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Ago-19-09- por Jaime Ordóñez*
La presidencia de Barack Obama parece dispuesta a romper con muchos de los prejuicios y barreras en la cultura política de los EE.UU. La primera fue la elección misma de Obama, un hombre mulato nacido en Hawai, hijo de un nativo de Kenya, cuyo nombre intermedio es Hussein. Todo un reto para el conservadurismo de un país que cuatro décadas atrás todavía tenía el apartheid y la discriminación instalada en buena parte del país, de Virginia hacia el sur. Un país cuyo arquetipo eran los wasps, y el hombre blanco: de Jefferson a Truman; de Rossevelt a Clinton, pasando por Kennedy. La elección de Obama constituyó no sólo un ejemplo de valentía y audacia del joven senador de Chicago, sino una lección para el planeta: los cambios de la cultura son posibles.
Ahora, la nueva noticia es la elección de Sonia Sotomayor, una mujer latina de 55 años, nacida en el Bronx, de ascendencia portorriqueña. Con el voto en bloque de la mayoría demócrata y nueve republicanos, la elección de Sotomayor en una decisión histórica para la comunidad latina, que ya supone casi el 15% de la población del país. Sotomayor es la tercera mujer en ocupar un sillón en la máxima instancia judicial de EE.UU.
Sotomayor tuvo que luchar contra cuatro grandes objeciones de los conservadores republicanos, aparte de su extracción étnica. Primero su defensa del affirmative action o discriminación positiva, según lo cual las políticas públicas tienen que favorecer (en situaciones de similitud fáctica) a los grupos más desfavorecidos, en la hipótesis de que ello no genere daño para el sujeto teóricamente más fuerte. La segunda, su crítica a la portación de armas y su enfrentamiento a la poderosa Asociación Nacional del Rifle de los EE.UU., una suerte de templo de los vaqueros ultramontanos y otros sucedáneos de índole similar, como el ex presidente Reagan o, más recientemente, Dick Chenney. Tercero su posición a favor del aborto.
Obama ha logrado otro triunfo importante con la elección de Sotomayor. Un gran salto en la integración étnica de los EE.UU., un país que está dando lecciones a buena parte de Europa y América Latina, regiones del mundo todavía tan racistas, tan clasistas y tan excluyentes. Vamos a ver si el mimetismo de nuestras clases dirigentes en América Latina (tan pendientes siempre de lo que sucede en el norte) toma nota de estos buenos ejemplos, y de estos pequeños grandes saltos en la historia de la civilización.
*Artículo publicado en el semanario CONFIDENCIAL de Nicaragua
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