Navegador



Buscador

Investigaciones sobre Defensa

Suscripción a newsletter

Si desea recibir nuestro newsletter, por favor ingrese sus datos.
 
Inicio

Honduras: Encontrar una salida en el laberinto PDF Imprimir E-Mail

Sep-16-09 - por Manuel Orozco*

El proceso político hondureño después del golpe ha entrado en otra etapa que afectará su futuro en el largo plazo ya no solamente en relación con una solución a la situación política actual. Las opciones de resolución son limitadas y la disposición de negociar también está estancada entre el ego de los líderes políticos y la falta de dirección y presión internacional.

Esta situación está creando las bases de un retroceso político y económico justo en momentos en que el crimen organizado y la crisis económica tenían ya al país atado de las manos antes del golpe. Tanto en donde coinciden como en donde difieren los bandos, las opciones son pesimistas.

No solo ahora es cuestionable creer en la sinceridad política de los líderes actuales de su lealtad a la patria y sus miembros, pero sus acciones son política y moralmente indefendibles.

Las coincidencias

Los puntos en común que comparten las élites en conflicto paradójicamente no les une sino que los separa. Las partes en este conflicto tienen tres aspectos en el que el grupo pro golpe coincide con el grupo contra el golpe. Estos se refieren a las personalidades de sus dirigentes, a que el retorno de Zelaya no es posible antes de las elecciones y que ambos poseen suficiente capital político para resistir pero no para triunfar sobre el otro. Tanto Zelaya como Micheletti son personajes antagónicos, egocéntricos y tercos para responder ante situaciones de negociación y compromiso. Ambos líderes están convencidos de sus virtudes y decisiones y en lo que respecta a la crisis no admiten el interés reconciliador sino más bien de soberbia personal entre ambos.

Segundo, no hay duda que Honduras se ha polarizado más que antes y ambos bandos tienen en común que cada quien tiene un caudal político que les da espacio para maniobrar y plantear posturas agresivas, pero no lo suficiente para aventajar al otro. El frente pro-golpe tiene un fuerte apoyo de la élite económica y política que estaba hastiada de la intransigencia política de un líder, Zelaya, que ellos mismos habían nutrido y que ya en el gobierno él les decía no necesitarlos. Sin embargo, el apoyo no es sólido sino un tanto difuso reflejando intereses diversos por los que apoyan la situación actual. Algunos apoyan la posición de Micheletti mientras que otros se distancian de él pero creen que el golpe era justificado. Los Zelayistas por otro lado tienen apoyo predominantemente del exterior y de un grupo al interior del país que lucha por su propia agenda pero por principio incluye las demandas de Zelaya (los sindicatos de maestros por ejemplo). Aún dentro del grupo contra el golpe hay países que están divididos en relación con su apoyo a Zelaya, están los Chavistas, los pro OEA— Estados Unidos y la tercera fuerza al interior del país, más un sector de la opinión pública. Ninguno de estos grupos al interior o entre los bandos coinciden en la dirección apropiada que darle a la lucha política actual. El resultado es un estéril empate político en el cual nadie está ganando mientras que Honduras está perdiendo todo.

El tercer punto común estriba en el consenso que el retorno de Zelaya ya no es factible antes de las elecciones. Para Micheletti y su bando, Zelaya solo puede entrar siempre y cuando enfrente los cargos penales hechos contra él, y aun creen que su presencia misma sería desestabilizadora. Este último punto es contradictorio dentro del golpismo: por un lado, argumentan que Zelaya contravino las leyes y la voluntad popular y no tiene apoyo interno, pero por otro reconocen que él puede generar desobediencia civil a su favor entre el grupo contra el golpe.

Por otro lado, para Zelaya, paradójicamente su retorno al poder constitucional está en su no regreso en el corto plazo por creer que su seguridad no está garantizada y porque no ha sido transparente sobre cómo seguiría gobernando después de la crisis —si esto llegara a suceder. Su sinceridad en volver sólo se visibiliza en sus giras diplomáticas por toda América pero está ausente en su inversión de tiempo en reagrupar su equipo político y proponer alternativas. Hasta ahora el patriotismo de Zelaya empieza fuera de la frontera con Honduras y termina al momento de cruzar la misma.

Las diferencias

Si los puntos en común distancian a estos bandos, los de conflicto parecieran sellar la controversia y la división. El principal punto de tensión está en que ambos grupos muestran soluciones a la crisis que son incompatibles. Para Micheletti la solución a la crisis estriba en eliminar políticamente a Zelaya, no tanto en prevenir su llegada antes de las elecciones nacionales, pero neutralizar su estatus político. Micheletti también persigue que se reconozca la ilegitimidad del gobierno de facto.

Mientras tanto Zelaya persigue que se aísle al gobierno de facto y se garantice su retorno incondicional. Peor aun, ambos actores han aceptado soluciones condicionadas a demandas en las que son inflexibles y ninguna parte ha propuesto objetivos concretos de cómo promover una transición política después de la crisis, lo que refleja faltas de claridad o sinceridad en el compromiso mismo.

¿Soluciones a la vista?

Esta situación no es conveniente para Honduras. La solución política ya no está en el original Acuerdo de San José o nuevo Plan Arias, porque los tiempos de retorno han llegado a su caducidad a escasos dos meses de elecciones. La campaña electoral ha empezado y la situación está desarrollando dos procesos paralelos, el de la crisis política y el de las elecciones.

Sin embargo, no se puede dejar de lado una solución para el corto y largo plazo. Pero ésta depende de la presión política hacia las partes en conflicto para que resuelvan sus diferencias con acciones concretas y pocas opciones de retirarse. La presión política depende del consenso interno y externo de sentar a las partes a negociar y aislar los puntos ‘necios’ de la negociación--consenso y aislamiento que no existe en este momento (la comunidad internacional ha trabajado unilateralmente separada de lo que existe dentro del país, por ejemplo).

El consenso y aislamiento de lo que estorba depende del reconocimiento de al menos cuatro puntos. Primero, que el retorno de Zelaya tiene que ocurrir pero dentro de tiempos políticos propios y no limitados al proceso actual electoral. Segundo, que la neutralización de Micheletti es esencial para descongelar la tensión y el estancamiento actual. Tercero, que parte de la solución estriba en el rendimiento de cuentas sobre la legitimidad de las acciones y decisiones de ambos bandos. Y cuarto, que las elecciones presidenciales no pueden ser sacrificadas pero tampoco aisladas de la crisis actual. El problema medular ya no es el retorno físico de Zelaya y su reinstauración en el poder, pero la solución de la crisis, que desembocó con su expulsión, dentro de un marco políticamente aceptable pero extraconstitucional.

No hay duda en que la ilegalidad de su expulsión tiene que ser sancionada a la vez que rectificada. Su rectificación sin embargo ya no puede incluir la reinstitución del Presidente porque tanto él como los golpistas no han dado espacios de negociación sino de confrontación en momentos en que todo va a contratiempo. Por ello un factor esencial que contribuya a desenmarañar el conflicto está en neutralizar o remover a Micheletti de su autoridad actual porque él ha sido el principal protagonista del antagonismo actual. Micheletti ha sido el ‘señor No’ de esta contienda. En esa misma vía es importante que se investigue quien hizo qué y se haga el rendimiento de cuenta correspondiente sin prejuicios. Tanto los alegados juicios contra Zelaya, como el golpe mismo, el alegato de una conspiración entre expresidentes contra Zelaya, la movilización del ejército y fuerzas de seguridad desde que se produjo el golpe, son consideraciones que requieren de una valoración independiente e imparcial. La ausencia de investigar lo que pasó deja un mal precedente que alimenta el resentimiento y la polarización. La ausencia de una Comisión de la Verdad en Nicaragua que identificara los abusos de poder durante su guerra civil de los ochenta es parte responsable de la impunidad de muchos políticos que hoy en día gobiernan o lideran este país y es también parte de la confusión de la ausencia de una ‘historia oficial’ validada por todos. Al fin y al cabo, un país que no resuelve su propia historia, pierde su futuro.

Lo que puede suceder

Las implicaciones de no actuar son negativas para este país. El cálculo político de retrasar un acuerdo causará un vacío político amenazante. Honduras está aislada y más dividida, con un movimiento anti-golpista (y no necesariamente pro-Zelayista) combativo que no puede ser ignorado.

Por otro lado, Zelaya no ha creado confianza de estar negociando en buena fe, de tener un plan de reconciliación o de acordar una transición. Pero su sinceridad es cuestionable. Su exigencia de ser restituido ha estado acompañada de acusaciones, rencor, retaliación, provocación y hasta engaño. De hecho la comunidad internacional ha sido un aliado ambiguo porque sabe que no todo está claro —incluyendo la intención de Zelaya de reformar la Constitución mediante un procedimiento inconstitucional como lo era la llamada consulta.

La sinceridad de ambos bandos por resolver el conflicto puede ser genuina pero la rivalidad personal, los intereses creados y la soberbia política cuestionan el alcance de tal propósito así como también afectan el futuro de este país. La economía hondureña no está en buen estado, sus principales fuentes de ingreso tienen indicadores negativos, sea turismo, remesa o exportación. Igualmente, el crimen organizado sigue operando en el país y ante un sesgo de ilegalidad y crisis, la vulnerabilidad de este país se acentúa aun más. Honduras es un país que diariamente sufre de al menos 10 homicidios, semanalmente una masacre, en donde cientos más sufren la extorsión y los secuestros en zonas comerciales. Y como si fuera poco se agregan ahora la deslegitimación internacional del gobierno de facto, el recorte en ayuda externa, el rechazo a reconocer las próximas elecciones, entre otros. Estos son factores que en definitiva van a empeorar la situación de Honduras. Los líderes políticos deben anteponer sus intereses y querellas a un lado y favorecer el bien de Honduras, sus acciones deben ser políticamente defendibles ante sus propias bases de apoyo. Mientras se organizan elecciones presidenciales en este país el Partido Liberal ha perdido su centro político, con los principales líderes en una destructiva trifulca y un candidato presidencial visto como persona sin carácter.

Mientras tanto, el candidato del partido Nacional, aprovecha la situación a su conveniencia y explota la crisis nacional y del partido en el gobierno. En condiciones como esta las elecciones se deslegitiman por cuenta propia y a quien afecta es al país mismo. Esta realidad tampoco es defendible bajo ninguna circunstancia. Las negociaciones tienen que ocurrir por el bien de unas elecciones libres e independientes y por el bien de Honduras.

*Artículo publicado en el semanrio CONFIDENCIAL de Nicaragua

 
GLOBAL TRENDS 2035
¡nuevo!


EL MUNDO EN 2035

ACTUALIDAD

ARGENTINA
El concepto de la reforma laboral

LATINOAMÉRICA
La elección de Venezuela y sus efectos políticos

INTERNACIONAL
Un mundo tenso e incierto

EVOLUCIÓN SOCIOPOLÍTICA
Balance de la conflictividad social argentina durante septiembre

DEFENSA
El debate sobre defensa y seguridad

OPINIÓN PÚBLICA
Seguimiento de intención de voto a presidente (Dic 2013 - Nov 2015)

OPINIÓN
Proyección del bicentenario de Chacabuco

SECCIONES

ARGENTINA

BOLIVIA
BRASIL

CHILE

COLOMBIA
COYUNTURA
CUBA
DEFENSA
EL SALVADOR
EVOLUCION SOCIOPOLITICA
HONDURAS
IBEROAMERICA
INTERNACIONAL
LAS AMERICAS
LATINOAMERICA

MEXICO

MUNDO
NICARAGUA
OPINION PUBLICA
PARAGUAY

PERU

URUGUAY

VENEZUELA

Opinion Publica Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de Argentina Indicadores de opinion publica de America Latina

Archivo historico banner_cp.jpg


Indicadores