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Bolivia: Industrialización del gas: sólo en papeles (por no decir pañales) PDF Imprimir E-Mail

Nov-09-10 - por Gonzalo Jordán Lora*

Brasil pretende ser autosuficiente en materia de fertilizantes para la agroindustria, y para lograrlo, piensa construir una de las mayores plantas en el mundo, que procesará el gas natural que Bolivia exporta a ese país. El proyecto de la fábrica boliviana de amoniaco y urea queda, por tanto, sin mercado y sin futuro.
 
Brasil se ha propuesto autoabastecer su consumo de fertilizantes en un plazo de diez años. Para tal efecto, Petrobras ya asumió el reto de instalar cuatro grandes fábricas de fertilizantes, que ampliarán significativamente la producción interna de nitrogenados. Estos emprendimientos consolidarán el liderazgo brasilero en el mundo en cuanto a la producción de alimentos agroindustriales, pero también echarán por la borda uno de los proyectos "estrella" de YPFB, estipulado en su Plan de Inversiones 2009–2015: la construcción de una planta de amoniaco y urea en la provincia Carrasco (trópico de Cochabamba).
 
El mercado brasilero de fertilizantes
 
De acuerdo con datos de Petrobras, en 2009, la demanda brasilera de urea (fertilizante químico empleado en la producción de caña de azúcar, maíz, café, algodón y trigo) fue de aproximadamente 3,4 millones de toneladas. Ese mismo año, Brasil produjo 1,18 millones de toneladas de urea y tuvo que importar el resto (2,22 millones), es decir que su dependencia fue del 65 por ciento. En cuanto al amoniaco (insumo utilizado de igual manera en las industrias de fertilizantes, farmacéutica, textil, refrigeración, entre otras), la oferta brasilera en 2009 fue de 185 mil toneladas, para una demanda de 505 mil toneladas.
 
La urea y el amoniaco son producidos en fábricas de fertilizantes nitrogenados cuya materia prima es el gas natural, combustible utilizado para producir el 90 por ciento de urea en el mundo. Seguros de la ventaja comparativa boliviana en este rubro, y de la necesidad brasilera de estos fertilizantes, YPFB proyectó la inversión de mil millones de dólares para instalar un complejo petroquímico en la provincia Carrasco, con una capacidad estimada de 600 mil toneladas anuales de amoniaco y 720 mil toneladas de urea. Según proyecciones de YPFB, la agricultura boliviana consume alrededor de 25 mil toneladas de fertilizantes anualmente; por tanto, casi la totalidad de la producción de estas plantas estaba orientada (se podría decir que exclusivamente) hacia el mercado brasilero, por ser el único económicamente viable.
 
En efecto, el negocio de los fertilizantes es uno de los más competitivos en el mundo, donde los contratos se definen por centavos; de allí que solamente emprendimientos a gran escala y en lugares estratégicos tienen oportunidades de mantenerse a flote. En este ámbito, la cualidad mediterránea de Bolivia, los obstáculos topográficos y la falta de infraestructura colocaban al país en una posición desfavorable frente a sus competidores; no obstante, la necesidad del mercado brasilero de grandes cantidades de fertilizante y su cercanía abrían la oportunidad de industrializar el gas natural en territorio nacional, con las subsecuentes atracción de recursos y generación de empleos.
 
En este sentido, la intención manifiesta de Brasil de volverse autosuficiente en el consumo de fertilizantes entierra esta otrora buena oportunidad, que los diferentes gobiernos no supieron aprovechar por carecer de una cultura emprendedora, pero también por la incapacidad gubernamental de ponderar el beneficio integral del país por encima de intereses políticos sectoriales. (La elección del Chapare para la construcción del complejo petroquímico, zona conflictiva manejada irregularmente por los sindicatos cocaleros y alejada del mercado brasilero, en vez del municipio cruceño de Puerto Suárez, ubicado a orillas de un río navegable y al lado del mayor consumidor de fertilizantes del mundo, constituye un buen ejemplo de este manejo político de los negocios que los vuelve ineficientes y termina sepultándolos).
 
Industrialización del gas boliviano en suelo Brasilero
 
Según proyecciones de la directora de Gas y Energía de Petrobras, Maria das Graças Foster, cuando las cuatro nuevas unidades de fertilizantes entren en funcionamiento, a partir de 2015, Brasil pasará a producir 3.659 millones de toneladas de urea y 782 mil toneladas de amoniaco anualmente; producción que cubrirá casi la totalidad de la demanda proyectada para aquel año (4.076 millones de toneladas), convirtiéndose de esta manera en un país autosuficiente en cuanto a la producción de estos insumos.
 
La planta de fertilizantes que será instalada el próximo año en la prefectura de Três Lagoas (Estado de Mato Grosso do Sul), y cuya capacidad será similar a la de las dos mayores plantas en operación en el mundo, será abastecida por gas natural boliviano transportado por el gasoducto Gasbol. Três Lagoas tendrá una capacidad estimada de producción anual de 1,21 millones de toneladas de urea y 81 mil toneladas de amoniaco; volumen similar al fabricado en 2009 por toda la industria brasilera para atender las necesidades de la producción de caña de azúcar, maíz, café, algodón y trigo en la región Centro-sur de Brasil.
 
La inversión estimada para esta instalación, que por sí sola reducirá la dependencia externa brasilera de urea en 27 por ciento a partir de septiembre de 2014, asciende a 2,2 billones de dólares, y generará cerca de 7 mil empleos directos en la fase de construcción, y cerca de 500 cuando entre en operación, según datos de Petrobras. Las demás unidades serán construidas en Uberaba (Mina Gerais), Linares (Espíritu Santo) y Laranjeiras (Seiripe).
 
Ante la virtual inviabilidad de la planta de amoniaco y urea en la provincia Carrasco, el presidente Morales ha adelantado su intención de impedir la industrialización del gas boliviano en territorio brasilero. No obstante, actualmente no existe ninguna cláusula o compromiso que prohíba a Brasil industrializar el gas que nos compra. Además, como bien ha señalado la Directora de Gas y Energía de Petrobras, la instalación de estas plantas es posible porque Brasil cuenta con una infraestructura gasífera robusta, y con una oferta de gas natural asegurada no solamente por la importación de Bolivia, sino también gracias a su producción interna de gas natural y de GNL (gas en estado líquido), que cuenta con gran potencial gracias a las enormes reservas de petróleo y gas natural encontradas en la formación geológica submarina conocida como pre-sal.
 
Por todo esto y otros factores, actualmente Bolivia no se encuentra en condiciones de impedir que Brasil industrialice el gas en su territorio, ni mucho menos exigirle la compra de los fertilizantes que se producirían en el Chapare. Más bien, el Gobierno debería aprender de esta lección y evitar cometer los mismos errores con el litio; y no tomar decisiones en base a criterios políticos e intereses sectoriales, antes que técnicos y económicos, salvaguardando el beneficio del país en su conjunto.
 
El mundo de los fertilizantes
 
Pedro Brunhart, experimentado agricultor, comenta que los fertilizantes químicos son una suerte de drogas: unas más suaves, otras más fuertes. Cuando se utilizan fertilizantes procesados, como la urea o el amoníaco, la tierra al principio mejora significativamente su producción; sin embargo, con el tiempo, se debilita y exige mayores cantidades para mantener su desempeño, hasta que finalmente termina por agotarse. Esto es particularmente cierto en el altiplano, donde la capa de humus es muy delgada y no pude ser removida con frecuencia. "Cualquier campesino en Achocalla te va a decir eso, que cada vez hay que comprar más fertilizantes, pues la tierra no rinde como antes, ya que los microorganismos y los animalitos que la alimentan se están muriendo".
 
En pequeña escala y para la agricultura mediana, Brunhart sugiere rescatar los métodos tradicionales y los fertilizantes naturales, y emprender nuevas investigaciones en estos ámbitos. Por ejemplo, el abono de los animales siempre ha dado buenos resultados en el altiplano, al igual que el compost (mezcla de diferentes plantas que, una vez fermentada, sirve como un poderoso fertilizante) o la permacultura (asociación de plantas y otros organismos). El abono de las lombrices, que se alimentan de casi cualquier tipo de desechos orgánicos, método relativamente nuevo, es asimismo formidable, agrega Brunhart.
 
Si bien estas alternativas no sirven para cultivos agroindustriales, y en este sentido no podrían sustituir por ejemplo a la urea (uno de los fertilizantes químicos más suaves y de mejor aceptación en el mercado), de todas maneras son una muy buena opción para asegurar la sostenibilidad de la tierra y producir alimentos orgánicos, un mercado creciente en Europa y los Estados Unidos que podría promover el desarrollo del mundo rural boliviano.

*Artículo publicado en el semanario PULSO de Bolivia

 
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