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Estado plurinacional, capitalismo y Pachamama PDF Imprimir E-Mail

Jul-13-10 - Pablo Javier Deheza*

Contra los discursos que afirman que Bolivia se encamina a un modelo comunista, la realidad muestra que las prácticas capitalistas gozan de muy buena salud. Sin embargo, conviven con otras formas de producción y distribución que deben ser reconocidas y potenciadas. Ese es el reto del Estado plurinacional.

Muchos han escrito y siguen escribiendo acerca de que el MAS nos está llevando hacia un régimen comunista; afirman que estamos viviendo un momento de desarticulación del Estado republicano y asimilan el presente como un estadio socialista previo a la implantación del comunismo estalinista en Bolivia. La realidad no parece respaldar tan fácilmente ese tipo de afirmaciones. Objetivamente, y hasta donde se ve, el Estado plurinacional es nomás un Estado capitalista, aunque los ideólogos del mismo repitan hasta el cansancio lo contrario.

Más allá de las etiquetas

Queriendo indagar más acerca del modelo de economía que plantea el Estado plurinacional es que Pulso entrevistó al investigador social Gustavo Pedraza, quien tiene puntos de vista esclarecedores acerca de este tema. Cómodamente sentado en su escritorio, laptop y una sonrisa amable de por medio, empieza sin demora a desarrollar conceptos. “Creo que es tiempo de ir más allá de las etiquetas clásicas en cuanto a modelos económicos y políticos. Creer o afirmar que estamos yendo hacia un modelo comunista simplemente no es serio”.

Para dejar esto aún más claro, Pedraza se remite a la realidad. “Para estos fines resulta ilustrativo ver la economía de los países en nuestra región, especialmente las de aquellos que tienen gobiernos de izquierda. En sus diversos matices, con excepción de Venezuela, ningún país está implementando un modelo de economía distinto al capitalismo. Basta analizar el caso de Uruguay, gobernado hoy por un ex guerrillero tupamaro, que en sus primeros 100 días de gobierno ha ratificado el modelo económico heredado y ha reforzado su alianza con los empresarios privados. Estas acciones han hecho prever para Uruguay, de acuerdo con los organismos regionales, uno de los más altos crecimientos económicos en la gestión 2010. O también hay que ver los casos de Brasil y Chile. Estos dos países, que han logrado grandes avances en la eliminación de la pobreza, no lo han hecho precisamente con ninguna de las etiquetas citadas sino combinando experiencias y modelos”.

Combinar experiencias y modelos, esa es una idea a la que volveremos más adelante. Gustavo continúa indicando que “en nuestro caso no se encuentran evidencias concretas que nos hagan concluir que Bolivia está avanzando hacia una economía distinta que a una de economía mixta, en la cual el Estado tiene un protagonismo importante. Con excepción de la propiedad de los recursos naturales no renovables, la estructura productiva en manos de la empresa privada está casi intacta. Es decir, el modelo capitalista de economía sigue vigente y goza de buena salud, lo cual no quiere decir que esto esté mal”.

Capitalismo, comunismo y Pachamama

Antes de continuar, bien vale la pena detenernos para aclarar algunas cosas. En el discurso del Gobierno, se plantea la sustitución del capitalismo por un modelo socialista –muchas veces se mencionó también un modelo comunista–, en el entendido de que el capitalismo es la suma máxima de depredación, contaminación y vejámenes a la Pachamama. Se ha querido presentar la idea de que el comunismo es todo lo contrario. Pues bien, la diferencia formal entre capitalismo y comunismo en términos de producción no está en el ciclo productivo en sí ni en la naturaleza misma de la producción; en el comunismo también existe la línea de producción. La diferencia está estrictamente en la propiedad de los medios de producción. La diferencia está en quién se apropia de los excedentes, si la comunidad como tal y propietaria de los medios o el individuo propietario de los mismos. En el fondo, capitalismo y comunismo hacen exactamente lo mismo: producen; y al hacerlo son tan depredadores los unos como los otros.

Pedraza remata el concepto indicando que “Por lo menos hasta nuestros días, la evidencia histórica muestra que el medio ambiente ha sido igualmente impactado por todos los modelos económicos que han existido, más allá de sus éxitos o fracasos. Como ejemplo China, que se autoafirma como una economía socialista, pero que es uno de los países con mayor grado de contaminación; al igual que los Estados Unidos, Alemania o como lo fue la ex URSS en sus tiempos”.

Izquierda y modelos económicos

Así las cosas, habría que ver entonces de qué se trata el modelo económico planteado para el Estado plurinacional, si es que no se quiere que éste se asuma capitalista. Lo que se ve al respecto es que en el ámbito internacional, más allá del MAS en nuestro país, no ha sido capaz de generar un modelo económico alternativo al capitalismo. El capitalismo, con sus luces y sombras, con sus muchas interrogantes y contradicciones, sigue siendo el principal paradigma económico existente. Gustavo señala que “el modelo de economía capitalista no ha logrado resolver la pobreza y la desigualdad que sufre la mayoría de la población mundial. Ha tenido crisis cíclicas cada vez más agudas desde mediados del siglo pasado.

Esta situación legitima la demanda social de cambiar el modelo capitalista o reemplazarlo con otro modelo. Pero el problema es cuál será ese modelo alternativo. ¿Es posible un modelo socialista? ¿Se deberá prescindir de los valores del capitalismo? ¿Qué papel desempeñará la empresa privada en ese modelo alternativo? Creo que estas interrogantes aún no han sido respondidas hasta el momento. Por lo menos, así lo muestra la realidad”.

Evidentemente las cosas no son tan fáciles a la hora de plantearse nuevos rumbos, mucho menos con todo un país de por medio. Pedraza sintetiza acerca del pensamiento de la izquierda sobre la producción indicando que ésta “siempre tuvo más fuerza en su propuesta política que su propuesta económica. Después del fracaso del modelo socialista de la ex URSS, el músculo económico de la izquierda se atrofió considerablemente”.

Bolivia desde la realidad y el pluralismo

Si la economía es un hecho también cultural, como lo es la formulación de un Estado plurinacional, debería entonces el mismo ser por definición una interrelación de varios modelos de producción. El pluralismo económico suena a cosa coherente en un país tan oficialmente diverso. Gustavo indica estar convencido de que “Bolivia debe buscar su propio rumbo en la economía. Debemos construir un modelo que sea innovador y que vaya más allá de las etiquetas clásicas. Debemos combinar y adaptar a nuestro contexto las experiencias más exitosas que se han dado en el mundo en alivio de pobreza y distribución de riqueza sobre la base de nuestra economía comunitaria andina y la agropecuaria de oriente”.

Gustavo continúa y puntualiza que “si no se cambia la economía, no se estará cambiando lo esencial de toda sociedad. Sabemos que en la teoría marxista-leninista la política es sólo la expresión concentrada de la economía. Por lo tanto, para que los cambios sean reales en la vida de la gente, estos cambios deben llegar a la microeconomía, a las economías de los hogares más pobres y menos pobres. No basta la Asamblea Constituyente, las nuevas leyes o nuevas formas de administración estatal, esos cambios son eminentemente instrumentales; son sólo un cambio en las herramientas que deben usarse para cambiar la economía; para tomar oportunidades y crear riqueza, pero fundamentalmente para distribuirla equitativamente. Creo que en lo macro se ha manejado bien la economía, pero vemos que el Estado plurinacional tiene dificultades en aterrizar los cambios económicos y en el uso de la tecnología de la gestión pública”.

Ciudadanía y capitalismo en Bolivia

Muy cierto es que ni la felicidad ni la prosperidad se dan por decreto. Tampoco se da por decreto el cambio de paradigmas culturales y la economía sigue siendo, además, un hecho cultural. En ese sentido, ¿qué tan real puede ser plantearle a un país como el nuestro un modelo socialista? Hasta donde se ve, varios de los problemas con los que ha venido tropezando el Gobierno tienen su origen en lógicas de mercado, por demás capitalistas, practicadas y asumidas por la población. Tal el caso de Uncía, donde el fondo del asunto estuvo en modos de vida sustentados por el contrabando, o en Caranavi, donde el quid fue la propiedad una planta de cítricos. Habría que ver cómo reaccionaría la gente en el Chapare o en San Julián si el Gobierno pretendiese cambiarles un modelo, en el que viven y se desarrollan, que es eminentemente capitalista.

Gustavo puntualiza algunas observaciones al respecto señalando que “el campesino de San Julián, aunque tenga propiedad mancomunada de la tierra, tiene una producción individualizada. Utiliza sus propias máquinas o las arrienda para producir soya o arroz que vende en el mercado para obtener beneficios individuales. Similar comportamiento se da en el Chapare o en El Alto, aunque con actividades productivas distintas. Los patrones son los mismos, los rasgos del capitalismo están presentes igual. Sin embargo, distinto también es el modelo de la economía comunitaria andina, que subsiste con los patrones culturales del colectivismo y que interactúa con el mercado como tal”.

Economía indígena

La economía y los modelos productivos propuestos dentro del Estado plurinacional para con el mundo indígena son temas que no están claros ni resueltos. No existe una propuesta de gestión económica visible y coherente para con los indígenas de tierras altas y de tierras bajas. A grandes rasgos, lo que se ve es que para con los indígenas de tierras altas, la idea es dejarlos con una economía de subsistencia basada en saberes, procederes y tecnologías ancestrales. Para con las actuales comunidades interculturales, ex colonos y ex indígenas campesinos, la idea parece ser dotarlos de tierra y que se las arreglen con eso. Respecto a los indígenas de tierras bajas no hay políticas claras respecto a la gestión de los recursos ni a cómo han de gestionarse las tierras comunitarias de origen (TCO) ni las autonomías indígenas, más allá de apoyos eventuales de la comunidad internacional y del Estado boliviano. Más aún, en el caso de los indígenas de tierras bajas, si bien a éstos les fueron entregadas y tituladas alrededor de doce millones de hectáreas, esa titulación no significa per se la generación de condiciones de bienestar.

Lo anterior debería estar acompañado por políticas públicas para la gestión territorial indígena que favorezcan los usos racionales de esas tierras y de los recursos ahí existentes, además de generar condiciones y políticas de apoyo para que puedan asociarse con terceros privados; pero nada de eso se está dando. En resumidas cuentas, cada quien debe resolver por su lado sus políticas de subsistencia dado que el Estado plurinacional carece de propuestas al respecto. Este es un vacío que debe ser trabajado y subsanado por el bien del Estado y del de todos los bolivianos, porque en medio ya hay cosas sucediendo al respecto en ese contexto. La realidad no es una dama muy paciente que se diga.

Economía no indígena

En las urbes grandes, medianas y pequeñas, en las zonas productivas, en las fronteras, lo que está presente son modos de vida asentados en el capitalismo. La gente resuelve su día a día según lógicas capitalistas. Es evidente que en esos escenarios los empresarios privados desempeñan un papel muy importante. Para Gustavo, “el Estado plurinacional tiene un gran desafío que es construir una alianza duradera con los empresarios privados para que desempeñen un papel más protagónico en el alivio de la pobreza, para que sean capaces de innovar en sus modelos de negocios, para que se adapten al contexto político de cambio, para que sean más inclusivos. Sus fortalezas no sólo deben ser para adaptarse a escenarios financieros cambiantes, sino también a nuevos contextos políticos”.

Lo que se colige, entonces, es que vivimos un modelo capitalista; que no hay una propuesta alternativa seria para reemplazar al capitalismo como modelo productivo ni siquiera entre la izquierda en el ámbito mundial; que a falta de un modelo productivo claro dentro del Estado plurinacional, la ciudadanía boliviana está obrando bajo lógicas no sólo capitalistas sino tan liberales que en muchos casos exceden el clásico laissez faire; que a una diversidad cultural tan celebrada y evidente debería también corresponderle diversidad de modelos productivos interactuando de forma coherente. Pero el capitalismo en el Estado plurinacional tiene otro componente y es que la actividad productiva debe contar con la aquiescencia del poder dominante. Y bueno, cosas acerca de cómo se entiende el manejo del poder dentro del Estado plurinacional…

Santa Cruz al azar

Con todo lo anterior en cuenta, Santa Cruz merece también su particular análisis. Las ausencias de políticas económicas y productivas se dan también en el ámbito de la gobernación departamental y de la municipalidad capitalina. Gustavo Pedraza, también miembro del Consejo Editorial de este Semanario, comenta sobre esto que “la economía cruceña, en cifras, es muy saludable. Ha crecido y es muy dinámica, pero la pobreza y desigualdad no se está resolviendo al mismo ritmo. Esto evidencia la necesidad de ajustar factores, especialmente los que hacen a la distribución de riqueza”.

Pedraza afirma que “la ciudad capital ha recibido a los pobres rurales cruceños y pobres andinos; y las actividades que realizan para subsistir estos nuevos pobres urbanos están asfixiando a la ciudad. Síntomas de ello son el comercio informal, el desempleo y la inseguridad ciudadana. La economía urbana cruceña está huérfana de gestión. El Gobierno de la ciudad no ha llenado el gran vacío que hay en la gestión de la economía urbana que funciona por sí sola, desordenada y a veces caótica. Y si así funciona una economía urbana, es lógico que la sociedad urbana esté fracturada y que la delincuencia no tenga control. El modelo productivo cruceño, además, tiene que ser mejorado haciéndolo económicamente más inclusivo y ambientalmente más sostenible. Estas dos tareas son esenciales para que la riqueza sea mejor distribuida y para que la actividad agropecuaria sea más amigable con el medio ambiente”.

Gustavo concluye afirmando que “la pobreza y la desigualdad no son un estado natural, son productos artificiales consecuencia de la acción humana y por lo tanto es posible resolverlas. La responsabilidad mayor está en manos de quienes hoy detentan el poder, y que nunca antes lo tuvieron, de no perderse o agotarse en el proceso. Sino de producir resultados efectivos, en tomar las decisiones y ejecutar las gestiones correctas para que la economía que construyamos no sólo produzca riqueza, sino que la distribuya bien y genere bienestar, que es el fin mayor de la política”.

*Artículo publicado en el semanario PULSO de Bolivia

 
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