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Cambia el Gobierno, Chile no cambia PDF Imprimir E-Mail

Ene-19-10 - por Carlos Malamud (Infolatam)*

"...Donde más se notará el cambio de gobierno será en el vecindario, mucho más que en Chile. Los equilibrios regionales son inestables y actualmente América Latina debe hacer frente a una profunda fractura que repercute negativamente sobre la integración regional. Si bien Chile no estaba cercano al ALBA, su política exterior buscaba no confrontar con el eje bolivariano, como se vio en el caso de Honduras.

Con toda probabilidad las prioridades regionales de Piñera sean distintas a la de su antecesora, aunque esto no quiere decir que asuma abiertamente la confrontación con Hugo Chávez y sus socios, pero pondrá algunos puntos sobre las íes. Precisamente por eso, Álvaro Uribe se apresuró a felicitar al ganador".

El esultado de los comicios celebrados el pasado domingo confirmó lo que buena parte de los chilenos pensaba que iba a pasar, que la Concertación iba a ser derrotada en las elecciones presidenciales. De ese modo se abrían las puertas de la Moneda para un retorno de la derecha a la presidencia. El arreón final de la campaña de Frei no bastó para doblegar la amplia ventaja que había conquistado Piñera en la primera vuelta, aunque sirvió para maquillar un poco las cifras de la derrota. Después de todo ésta no fue tan abultada, aunque sí hubo claros vencedores y vencidos. 
 
Entre estos últimos la Concertación es la primera. Nadie sabe cuál será su futuro, ni en qué situación quedará la democracia cristiana. Hay quienes hablan, o esperan, un retorno a los tres tercios (derecha, centro e izquierda), de modo que cada cuál quede en su lugar. El problema es que hoy por hoy son muchos los que no saben dónde ubicar claramente a muchos de los actores. Una de las causas del triunfo de la derecha fue su capacidad de lograr que no pocos de los votantes de Marco Enríquez-Ominami (MEO) en la primera vuelta terminaran inclinándose por Piñera. Es que en esta oportunidad la idea del cambio estaba más cerca de la Alianza que de la Concertación.  
 
Pese a todo, y a sus repetidas letanías sobre la renovación, el daño de MEO a la causa progresista y al futuro de la izquierda chilena ya estaba hecho. Su postura infantilista de creerse en posesión del monopolio de la verdad y exigir la renovación a cualquier precio y bajo sus propias condiciones y la de retrasar hasta último momento su respaldo a Frei han pasado factura a la coalición de centro izquierda. No en vano la Concertación padecía en demasía el paso del tiempo, la ausencia de nuevas caras y de políticas ilusionantes para el conjunto de la sociedad chilena. En su dorado engreimiento MEO sostuvo que su único error había sido no pasar a la segunda vuelta, ya que él sí estaba en condiciones de ganar a la derecha, lo que describe su gran incapacidad para leer la realidad de su país.  
 
Si se observa lo que ocurre en el resto de América Latina se verá cuán difícil resulta construir y consolidar agrupaciones de izquierda no populistas que tengan proyección de futuro y puedan convertirse en verdaderas alternativas de gobierno. Los ejemplos de Argentina, Bolivia, Ecuador o Venezuela son lo suficientemente expresivos como para abundar en ellos. Por eso habrá que ver ahora si las fuerzas de la izquierda chilena que miran medio embelesadas al "enfant terrible" o a su mentor ideológico, sin responsabilizarlo en absoluto de lo ocurrido, serán capaces de regenerarse y a qué costo.  
 
También habrá que preguntarse por el futuro de la presidenta Bachelet, que aspira a retornar en 2014 y si intentará un acercamiento al clan de los Ominami o buscará referencias independientes. Son varios los ex presidentes de la Concertación que saben aquello de que las segundas partes nunca fueron buenas, comenzando por la propia presidenta que antes de comenzar su mandato dijo tajantemente aquello de que en su gobierno nadie iba a repetir plato. 
 
Sin embargo, el protagonismo de la jornada electoral correspondió al presidente electo de Chile Sebastián Piñera y a los partidos que lo apoyaron. Con su triunfo terminó la larga travesía de la derecha chilena por "aggionarse" y afeitar su pelambre gorila que horrorizaba a numerosos votantes. El discreto encanto que para algunos tenía el recuerdo del pinochetismo y sus prácticas dictatoriales espantaba más que atraía al pueblo que decían querer gobernar.  
 
Por eso, una vez puesto en marcha el proceso de despinochetización, pese a que algunos servidores de la dictadura estén en condiciones de volver al gobierno, es que ha sido posible la alternancia. Una alternancia que supone y permite el cambio de autoridades, pero señala al mismo tiempo que las instituciones y las leyes funcionan y el país sigue siendo el mismo. Un país activo, dinámico y que busca la modernidad por encima de otros valores más tradicionales, cada vez más en retirada. 
 
Algunos de los rituales sucedidos en la noche del domingo y la mañana del lunes, con el reconocimiento de la derrota por Frei junto a Piñera, las visitas presidenciales o las llamadas a la unidad, no hacen más que llamar la atención sobre la calidad de la democracia chilena, pese a todos sus problemas. Mientras en países vecinos la oposición es ninguneada y la sola posibilidad de la alternancia es descrita como una conspiración brutal para derrocar "gobiernos legítimos", o algunos presidentes quieren tripetir, como en Colombia, en Chile pasa lo contrario. A nadie en Chile, ni ayer ni mañana, se le ocurriría preguntar para qué quiere la oposición ganar las elecciones, como hizo en Buenos Aires la presidenta del país vecino. 
 
Donde más se notará el cambio de gobierno será en el vecindario, mucho más que en Chile. Los equilibrios regionales son inestables y actualmente América Latina debe hacer frente a una profunda fractura que repercute negativamente sobre la integración regional. Si bien Chile no estaba cercano al ALBA, su política exterior buscaba no confrontar con el eje bolivariano, como se vio en el caso de Honduras. Con toda probabilidad las prioridades regionales de Piñera sean distintas a la de su antecesora, aunque esto no quiere decir que asuma abiertamente la confrontación con Hugo Chávez y sus socios, pero pondrá algunos puntos sobre las íes. Precisamente por eso, Álvaro Uribe se apresuró a felicitar al ganador.  
 
La alegría de la derecha no debe ocultar la dimensión del desafío que debe afrontar. Si bien se viene preparando para gobernar desde bastante tiempo atrás, hace al menos veinte años que sus militantes no ocupan puestos de gobierno, con todo lo que eso supone en tanto falta de experiencia. Por eso será muy importante ver cómo se conformará el nuevo gabinete, que el presidente electo prometió tendría definido antes de fin de mes. En ese punto tendrá especial importancia el equilibrio que imponga Piñera en sus filas: ¿cuánto habrá de UDI y cuánto de Renovación Nacional (RN)?, ¿qué peso tendrán los conservadores y los liberales?, ¿cuál será la influencia de los sectores más vinculados con las diferentes estructuras eclesiásticas? 
 
El Chile de las últimas dos décadas sabe bastante bien lo que quiere y hacia dónde desea caminar. Esto es algo que determinará el margen de maniobra del nuevo gobierno. De ahí sus llamadas a la unidad y a la concordia, y a profundizar en las políticas sociales. Piñera ha recibido un cheque económicamente bien dotado, pero no un cheque en blanco. De sus aciertos y de los errores ajenos dependerá que su sucesor, o sucesora, pertenezca a su misma colectividad o dentro de cuatro años se vuelva a repetir la alternancia.

*Artículo publicado en Infolatam

 
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