Desde esa perspectiva, todo lo que viene de afuera sería considerado un ataque a lo originario. Si tuviéramos que definirlo en términos psicológicos habría que decir que se trata de una "ansiedad pre-moderna, que concibe sólo lo originario como verdadero", añade Loayza.
Bajo esa lupa, no es extraño, por ejemplo, que la estética "occidental", que se refleja en la moda o en los estereotipos de belleza, sea considerada como una amenaza y surjan voces, como la de algún senador masista, proclives a incluir la sensualidad de una modelo con poca ropa dentro de la categoría de obscenidad.
De manera coincidente y como parte de este clima "conservador", se ha cuestionado a un presentador de televisión, Sixto Nolasco, que reúne tres características muy claras: extranjero, gay asumido y migrante en una región adversa al Gobierno. A la luz del análisis de Loayza, podría decirse que Nolasco es un símbolo de lo exógeno y, por lo tanto, peligroso, más allá de que este personaje haya utilizado un lenguaje determinado –no adecuado– para referirse a las principales autoridades del país.
"Es que la lógica es controlar todo lo que tiene un origen externo. Por eso, se llegó incluso a hablar de que no debían transmitirse telenovelas hechas en otros países, porque no reflejan la realidad auténtica del país, como si todo lo de fuera contaminara lo originario", añade.
Según Loayza, lo ocurrido con Sixto Nolasco tiene un componente fundamental: "la xenofobia, ya que un extranjero no puede hablar de nosotros y mucho menos del Presidente. En ese caso en particular se puede ver la intolerancia a la que lleva la idealización de lo indígena". Asimismo, dice que no deja de llamar la atención que se ataque lo supuestamente obsceno, en una búsqueda de dignificar el papel de la mujer, mientras que no se hacen planteamientos sobre temas centrales de esa búsqueda, como sería tratar el tema de la prostitución.
Según el miembro del grupo Comuna Oscar Vega, hay que entender lo originario no como el principio del principio, sino como una necesidad y una urgencia de reconstituir orígenes, desde una perspectiva lingüística, de valores, etc. Antes de considerarlo como un rasgo pre-moderno, habría que plantearlo como post-moderno, no porque se haya superado la modernidad, sino porque se deja en suspenso la misma, asumiendo que hay otras temporalidades alrededor de ella.
Desde esa perspectiva, añade, lo originario debe ser visto como un tema de actualidad, del aquí y del ahora, como una necesidad de restituir no una, sino distintas formas de actitud identitaria.
La necesidad de la reconstitución identitaria no puede partir de un imaginario de Bolivia y de lo boliviano –entendido imaginario como el desconocimiento de lo que es en verdad el país–. Desde esa perspectiva, añade, se hace interesante observar el debate para definir cuál es la frontera entre lo que es de adentro y lo que es de afuera, la misma que no puede hacerse desde un debate fundamentalista.
"Mucha gente ha querido entender el debate sobre la descolonización como si fuera lo externo impuesto a lo interno, dando por hecho que ya existe un interno", dice Vega mientras sustenta que cuando se habla de tareas de descolonización en realidad se hace referencia a distintas formas de dominación y de poder que tanto el país como otros del mundo han vivido por siglos, no sólo en temas políticos, económicos sino también culturales.
Desde esa perspectiva, el discurso sobre el nacionalismo planteado desde 1952 se ha expresado de distintas maneras hasta ahora, pero siempre con el objetivo de resolver a partir de un imaginario de lo nacional un conflicto latente de desigualdad, discriminación de otras culturas que se fusionan con las diferentes naciones y pueblos.
"El mayor peligro es querer ver al colonialismo como un problema externo a Bolivia, cuando en realidad está inserto en cada uno de nosotros y lo podemos verificar a través de la discriminación entre el que sabe y el que no sabe, el que tiene y el que no tiene, etc.", señala.
Vega añade que las declaraciones que en los últimos días han salido sobre temas de sexualidad, cultura y ciertos hábitos de la sociedad boliviana expresan opiniones personales de ciudadanos, que en el momento cumplen funciones públicas; pero que de ninguna manera representan la visión global del Gobierno.
Sin embargo, las opiniones y la controversia que ellas generan en la sociedad ponen al descubierto la urgente necesidad de debatir sobre ese tipo de temas, además de las características y políticas que llevan adelante las instituciones y por ende sus autoridades, explica Vega.
"Es importante aclarar que las opiniones vienen de un senador no del Senado y son opiniones que tal vez vale la pena discutir, no por considerar que el mencionado senador tenga razón, sino por la polémica que los temas tocados provocan en la sociedad", dice a tiempo de observar que generalmente las decisiones se toman a nombre de alguien que no está presente, como en el caso del polémico artículo 15, en el que ni siquiera se sugirió la participación de los directamente involucrados, como son los adolescentes.