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Especial Bicentenario: 6. Centenario vs. Bicentenario PDF Imprimir E-Mail

May-14-10 - por Rosendo Fraga

El Centenario encontró a la Argentina viviendo la euforia del éxito. No sólo era el primer PBI de América Latina, sino que además era el país con menor analfabetismo, superando en esto a varios países de Europa. Pero el Centenario generó también el debate sobre lo que era necesario cambiar. Por eso al año siguiente (1911) se sancionó la ley del voto universal, secreto y obligatorio, que era una asignatura pendiente. En cambio, el Bicentenario lo encuentra en una situación de decadencia. No solo el volumen de su economía ha caído, sino que también lo esta haciendo su nivel educativo. El problema del Bicentenario es que encuentra al país con menos voluntad de emprender la agenda de las asignaturas pendientes.  

En cuanto a logros y retrocesos de la Argentina en 200 años, los primeros cien muestran en promedio un balance positivo de avances. En cambio los segundos cien dejan un promedio insatisfactorio. En 1810, Argentina era aproximadamente el 2% de la economía de América Latina; un siglo después el 50% y ahora ha retrocedido al 8%. En 1910, el PBI de Brasil era la mitad del argentino y ahora es cuatro veces más. El logro más grande quizás esté en el capital humano, que sigue siendo el mejor de América Latina; del lado de los retrocesos, la caída de la calidad en la educación pública.  

El problema de la dirigencia argentina, y no sólo la política, es que muestra poca vocación por el cambio, como sí la demuestran los líderes de otros países de la región. Lo peor de la decadencia es cuando esta se tolera o acepta como inevitable o como el único escenario posible. La dirigencia argentina debe asumir que no hay maldiciones históricas y que es perfectamente posible para Argentina generarse un horizonte diferente, como en la primera década del siglo XXI hicieron Brasil, Colombia y Perú, entre otros países de la región.  

En lo ideológico, la Argentina es un país de centro, que de acuerdo a las circunstancias gira más hacia el centro-izquierda, como sucedió con Alfonsín a comienzos de los ochenta y con Kirchner al principio de la década que finaliza. En cambio, tanto con Menem como con De la Rúa se apoyaron políticas más bien de centro-derecha. Pero en las dos direcciones, desde los años cuarenta siempre ha predominado cierto populismo. Desde esta perspectiva, hay una cierta identidad entre Menem y Kirchner, aunque su ideología es diferente y su estilo también. El peronismo es la fuerza política que mejor explica esta ambigüedad ideológica del país.  

Como principales desafíos, la Argentina tiene por delante reconstruir la credibilidad institucional, dadas las constantes y reiteradas rupturas en las reglas de juego. En lo social debe reducir la desigualdad y para ello es fundamental elevar la calidad de la educación pública. Reinsertar el país en el mundo es otro punto central de la agenda pendiente. No resulta lógico, por ejemplo, que el riesgo y la inflación de Argentina sean mayores que los de Venezuela.  

En cuanto al actual oficialismo, su desafío más inmediato es mantener la gobernabilidad tras la derrota electoral y con una situación económica menos favorable. Para ello el kirchnerismo debe cambiar su estilo político, porque ahora se requiere compartir el poder y la pregunta es si se adaptará a ello, lo que no parece fácil.  

El problema de la oposición es que el cambio puede venir tanto por el peronismo disidente como por el no peronismo. Pero la gran cuestión es la gobernabilidad. Si ella, no hay reglas de juego ni resolución de la agenda pendiente, con temas como corrupción e inseguridad, además de los sociales, económicos e internacionales.  

La realidad es que hay muy poco interés por el festejo del Bicentenario, tanto dentro como fuera del Gobierno, en comparación con lo que está sucediendo en otros países como Chile y México, que también lo conmemoran este año. Incluso hay una tendencia a presentar el Bicentenario desde la crítica al Centenario y cuestionar la matriz europea de la Argentina para sustituirla por otra latinoamericana, en la cual los pueblos originarios cumplen un papel central. Pienso que este enfoque es un error, porque más allá de su veracidad histórica, genera la aceptación de la decadencia de hoy.

 
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