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Nuevas tensiones con viejos conflictos en América del Sur PDF Imprimir E-Mail

Ago-31-09 - por Ignacio J. Osacar (Coordinador de la Comisión de Defensa del CENM)

El uso de bases aéreas en Colombia para que Estados Unidos reemplace a la perdida base de Manta en Ecuador, suma otro elemento a la tensión generada por la destitución del presidente Manuel Zelaya de Honduras. El presidente Hugo Chávez de Venezuela ha reiterado advertencias sobre el peligro de una guerra regional que podría desatar Estados Unidos usando el territorio colombiano.    

En las últimas semanas acontecieron algunos incidentes en la línea fronteriza protagonizados por efectivos militares, los que si bien son habituales, al igual que sobrevuelos de aeronaves, por la naturaleza selvática del terreno, en este momento son vistos con preocupación.  

En Colombia una patrulla ecuatoriana de diez hombres fue arrestada en su territorio, en La Reforma, en el municipio de Puerto Leguizamo - a menos de 20 Km a la triple frontera con Perú mientras que en Venezuela una patrulla colombiana fue detectada violando aguas jurisdiccionales en el Rio Orinoco, aunque evadieron la captura ante la aproximación de tropas venezolanos. El presidente Chavez explicó públicamente que los lanzacohetes antitanques venezolanos, capturados a las FARC, provienen de un ataque a un puesto naval venezolano ocurrido hace más de 10 años, desmintiendo la acusación de que Venezuela estuviera abasteciendo a esa organización. 

La necesidad de reemplazo a la base de Manta surgió cuando el presidente Correa, al asumir el cargo expresó su intención de no renovar ese contrato. La búsqueda de alternativas concluyó con la posibilidad de utilizar bases en Colombia, desde las cuales operen aviones norteamericanos para la lucha contra narcotráfico.    

La primera exigencia para una base operativa es que su posición geográfica, para que permita el menor tiempo de vuelo posible hasta la zona de interés a patrullar, para así lograr el máximo tiempo de permanencia sobrevolando la misma. Otras son la seguridad física de las instalaciones y la infraestructura de apoyo disponible (hangares, radioayudas, cisternas de combustible, talleres, alojamientos, etc.).

Los aviones empleados principalmente por Estados Unidos para estas misiones están equipados con radares con alcances que superan los 300 Km, como el cuatrireactor AWAC E-3 Sentry, de 8000 Km de autonomía y el bimotor E-2 Hawkeye, con una autonomía de 2500 Km. También se emplea el cuatrimotor P-3, de vigilancia marítima y antisubmarino, con un alcance de 9000 Km.

El largo de pista que estas aeronaves requieren para el despegue con carga es de 2500 metros para el E-3, mientras que el P-3 puede hacerlo en 1500 m y el E-2 en solo 700 metros.  

Sin embargo, lo que preocupa a algunos países regionales es la capacidad de proyección de fuerzas de Estados Unidos, que esta constituida por el C-5 Galaxy que puede transportar más de 350 hombres totalmente equipados o 120 toneladas de carga, a una distancia de 4400 Km, requiriendo 3660 metros para despegar y el C-17 Globemaster que puede cargar 70 toneladas o unos 100 hombres, con igual alcance pero que requiere de 2250 metros de pista para despegar. Es destacable que estas aeronaves requieren de pistas de aterrizaje e instalaciones de apoyo de considerables dimensiones para poder operar con el máximo de sus capacidades.

Para esas necesidades Colombia dispone de unas 22 pistas de aterrizaje asfaltadas o de concreto que pertenecen a las Fuerzas Armadas o a la Policía. Las que superan los 2500 metros de largo y permitirían operar a cualquiera de los aviones norteamericanos son las de Barranquilla, Cartagena, Yopal, Tolemaida, Palanquero, Apiay y El Dorado (Bogotá). Existen también pistas de más de 1500 metros en Bahía Malaga, Neiva, Larandia, Tumaco, Leticia (en construcción), San Andrés, Madrid, Tres Esquinas, Cali, Guayamel y Mariquita.

Las opciones son varias, pero las únicas localizadas sobre la costa son las de Cartagena, Barranquilla sobre el Mar Caribe) y Bahía Malaga sobre el Océano Pacífico, lo que al parecer constituirían las mejores opciones. La mayoría de las pistas de aterrizaje colombianas están concentradas en general sobre el centro geográfico del país. Recientemente Estados Unidos ha manifestado especial interés de controlar las rutas marítimas hacia el Africa.         

Esta cuestión de las bases no implica la construcción de nuevas instalaciones, sino que se trata de una concesión de uso de bases colombianas ya existentes, asiento operativo de unidades aéreas colombianas, aunque el empleo futuro por parte de aviones norteamericanos podría exigir mejoras a las extensiones de las pistas o a su infraestructura, tal como se realizó en su momento en Manta, con gastos a cargo del locatario.  

Si bien es claro que la autoridad de las bases continuara siendo colombiana es previsible que el sector de estacionamiento, hangares y mantenimiento este compartimentado dentro del perímetro de la base, dando el personal norteamericano su propia seguridad y compartiéndose únicamente el uso de la pista de aterrizaje y el control de vuelo. 

La sumatoria de confusos incidentes armados en zonas fronterizas selváticas podría contribuir al escalamiento de tensiones, en lugares donde ya se encuentran desplegadas fuerzas armadas y policiales, las que operan permanentemente contra de fuerzas irregulares, bandas de narcotraficantes y contrabandistas, en un complejo escenario al que se incluye a personas desplazadas, refugiados y etnias locales que procuran sus propias reivindicaciones. 

En la dinámica de este conflicto cabe cuestionarse, si en el caso que Colombia dispusiera de la información confirmada por fuentes de alta confiabilidad, que algún líder de las FARC como Alfonso Cano o el "Mono Jojoy se encontrare localizado en un punto fronterizo determinado, dentro de territorio venezolano, y que permanecería allí, el tiempo necesario para planear y alistar las fuerzas necesarias para su eliminación ¿Ejecutarían una incursión aeroterrestre similar a la que se realizó para eliminar a Ramón Reyes dentro de Ecuador? ¿La reacción de Chávez ante este hecho sería la de una represalia militar o no superaría lo declamatorio? ¿El golpe que conduciría a la desarticulación casi definitiva de las FARC, hasta que punto provocaría una escalada bélica? Aunque Venezuela es probablemente santuario de algunos elementos de las FARC, más probablemente esa situación se pudiera configurar por segunda vez en Ecuador.  

Una violación de la soberanía territorial provocaría un efecto dominó en toda la región. Como sucede en estos casos, los países limítrofes, aun cuando no se encuentren involucrados directamente en el conflicto, rutinariamente refuerzan sus fronteras, inicialmente como prevención al ingreso masivo de civiles refugiados o bien para impedir el uso militar de su territorio por las fuerzas beligerantes.  

Ante el supuesto de una nueva agresión contra Ecuador, Venezuela como mínimo concentraría fuerzas sobre su frontera con Colombia, si el atacado fuere Venezuela, Ecuador haría lo mismo con Colombia. En cualquiera de los casos, Perú también reforzaría su frontera con Ecuador y Brasil no podría dejar de hacer lo mismo ante esta situación, por tener fronteras comunes con todos menos Ecuador. Es dudoso como actuaría Chile, considerando su alianza histórica con Ecuador y sus igualmente antiguas diferencias con Perú. Hasta Guyana tendría razones para ajustar sus planes militares, dado que parte de su territorio es reclamado históricamente por Venezuela.  

Si se iniciare un conflicto armado, aún con enfrentamiento iniciales intensos, con empleo de importantes fuerzas conjuntas, sin que alguno de los bandos recibiera ayuda exterior, las operaciones se reducirían a la baja intensidad, incluso con la intervención semi-independiente de elementos irregulares de milicias en ambos bandos y con apoyo estatal más o menos encubierto.

Todas estas alternativas no escapan a la regla general de que las situaciones pueden escalar descontroladamente como resultado de un cálculo erróneo al apreciar la magnitud de reacción ante determinado hecho.      

No parece probable que pueda desencadenarse un conflicto bélico generalizado de características convencionales, tal como se concibe académicamente, con la aplicación completa del poder militar, ejecución de operaciones de terrestres, navales y aéreas, convocatoria de reservas y movilización integral del potencial nacional.   

Tampoco es fácil apreciar cuales serían los objetivos estratégicos a conquistar en una acción con esa magnitud, a menos que sean configurados por territorios reclamados históricamente o bien codiciadas zonas de gran valor económico de uno y otro lado. Aun cuando estos fueran conquistados, es dudosa la capacidad de consolidar y retener las mismos en el tiempo, dados los reducidos medios militares disponibles y la presión política y económica de la comunidad internacional.  

Las intenciones quizás no excedan el ejercicio al derecho de represalia, mediante operaciones con objetivos limitados, en un teatro de operaciones acotado, de reducida extensión relativa, aislado, con características de selva montañosa y mínima densidad poblacional. La Guerra del Cenepa de 1995 entre Ecuador y Perú se desarrollo en un escenario con esas características.  

La intervención inmediata de organismos de seguridad internacionales como ONU, OEA y UNASUR, y el eventual despliegue de una fuerza de paz, reduciría la prolongación de una guerra. Tampoco, a menos que reciban sustancial ayuda exterior, la capacidades militares, ni aún con la totalidad del poder económico nacional movilizado, podría sustentar una guerra en forma prolongada, sin graves consecuencias económicas para las generaciones futuras.  

No obstante, no parece factible evitar que durante un corto lapso, se desarrollen operaciones militares, con uso limitado de personal y medios, ejecutando operaciones terrestres con unidades de infantería selva, de asalto aéreo y fuerzas especiales, con apoyo aéreo táctico y algunas incursiones aéreas sobre objetivos estratégicos, además de enfrentamientos navales como resultado de los bloqueos de rutas marítimas y fluviales. Pero ante la probable involución del conflicto a uno de baja intensidad, este quedaría estancado, con líneas de contacto difusas, reducido a enfrentamientos de pequeñas fracciones esporádicos, con escasas definiciones sobre el terreno y una  prolongación imprevisible en el tiempo.  

Fuentes:

"Balance Militar de America del Sur 2008" Nueva Mayoría, Buenos Aires.
www.scramble.nl consultado 15-08-2009
www.globalsecurity.org consultado 15-08-2009 

 
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