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Mercantilismo populista en Hispanoamérica PDF Imprimir E-Mail

Jun-18-10 - por Manuel Alvarado Ledesma*

Hispanoamérica sigue atada a los viejos preceptos del mercantilismo. Y si bien, no todos los países de la región están guiados por esta escuela de la economía, la realidad es que buena parte de la dirigencia sigue inclinándose por sus anacrónicas ideas.  

Los supuestos mercantilistas asumían que, en el mundo, la riqueza era fija y que la balanza comercial constituía un punto central. Por lo tanto, incentivar las exportaciones y desalentar las importaciones era un asunto de vital importancia. Comprendían al comercio exterior como la llave para acceder al poder, por lo que proponían desalentar las importaciones. La intervención estatal era imprescindible para llevar adelante cualquier proceso de sustitución de importaciones.  Y la riqueza era un medio para mantener o incrementar el poder pero, a su vez, el poder era lo que garantizaba la adquisición o retención de la riqueza.

Los mercantilistas centraron su análisis en la protección al productor nacional, para garantizar tanto los aprovisionamientos indispensables como el empleo. Y al hacerlo, dejaron de lado el centro de la cuestión, es decir la satisfacción de las necesidades del consumidor. No alcanzaron a advertir que el poder de compra radica en la propia producción.

Desde mediados del siglo XVI y hasta fines del XVIII, el mercantilismo dominó la escena política de España y sus colonias.

Pero hubo un período diferente. Una nueva corriente de pensamiento nació a fines del siglo XVIII. Eran los años en reina Carlos III. En este nuevo campo intelectual, se destacó Melchor Gaspar de Jovellanos, a quien puede calificarse como el mejor economista de su tiempo. En su "Informe sobre la Ley Agraria" planteó la abolición de aduanas interiores y de la tasa de los cereales. Su idea básica era que el libre juego de la libertad produce la competencia, y ésta la riqueza. Sus ideas se inspiraron en Smith después de descubrir su famosa obra "La riqueza de las naciones".

Este es el período donde se desarrolla el pensamiento de los próceres independistas. En este cuadro, surgen las figuras que habrán de despertar el deseo de libertad en las comunidades virreinales.

En 1788, el absolutismo centralizador cayó como un rayo sobre el reino. Así terminó la historia del reformismo ilustrado, pues el estallido casi inmediato de la Revolución Francesa provocó una reacción de terror que dio origen al periodo del nuevo rey, Carlos IV (1788- 1808). Las posibilidades, entonces, para continuar el reformismo sereno iniciado por sus antecesores quedaron quebradas.  Y durante el  reinado de su sucesor, Fernando VII  (1814- 1833, imperó el absolutismo. Fueron años de represión y por ello mismo, se consumó, prácticamente, la desaparición del imperio español; la mayor parte de las colonias se independizaron. La emancipación de las colonias se produjo en tiempos donde el mercantilismo volvía a ser fuente del pensamiento oficial y de la acción.

Sin embargo, la ilustración dejó  sus huellas. El movimiento de la ilustración en estableció los cimientos para los cambios que sobrevendrían con los procesos de emancipación política.  Era la fuerza intelectual contraria a los intereses feudales de la política española para cubrir las necesidades económico-comerciales del reino.  

En tal ambiente, surgieron mentes privilegiadas, hombres de pensamiento y acción, nutridos de ideas de libertad. Abocados al análisis, desarrollo y difusión de las ideas de la Ilustración, pasaron a ser padres de la independencia de las colonias, como es el caso del aguerrido venezolano Francisco de Miranda o del diligente colombiano  Antonio Nariño, traductor de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, proclamada por la Revolución Francesa. El pensamiento ilustrado en Hispanoamérica, a diferencia de otras partes, se caracterizó por combinar la fe religiosa y el racionalismo. 

Entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, efectuaron el primer quiebre con el pasado en camino hacia la libertad. Entre ellos se destaca el rioplatense Manuel Belgrano quien se inició en los principios de la ciencia económica en Salamanca y Valladolid, bajo la influencia del Conde de Campomanes, de Gaspar de Jovellanos y de Pablo de Olavide. Los profesores de Salamanca, defensores de la propiedad privada, el precio de mercado, y la libertad de iniciativa, mantenían posturas insertas en el espíritu de libertad económica. Allí, Belgrano tuvo oportunidad de analizar las obras de pensadores extranjeros como John Locke o Francisco Quesnay. En 1794, tradujo del francés el trabajo de Quesnay "Máximas generales del gobierno económico de un reino agrícultor" que es la fuente de influencia fisiocrática más clara que llega al Río de la Plata y que se propaga al subcontinente.  

Aunque resulte paradójico todavía hoy rigen muchos principios del mercantilismo.

En definitiva,  es una doctrina política que apunta al sostenimiento del Estado absoluto, a tal punto que podría llamarse capitalismo monopolístico de Estado y que, ciertamente, crece donde el populismo es moneda corriente. En tanto que el populismo, en su afán por lograr una mejora en la distribución del ingreso, subestima las amenazas de la inflación y del déficit fiscal, el mercantilismo abre las puertas para una desmedida intervención del Estado.

Hoy, cuando la mayor parte de las naciones de Hispanoamérica cumplen o se aprestan a cumple el bicentenario de su primer gobierno patrio, muchas están cada vez más insertas en el mercantilismo, sistema contra el que los libertadores iniciaron su gesta emancipadora. Resulta paradójico, pero es así.

En este cuadro mercantilista, la libertad económica, es la gran perdedora como lo revela el Índice de Libertad Económica (The Heritage Foundation - Wall Street Journal) que se establece a través de diferentes parámetros en el plano fiscal, económico-comercial e institucional.  Para medirla, se toman diez componentes: Libertad de Negocios - Libertad de Comercio - Libertad Fiscal - Gasto Público - Libertad Monetaria - Libertad de Invertir - Libertad Financiera - Derechos de propiedad - Nivel de Corrupción - Libertad Laboral. Y se asigna una nota a cada uno usando una escala de 0 a 100 (100 siendo el máximo grado de libertad). Finalmente, las notas de los diez componentes se promedian y, así, se llega a una calificación general de libertad económica en cada país.

En  Hispanoamérica, entre los países con mayor grado de libertad, se hallan Chile, El Salvador, Uruguay, México y Perú. El bloque de los más cerrados, y con menor grado de libertad, está liderado por Cuba y Venezuela. Le siguen Ecuador, Bolivia, Haití y Argentina, países que siguen aferrados a preceptos mercantilistas.

Dos siglos después, la estrategia sus gobiernos populistas tiene un cariz cada vez más mercantilista, donde se trata de limitar las importaciones como si ellas no determinaran el nivel de vida de la población.

* El autor es economista

 
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