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El debate militar británico PDF Imprimir E-Mail

Ene-30-08 - por Rosendo Fraga 

A fines del año pasado y a pocos meses de haber asumido, el primer ministro británico tuvo que enfrentar un fuerte cuestionamiento a la política de defensa.  

Fue iniciada por Lord Charles Guthrie, General retirado quien fuera jefe del Estado Mayor Conjunto -la máxima autoridad militar- entre 1997 y 2001, en los primeros años del gobierno de Tony Blair.  

Encabezado por un grupo de altos jefes militares retirados, Guthrie calificó como negligente la política de Brown hacia las Fuerzas Armadas británicas.  

Se trata del militar preferido del ex primer ministro, que jugó un rol importante al asesorarlo en la participación en las guerras de Kosovo, Afganistán e incluso Irak.  

Iniciado como soldado y habiendo sido oficial de los comandos británicos, este General tiene buena llegada a los medios políticos y periodísticos e imagen positiva en la opinión pública, lo que contribuyó a causar un daño político a Brown en un momento en el cual los conservadores comienzan a crecer en los sondeos.   

Además de las críticas a la desatención presupuestaria -por las cuales Guthrie responsabilizó a Brown cuando era Secretario de Hacienda-, se suman las críticas a las tensiones que están sufriendo las tropas por la prolongación de los despliegues en Irak, donde los británicos comenzaron el repliegue disminuyendo de 4500 a 2500 sus hombres, y Afganistán, donde tienen casi 8000 hombres. 

Los despliegues en dichos teatros de operaciones se estarían realizando sin que las tropas desplegadas tengan el periodo de descanso adecuado y necesario y sin que entre una y otra misión de la instrucción se dé la actualización necesaria.  

La presentación realizada por este grupo de ex jefes de estado mayor ante la Cámara de los Lores -justo cuando Brown se encontraba fuera del país participando en su primera Cumbre de los países del Commonwealth- sostiene que cuando las vidas están en riesgo, las deficiencias en equipamiento y logística -que pueden ser tolerables en tiempos de paz- pueden volverse inaceptables. 

Sostiene que los muertos en combate, más que consecuencia del azar de la guerra, se dan cada vez más por la falta de apoyo concreto que están teniendo las tropas por parte del gobierno, incluyendo rubros como vivienda y asistencia médica.  

Desde el punto de vista presupuestario, el gobierno laborista argumentó que el gasto militar se ha venido incrementando, pero los críticos argumentan que el aumento ha estado muy por debajo de las nuevas necesidades creadas por los despliegues posteriores al 11 de septiembre de 2001.  

Pero la crítica más fuerte del grupo encabezado por Guthrie sostiene que las Fuerzas Armadas están quebradas y desmoralizadas

El argumento oficial es que muchos de los problemas que se señalan son consecuencia de enfrentar, al mismo tiempo, la necesidad de mantener la credibilidad en la capacidad de disuasión de la Armada y la Fuerza Aérea británicas -las últimas decisiones de largo plazo de Blair permiten al Reino Unido tener la tercera flota del mundo por lo menos hasta 2025-, y a la vez tener que enfrentar una demanda no prevista de empeñamiento de tropas terrestres.  

Los voceros de Brown argumentan que los actuales jefes de estado mayor en actividad no coinciden con las criticas planteadas por sus predecesores, y que algunas de las afirmaciones alentadas por los ex jefes provienen de los blogs en los cuales se expresan los oficiales, suboficiales y soldados en forma anónima.  

Pero el dato más difícil de rebatir es que en el segundo semestre de 2007 dejaron el Ejército 1300 oficiales jóvenes -el doble que el año anterior-, lo que evidencia una fuerte crisis y la imposibilidad de retener a quienes serán el futuro de la Fuerza.  

El presupuesto de defensa británica actual es de 33,4 millones de libras -una libra es hoy algo más de dos dólares-, proyectando un incremento gradual para llegar en 2010 a 33,9 millones. El costo de las guerras de Irak y Afganistán fue de 6,6 millones, lo cual obligó a erogaciones no previstas.  

El Ejército en su actual organización requiere 101.800 hombres y tiene 98.160. Para los críticos, el 42% de las Fuerzas Armadas sufren severas limitaciones para ser desplegadas en el exterior.  

Percibiendo el costo político de estas criticas y la oportunidad que ellas representan para la oposición conservadora, el Primer Ministro ha dicho que admira y apoya a las instituciones militares y que para él tienen alta prioridad.  

Es que para la opinión pública británica -aunque la mayoría ha estado en contra de la intervención en Irak- el mantener la aptitud de las Fuerzas Armadas es un deber primordial del gobierno y ello es lo que comprende Brown.

 
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