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Bolivia: Mar. Ni por izquierda ni por derecha PDF Imprimir E-Mail

Jul-27-10 - por Daniela Espinoza*

La recuperación de una costa soberana en el océano Pacífico depende de la voluntad real de Chile y no de la tendencia ideológica de sus gobiernos. Dicha voluntad sólo se motivará en función de los intereses políticos y económicos que persigue ese país. Agua y gas son las principales cartas de negociación.

“Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, la opinión de que Bolivia tiene derecho a exigir un puerto en compensación de su litoral. No hay tal cosa... En consecuencia, Chile no le debe nada, no está obligada a nada, mucho menos a la concesión (a Bolivia) de una zona de terreno y un puerto”, decía una nota-ultimátum de fecha 13 de agosto de 1900, enviada por el ministro plenipotenciario de Chile, Abraham Köning, al Canciller boliviano. La posición chilena sobre el tema poco ha variado a lo largo de más de un siglo, la voluntad para negociar la salida soberana de Bolivia al Pacífico parece todavía lejana de la agenda internacional del vecino país.

La expectativa boliviana de conseguir una salida soberana al océano Pacífico quedó nuevamente frustrada, luego que el presidente chileno, Sebastián Piñera, afirmara que el tema de la soberanía no figura en la agenda de negociaciones bilaterales y que más bien se deben buscar alternativas “creativas” que permitan a Bolivia acercarse a la costa.

En la historia reciente, ni los gobiernos de izquierda de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet ni el de derecha de Sebastián Piñera han atendido la demanda histórica de Bolivia. Es más, la línea que sobre el particular mantiene la diplomacia chilena no ha variado un ápice desde hace años.

Casi se podría sostener que no existe ninguna diferencia entre el ofrecimiento de un enclave sobre el Pacífico, cercano al Puerto de Patillos, que hiciera el ex presidente Lagos a sus homólogos Hugo Banzer y Jorge Quiroga, y el planteado recientemente por Piñera al presidente Evo Morales.

El problema para éste y los futuros gobiernos bolivianos es que ahora existe un mandato constitucional, que nos  obliga a negociar con Chile siempre y cuando se hable de soberanía.

El ex canciller, Javier Murillo, sostiene que para superar esta limitación sería necesario convocar a un nuevo referéndum que direccione la política de Estado en este tema.

Murillo considera que Chile tiene una política de Estado invariable y pocas intenciones de resolver el problema marítimo boliviano. Para el diplomático, el único camino es que el vecino país sienta la necesidad que tiene de Bolivia.

“Nuestras cartas de negociación deben ser agua y gas”, señala el ex Canciller, y advierte que sólo poniendo en juego estos elementos se puede conseguir que Chile esté dispuesto “a considerar otorgarnos una salida soberana”. “Chile sólo va a considerar otorgarnos una salida al mar cuando se dé cuenta de que el enclaustramiento geográfico de Bolivia tiene costos políticos y económicos para su país”.

Para Chile, el tema marítimo no es una cuestión ideológica. No es que los gobiernos de izquierda hayan sido más sensibles y estado más cercanos a resolver el problema boliviano. Incluso autoridades del Gobierno de Evo Morales admiten que la oportunidad en que Bolivia estuvo más cerca del mar fue durante las gestiones dictatoriales de Hugo Banzer y Augusto Pinochet, protagonistas del famoso abrazo de Charaña.

En entrevista con Pulso, el actual cónsul de Bolivia en Chile, Walker San Miguel, reconoce que el denominado abrazo de Charaña “fue sin duda el momento más cercano” en el pedregoso recorrido hacia la recuperación del mar.

San Miguel afirma que “todavía no ha llegado el momento clave para entablar una negociación que permita al país una salida ventajosa”. Pero, tampoco es correcto creer que “hemos fracasado en los intentos, ya que el tema requiere de mucha paciencia y mucho trabajo” y añade que las recientes declaraciones del presidente Piñera no deben desanimarnos en nuestra histórica lucha. “No debemos darnos por vencidos. No es el momento de renunciar a ninguna posibilidad. El momento de negociar seriamente va a llegar y debemos construirlo día a día a través de la diplomacia de los pueblos”, dice.

Asimismo, destaca el hecho de que –gracias a las acciones del Gobierno de Morales– se ha pasado en los últimos cuatro años de una especie de “guerra fría” en las relaciones bilaterales a otra de “lazos de confianza mutua”, la misma que ha permitido, además, la inauguración de la denominada Agenda de los 13 Puntos y el avance de otros temas importantes con propuestas factibles y útiles.

Para el ex canciller Murillo, creer que Chile entiende nuestro interés –como lo han venido sosteniendo diversas autoridades nacionales a través de los años– es desconocer la historia geopolítica, ya que el vecino país viene reduciendo paulatinamente las posibilidades de llegar a un acuerdo. “No le interesa el tema y Piñera no lo ha incluido en su agenda internacional”, explica. En criterio del ex Ministro de Relaciones Exteriores (1997-2001), hasta ahora no se ha ingresado en una negociación. “Son puros acercamientos que no tienen significación”.

Ni siquiera se puede hablar de haber recuperado la confianza mutua, dice, sobre todo considerando que “Chile no ha retirado el más de medio millón de minas en la frontera terrestre”.

Murillo observa, también, que la situación actual se complica aún más por el hecho de que la nueva Constitución Política del Estado incorpora la demanda histórica en el rango de mandato constitucional, por lo que alentar una solución sin soberanía implicaría ir en contra de la Carta Magna. “Si sólo se aspira a un mejoramiento del régimen de libre tránsito, debe quedar muy claro que esa no es la solución, la misma que quedará pendiente, y que se trata solamente de facilitar, dentro de la línea chilena, el acceso del comercio boliviano por los puertos del vecino país”, añade.

“Esta nueva posición requiere de un análisis profundo de nuestra Cancillería, así como del más alto nivel de la diplomacia. No se puede pensar en negociar libre tránsito o pensar en una solución portuaria, sino que hay que recuperar lo perdido: la costa soberana al Pacífico”, añade.

Tres factores indispensables

La ex autoridad sostiene que el problema no ha podido resolverse hasta el momento, porque nunca han coincidido en el mismo tiempo político internacional tres factores indispensables: la voluntad política real de Chile para resolver el problema; la voluntad viabilizadora del Perú en los términos de la consulta prevista en el Tratado de 1929; y un consenso mínimo en Bolivia sobre las dimensiones y características de la solución, que podría lograrse a través de una consulta nacional que permita direccionar las acciones políticas sobre el tema.

“Hoy estamos lejos de que eso ocurra”, asegura la ex autoridad mientras afirma que Chile no tiene la menor voluntad para resolver el tema, como lo ha ratificado el propio presidente Piñera al no incluir en su agenda política internacional la demanda boliviana.

Chile tiene, además, el pretexto de que sus límites marítimos con el Perú no están aún definidos, y en tanto ello no se resuelva, sería difícil considerar una eventual salida costera de Bolivia por el norte de Arica. Por su parte, para el Perú una solución por Arica sigue siendo un tema incómodo, apoyarlo implicaría renunciar, aunque de manera simbólica, a una definición histórica de recuperar dicho puerto.

En el caso de Bolivia, señala Murillo, falta un consenso nacional que fortalezca la posición negociadora de las autoridades. Hay corrientes que todavía propugnan la recuperación de los territorios usurpados –una tarea casi imposible– y hay otras que consideran factible persistir en los compromisos asumidos por Chile durante las negociaciones de 1950 y 1975 que establecían –por escrito– la transferencia a Bolivia de una franja soberana al norte de Arica.

La conformación de un Consejo Consultivo, establecida como obligación en la Ley 1444, y que en los últimos cinco años no se puso en funcionamiento, podría ser otro apoyo importante para las acciones y negociaciones que lleven adelante las autoridades bolivianas. “Prescindir de ello es quedar por debajo de un país con una institucionalidad muy fuerte como es Chile, cuyos funcionarios mantienen la misma política sobre el tema desde hace años”, añade.

El cónsul boliviano en Chile, Walker San Miguel, observa que la influencia social que se ha generado en los últimos años en ambos países y que se ve reflejada en una serie de encuestas de opinión que muestran el cambio de percepción de los chilenos sobre la demanda marítima boliviana constituye un factor de peso importante que puede permitirnos llegar al objetivo de manera más fluida, “el reto, sin embargo, es abrir las puertas”, añade.

Por otro lado, la autoridad cree que la demanda interpuesta por Perú ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya (Holanda), en la que reclama la soberanía de 35.000 kilómetros de área marítima fronteriza con Chile, es un tema que debe tener a los bolivianos “muy atentos”, ya que podría “traernos beneficios”.

Murillo considera que si bien como país no nos interesa hacia qué lado se resuelva la franja marítima territorial en disputa –en favor de Chile o de Perú–, sí nos interesa que el tema tenga una resolución, desde la perspectiva de lograr un enclave o una costa soberana al norte de Arica.

Toda una historia

Si bien en más de un siglo de intentos por salir del enclaustramiento al que nos vimos sometidos después de la Guerra del Pacífico muchos han sido los acercamientos y las fórmulas empleadas para conseguir recuperar una costa en el Pacífico, los datos históricos muestran apenas dos etapas de negociación real con Chile –1950 y 1975–, en las que el vecino país se comprometía –por escrito– a transferir a Bolivia una franja soberana al norte de Arica.

Lo demás ha sido una seguidilla de intentos sin resultado objetivo. Pero ¿qué fue lo que impidió a Bolivia la firma de un documento de tales características que pudo haber cambiado el rumbo de nuestra historia? Los datos muestran que la falta de una resolución clara sobre el puerto de Arica, y el conflicto que todavía mantenía Chile con el Perú, generó la desconfianza boliviana sobre la propuesta.

También, hay en la historia anécdotas que cuentan que el principal negociador boliviano de ese entonces –involucrado en una “sospechosa” relación amorosa con una dama de la alta alcurnia chuquisaqueña– fue víctima de un asesinato pasional durante una de sus visitas a Sucre, hecho que habría dejado sin efecto los importantes avances para la firma del Acuerdo.

El ex canciller Murillo explica que después de hacer una revisión histórica, se ha podido determinar que el hecho de que Chile se comprometiera en más de una oportunidad a resolver el tema marítimo boliviano con soberanía, se ha dado como una necesidad de dicho país para neutralizar a Bolivia ante el peligro de otros frentes, como el de Perú y Argentina. “Por tanto, el interés de resolver el problema boliviano en esos términos desaparecía en la medida en que se disipaban los temores de Chile y se iban resolviendo sus problemas”.

Así sucedió, añade, en 1975 cuando Chile accede a una negociación e incluso se compromete con Bolivia, por el temor de que Perú cumpliese su amenaza de recuperar Tacna y Arica al cumplirse, en 1979, el centenario de la Guerra del Pacífico.

Murillo insiste en que Chile sólo considerará el tema marítimo en función de sus propios intereses. En lo económico, el tema del agua y el gas, generarán más temprano que tarde un interés para negociar. En lo político, el enclaustramiento de Bolivia ya ha dado algunas señales del costo político que implica para su país, como se ha podido ver durante la elección de Miguel Insulza como Secretario de la OEA.

“Chile aspira a ser un país con un liderazgo político y presencia en América latina, particularmente en Sudamérica, y sus autoridades saben que el liderazgo es resultado del prestigio antes que del poder”, señala.

*Artículo publicado en el semanario PULSO de Bolivia

 
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