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May-12-09 - por Rosendo Fraga
El cierre de listas no deparó grandes sorpresas y confirmó lo previsto, asumiendo finalmente Kirchner la primera candidatura del oficialismo en la provincia de Buenos Aires. Las llamadas candidaturas testimoniales, por las cuales gobernadores e intendentes ocupan el primer lugar en la lista para después renunciar, fue un fenómeno limitado a la provincia de Buenos Aires. Ningún gobernador del PJ las asumió, con la excepción de Scioli, y sólo la mitad de los intendentes del oficialismo en este distrito las aceptó. La presencia en las listas de candidatos de la farándula fue un fenómeno limitado al kirchnerismo en el territorio bonaerense. Los candidatos del campo estuvieron presentes en las listas de la oposición, aunque sin encabezarlas. En la Capital Federal, a último momento, el oficialismo logró unificar la mayoría de sus listas detrás de la candidatura de Heller y en Buenos Aires las diferencias entre el Vicepresidente Cobos y Elisa Carrió impidieron que los seguidores del primero se sumaran a la alianza UCR-CC-PS. En Santa Fe, Reutemann es el primer candidato a senador del PJ, en abierto conflicto con Kirchner. En cuanto a la lucha interna dentro del oficialismo, queda planteado por un lado el duelo Kirchner-Narváez en la provincia de Buenos Aires y el triunfo o derrota de Reutemann y Sicoli en sus respetivos distritos, que puede potenciarlos como candidatos presidenciales del antikirchnerismo y el kirchnerismo respectivamente, dentro del PJ.
A menos de 50 días de la elección legislativa, hay más certezas que interrogantes. El oficialismo tendrá un retroceso importante en el interior del país. Quedará tercero en Córdoba, Santa Fe y Capital -donde competirá por el tercer lugar con Pino Solanas- y perderá seguramente en Mendoza. Ya no tiene el apoyo de provincias radicales K como Corrientes y Catamarca, que ahora apoyan a Cobos, ni la adhesión de distritos justicialistas como Chubut, que se presenta en forma independiente del oficialismo. En el Senado perdería 2 bancas en Córdoba, una ó 2 en Corrientes y una en Mendoza, pero ganaría una en Tucumán. En diputados perdería 7 bancas en la provincia de Buenos Aires y 3 en Córdoba, Santa Fe y Capital, respectivamente, totalizando una pérdida de aproximadamente 16 en la cámara baja. Pone en riesgo la mayoría en el Senado y es probable que la pierda en la Cámara Baja. En la provincia de Buenos Aires obtendrá unos 10 puntos menos que en 2005 y 2007, obteniendo cerca del 35% de los votos, al perder el voto del campo del interior de la provincia que tuvo en las dos elecciones anteriores, perdiendo la mayoría en el Senado provincial y poniéndola en riesgo en la cámara de Diputados. El interrogante que queda es si con dicho porcentaje Kirchner gana por algunos puntos o pierde la provincia y ello dependerá del grado de división o unión que muestre el voto opositor bonaerense, al dividirse o ejercer preferencia entre las listas que encabezan Narváez y Stolbizer respectivamente.
La gran cuestión para el 28 de junio por la noche será imponer la interpretación del resultado. Del análisis precedente surge que el oficialismo pierde la elección, aun ganando por algunos puntos la provincia de Buenos Aires. Pero con habilidad táctica, el ex presidente Kirchner ha logrado imponer la sensación de que ganar o perder por un voto la provincia de Buenos Aires equivale a ganar o perder la elección en el ámbito nacional. En la noche del 28 de junio, la información oficial planteará que el Gobierno ha ganado como primera minoría, sumando los votos de los gobernadores que se han mantenido fieles al oficialismo y dispersando la presentación de los votos opositores. Por el contrario, la oposición presentará los resultados en términos de bancas y realizará la suma en forma diferente. La realidad es que compiten tres fuerzas, el oficialismo, el peronismo disidente aliado con el PRO y el ex radicalismo (UCR, Coalición y Cobos, pese a las diferencias con Carrió), en algunos distritos en alianza con el Partido Socialista. Pero se utilizan siglas distintas en los diferentes distritos por parte de estas tres fuerzas. En el conflicto por imponer la interpretación del resultado entre oficialismo y oposición, el rol de los medios será importante.
Pero más allá del conflicto de interpretación, es indiscutible que queda un Gobierno más débil para enfrentar dos años y medio de una situación más difícil. Será más débil aun ganando por puntos en Buenos Aires, al quedar con menos apoyo en el interior, menos legisladores en ambas cámaras del Congreso de la Nación y en las dos del bonaerense y quedar con menos votos que en las dos elecciones anteriores, tanto en el ámbito nacional como en la decisiva provincia de Buenos Aires. En el caso que la perdiera por un voto, la debilidad sería aun mayor. Se enfrenta así una situación política, económica y social más difícil, ya que el cambio de tendencia que pudiera darse en la crisis global no arrojaría efectos en el corto plazo sobre la Argentina. La cuestión central es si una situación de este tipo puede afectar la gobernabilidad -como dice el mismo discurso electoral del oficialismo en boca del matrimonio Kirchner- o no. El escenario político post-electoral será más plural dentro y fuera del peronismo y muy diferente al que ha tenido el kirchnerismo durante los últimos seis años. Se requerirá recomponer relaciones con los sectores antikirchnerista del PJ y establecer algunos acuerdos básicos con las principales fuerzas de la oposición. No es imposible lograrlo, pero es algo que va contra la personalidad política del ex presidente Kirchner. La historia muestra que los líderes políticos cambian de ideología de acuerdo a intereses, conveniencias y circunstancias, pero no suelen cambiar de personalidad.
Notas relacionadas: Resultado del cierre de listas: duelo Kirchner-Narváez (May-10-09)
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