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Honduras y la mirada dogmática PDF Imprimir E-Mail

Oct-07-09 - por Jaime Ordóñez*

Nada impide ver la realidad tanto como las ideologías, le ripostó en algún momento el todavía joven Albert Camus a Jean Paul Sartre en aquella histórica polémica de mediados de la década de 1950 que se libró en la páginas de Liberation. El escritor y filósofo argelino enfrentó su valentía, su independencia y su rebeldía de hombre libre no sólo contra ese santón de las izquierdas oficiales que era Sartre, sino contra toda la ortodoxia del PC francés. El tiempo le dio la razón a Camus, quien jamás fue un conservador ni mucho menos (todo lo contrario, y como es bien sabido, Camus era un hombre de izquierdas que se enfrentó también agriamente contra la derecha conservadora de su país). Camus ganaba todas sus batallas, contra dogmáticos de uno y otro bando, pues hablaba siempre desde el reino de la libertad, del antidogmatismo, de la tolerancia y la duda crítica. Por eso todavía se sigue leyendo con frescura, con admiración, incluso hoy en pleno siglo XXI.

Nada impide ver tanto la realidad como las ideologías. Repito lo anterior, porque me ha sorprendido (aunque pensándolo bien, no debería sorprender a nadie) la reacción virulenta que genera el tema de Honduras desde uno y otro bando. Por un lado, salen los defensores obcecados de Roberto Michelleti, y de todo lo que este señor significa de autoritario y ultramontano, tratando de tapar el sol con un dedo y buscando justificar un golpe de estado absolutamente burdo, con el cual se violó el Estado de Derecho y todos los principios de la legalidad y el debido proceso y, de paso, se hizo retroceder América Latina cerca de dos décadas. Por otro lado, están los defensores a muerte del presidente Zelaya, quienes desde sus anteojeras ideológicas, no aceptan crítica alguna a quien había sumido su país en la crisis fiscal más seria de los últimos quince años, violando varias normas constitucionales, incluida la referida a la Cuarta Urna. Por no hablar de los muy evidentes casos de corrupción.

Quienes hemos trabajado en Honduras los últimos años alguna información directa tenemos de ello. Desde luego, nada de esto puede justificar un golpe de estado. Si razones habían, al Presidente se le tuvo que haber iniciado un procedimiento con todas las garantías del caso.

Pero esto se ha vuelto un diálogo de sordos. Por un lado, un cierto sector empresarial e ideológico se relame de alegría por la “expulsión del socio de Chavéz”, sin darse cuenta que Chávez es un personaje pasajero en la historia de América Latina, pero la conquista de la democracia y del estado de derecho tomó décadas y es algo más decisivo e importante para nuestras sociedades, incluso para sus propias empresas. (La empresa privada siempre fue más fuerte en democracia que en dictadura, sino pregúntenles a los españoles). Por otro lado, están aquellos que quieren deificar a Zelaya, sin darse cuenta que el problema de fondo aquí no es Zelaya (un político menor y limitado), sino el propio estado de derecho, la democracia, eso que nos costó tanto alcanzar en América Latina.

*Publicado en Diario La Extra, Costa Rica.