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Los riesgos de un Pakistán inestable PDF Imprimir E-Mail

Dic-28-07 - por Rosendo Fraga

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La inestabilidad que está sufriendo Pakistán plantea el riesgo de que el único país musulmán que tiene la bomba nuclear pueda entrar en una crisis de gobernabilidad.
El Centro de Estudios Estratégicos de Londres -IISS en su sigla en inglés- es reconocido como el think tank en materia de análisis estratégico y de seguridad internacional, y suele ser considerado uno de los más prestigios en occidente.

Dirigido desde hace más de una década por el canadiense John Chipman, ha logrado mantener la capacidad de vincular lo académico con lo práctico, al centrar sus análisis, estudios e investigaciones sobre los temas más candentes de su especialidad.

Realiza conferencias periódicas, como la Tercera Conferencia Regional de los países del Golfo, que tuvo lugar en diciembre de 2006 en Manama (Bahrein). En las deliberaciones se discutió una agenda que sintetiza muy bien las amenazas de seguridad en la región más conflictiva del mundo: 1) los problemas de Irak, 2) los temores frente al programa nuclear de Irán, 3) la disputa entre Israel y Palestina, 4) la inestabilidad del Líbano, 5) la amenaza del terrorismo fundamentalista, 6) las divisiones sectarias y 7) los desafíos de Afganistán.

La enumeración en este orden no muestra prioridad, sino más bien urgencia.

Sobre Irak, el último estudio "La escalada iraquí descendiendo en el caos", anticipaba hace pocos meses lo que los mandos norteamericanos comienzan a reconocer ahora, después de que el refuerzo de tropas dispuesto e implementado por Bush no da el resultado buscado. Este estudio informaba que la insurgencia activa contaba en el país entre 20.000 y 30.000 miembros, incluyendo 1.000 de Al Qaeda. El conjunto de esta fuerza cuenta con una red de soporte -entre los sunnitas- de entre 80.000 y 100.000 personas. Por otro lado, se suman a la insurgencia las milicias shiitas, integradas por el llamado ejército Mahdik, con 30.000 miembros y otros 10.000 de la milicia Badr. Esto da entre 60.000 y 70.000 insurgentes activos, con una red de apoyo algo mayor.

Frente a ellos se alinean los 320.000 soldados y policías iraquíes -profundamente infiltrados por las milicias shiitas-, 148.000 hombres de las Fuerzas Armadas norteamericanas y 16.000 no americanos, entre los cuales hay 7.000 británicos. Es decir, casi medio millón de hombres, pero con muy baja calidad operativa en el caso de los iraquíes, que representan dos tercios del número.

Del estudio surgía claramente que el envío de 15.000 ó 20.000 hombres más, como Bush decidió y que se logró, en la mayoría de los casos, extendiendo de 12 a 15 meses la misión de las tropas en el terreno, no podía resultar eficaz para resolver la crisis iraquí.

El seminario sobre Afganistán que acaba de realizar, cuyas conclusiones fueron presentadas hace menos de dos meses, ya advertía sobre las crecientes dificultades en dicho país. Se planteó con claridad los problemas que implican el tráfico de drogas que financia a los talibanes, la debilidad del gobierno afgano que permite el reclutamiento talibán, las dificultades para organizar un ejército afgano efectivo, los conflictos entre los líderes locales y el gobierno de Kabul, y la necesidad de establecer una coordinación efectiva entre la estrategia contra la droga y la insurgencia, que muchas veces chocan entre sí.

El informe sistémico y permanente del IISS denominado "Base de datos de conflictos armados" revisa la situación de estos en todo el mundo y permite constatar cómo en la visión estratégica mundial, América del Sur todavía es considerada la región de menor riesgo, pese a las compras de armas de Chávez a Rusia, la actividad de guerrilla colombiana y los problemas de gobernabilidad de Bolivia.

Pero quizás el estudio más trascendente en este momento sea el que se presentó meses atrás n Londres: "El mercado negro nuclear. Pakistán, A.Q. Khan y el riesgo de la proliferación de las redes internacionales". El mismo toma como punto de partida el arresto del científico Abdul Qadeer Khan en 2004, cerebro del plan nuclear pakistaní que confesó la existencia de una red mundial para construir armas nucleares fuera del control de los Estados. La red lleva casi dos décadas de existencia y ha provisto de esta tecnología a países como Irán, Corea del Norte y Libia, entre otros. El informe proporciona una guía detallada sobre el tráfico ilícito de estas tecnologías realizado desde países que tienen capacidad nuclear, como el caso de Pakistán, que se realiza pese a los esfuerzos de su gobierno para evitarlo. El estudio termina proponiendo una serie de medidas para impedirlo.

La presentación de este análisis coincide con la reciente aparición en el mundo anglosajón del libro "El Bazar Atómico" de William Langewiesche. Si bien la crítica ha señalado que es imperfecto porque tiene repeticiones y falta de coordinación -producto de reunir una serie de artículos previamente publicados-, ha sido elogiado por su tesis central, que afirma que los Estados con armas nucleares en los hechos no pueden usarlas, mientras que la proliferación va haciendo cada vez más que lo nuclear pase a ser la ventaja de los pobres, ya sea Estados como Corea del Norte o actores no estatales como el terrorismo fundamentalista, que sí pueden tomar el riesgo de usarlas.

Sin embargo, la cuestión es que la inestabilidad que está sufriendo Pakistán plantea el riesgo de que el único país musulmán que tiene la bomba nuclear pueda entrar en una crisis de gobernabilidad. Allí, por un lado, el ejército paquistaní y las milicias tribales combaten con los talibanes en la frontera con Afganistán, y por otro crece en las calles de las grandes ciudades la oposición de la sociedad civil al régimen de facto del General Musharraf -aliado de Washington en la lucha contra el terrorismo-, a la vez que el terrorismo fundamentalista realiza cada día más atentados suicidas causando centenares de muertos.

Cabe recordar que los países musulmanes árabes son 26, los declaradamente musulmanes 54 -entre los musulmanes no árabes el más poblado es Indonesia y el segundo Pakistán-, y que dos tercios de los musulmanes no son árabes.

En 2001, inmediatamente después del atentado del 11 de setiembre, Afganistán pasó a ser el gran tema por el apoyo del régimen talibán a Al Qaeda. En 2003, pasó a serlo Irak debido a su supuesto esfuerzo para hacerse de armas de destrucción masiva. En 2005, la amenaza mayor pasó a ser Irán, por su proyecto nuclear y, analizando los estudios del IISS, tengo la impresión de que en el segundo semestre de 2007, pasará a serlo Pakistán.

 
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