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Oct-14-10 - por Rosendo Fraga
La tecnología
de las comunicaciones es la clave de la hiperglobalización del mundo
que se da entre fines del siglo XX y comienzos del XXI.
Este factor
proyectó mundialmente dos catástrofes sufridas por Chile en los últimos
meses: el terremoto y el derrumbe que enterró en vida a 33 mineros.
En ambos casos,
la imagen de los presidentes chilenos salió fortalecida en el
país. A Bachelet le tocó enfrentar la primera tragedia en los
últimos días de su gestión. Pero más allá de errores iniciales,
ella dejó el poder con 84% de aprobación -la misma con la cual está
terminando Lula-, siendo la más alta de cualquier presidente chileno
desde que se realizan sondeos.
A su vez, Piñera
ha tenido una mejora sustancial en su imagen dentro de Chile por su
actuación y su presencia en el rescate de los mineros. Incluso este
hecho, y su fuerte exposición pública, transformó en figura política
nacional al hasta entonces desconocido ministro de Minería (Gerome).
Pero no sólo
en ambos casos salió fortalecida la imagen de dos presidentes que se
sucedieron y que pertenecen a fuerzas políticas opuestas, sino que
la imagen que proyectó Chile ante el mundo lo favoreció.
Se trata de
un país con capacidad para enfrentar desgracias y superarlas con rapidez.
Una sociedad que frente a la adversidad no se distrae en adjudicar culpas,
sino en concentrarse en los esfuerzos necesarios para resolver los problemas.
Hasta ahora
Chile había demostrado ante el mundo éxito económico e institucionalidad.
Para el PNUD es el país de América Latina con mayor desarrollo humano
(IDH), ocupando el puesto 44 en el mundo. Para las calificadoras de
riesgo es el país de la región con mayor confiabilidad financiera.
Para Transparency International es el país latinoamericano con mayor
transparencia.
A estos hechos
suma, ahora, el haber mostrado un carácter nacional puesto a prueba
con éxito en la adversidad y un fuerte sentido de unidad.
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