, cuyas costas más altas se expresan en las redes sociales. Sus canales de televisión y los medios impresos, en vez de modular voces, han emprendido una cacería en contra de los nicaragüenses, que ante las adversidades económicas que enfrentan en el país, se marchan a trabajar en Costa Rica.

Desde hace treinta años ningún tema había generado el consenso que existe en la sociedad nicaragüense, como el reciente conflicto entre Costa Rica y Nicaragua por la ubicación de los mojones en el Río San Juan.  Los medios radiales, impresos y televisivos, han concentrado sus agendas en informar y dar cabida a las diferentes opiniones vertidas por los nicaragüenses. Aún cuando existe unanimidad en torno a la legitimidad de Nicaragua de defenderse frente el reclamo del gobierno de la presidenta Laura Chinchilla, una buena parte de los nicaragüenses, piensa que esta situación no constituye un obstáculo para demandar al gobierno el respeto por la institucionalidad. Expertos en seguridad y defensa, sostienen que la soberanía nacional no está en riesgo. Una tesis similar es compartida por algunos miembros de la Conferencia Episcopal.

El reclamo del Vicepresidente de Nicaragua, Jaime Morales Carazo a Patricia Janiot, conductora de Panorama Mundial que trasmite CNN, debido a la forma abrupta en que dio por concluida la entrevista que le estaba brindando, es legítimo. Después de tenerlo esperando durante casi media hora para conocer su versión, se esperaba una mínima deferencia de su parte. Incluso las imágenes de recurso que utilizó CNN mientras trasmitía la entrevista de Morales Carazo no fueron las más adecuadas. Insistía una y otra vez en mostrar el lugar donde supuestamente estuvieron acampadas las tropas nicaragüenses en territorio tico. El despliegue de tropas costarricenses  vestidos en trajes de fatiga en la zona fronteriza, portando armas de guerra, difundida a través de los Canales 6 y 7 de Costa Rica, fue uno de los aspectos sobre los que insistió Morales Carazo, para demostrar que eran tropas de guerra.

En Nicaragua la forma que El Nuevo Diario ha dado cobertura a todos los aspectos relacionados con el Río San Juan, incluyendo versiones de la prensa costarricense, fue decodificado de manera inmediata por algunos periodistas, como muestra de parcialidad y sometimiento del periódico a los intereses costarricenses. Se trata a todas luces de una lectura equivocada. Estoy convencido que las publicaciones realizadas no han sido con el ánimo de favorecer a Costa Rica. Sin lugar a dudas, en momentos como los actuales, cuando los mismos medios de comunicación han creado un estado de opinión efervescente, tienen que ser muy cuidadosos con lo que dicen o publican. Dar cabida a distintas versiones no supone estar a favor o en contra de una posición, simplemente es una manera de practicar periodismo. La contrastación de fuentes es una regla elemental de la buena práctica periodística. Otra cosa sería que El Nuevo Diario asumiera abiertamente las posiciones de Costa Rica.

Un nicaragüense puede estar a favor de las posiciones del gobierno del Presidente Daniel Ortega, como también es libre de expresar su desacuerdo en todo aquello que le parezca exagerado o no convenga a la institucionalidad del país. La línea divisoria entre periodismo, agitación, propaganda y contra-propaganda, casi queda desdibujada cuando un país asume la defensa de su integridad territorial. Igualmente tenue resultan las fronteras que separan al patriotismo del patrioterismo. Los medios deben ser cuidadosos. Su mayor celo debe estar orientado a informar con exactitud y veracidad a los nicaragüenses. En un caso como el que enfrentamos con Costa Rica, no basta tener la razón, debemos saber plantearla y defenderla.

Los asedios ticos datan desde 1821. En cada embestida tratan de subir un nuevo escalón, para arremeter de nuevo, cuando las condiciones resultan propicias para sus intereses. Un aporte sustancial al debate harían los medios si concentraran su interés en rodearse de un equipo de expertos, para que les brinden luces y contribuyan a afianzar su política informativa y editorial. Una de sus debilidades ha sido no aclarar a los lectores que las tropas del Ejército de Nicaragua jamás han estado en “Isla Calero”. Costa Rica ha expresado en diferentes momentos que se invadió su territorio a la altura de “Isla Calero”. Bastaba desplegar en sus páginas o canales televisivos un mapa para echar por tierra su falsedad.

Proponer que los medios expongan únicamente puntos de vista oficiales, no es sano ni recomendable. Aún tratándose de una guerra, los medios deben ir siempre más allá de las versiones interesadas de las diferentes fuerzas beligerantes. La mejor cualidad de la BBC de Londres, es que siendo un medio público, su único compromiso cuando ocurren confrontaciones bélicas en las que se ve involucrada Inglaterra, consiste en brindar todas las informaciones oficiales que le envíe el Ministerio del Exterior, quedando libre de acudir a otras fuentes informativas, para brindar una información veraz y más completa a sus escuchas y televidentes.

Pretender que los medios nacionales se atengan anda más a la versión gubernamental, sin abrirse a otras fuentes; proponer que los demás temas pendientes en la agenda nacional sean pospuestos bajo el argumento que debemos concentrar todas las energías del país al tema del Río San Juan, sobre todo sabiendo que no está en juego la soberanía nacional, como sostiene Roberto Cajina, sería olvidar que existen temas igualmente apremiantes: resolver la situación de los damnificados, evitar que la institucionalidad del país continúe deteriorándose, recoger la cosecha de postrera; recolectar el café, controlar la leptospirosis que ya afectó la Costa Caribe, la única región que hasta ahora quedaba a salvo de la epidemia; monitorear el comportamiento del Consejo Supremo electoral. En fin, evitar azuzar los ánimos con la intención de sacar el mayor provecho político. ¡En río revuelto ganancia de pecadores!

* Artículo publicado en el semanario Confidencial de Nicaragua

 
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