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El Salvador: La revolución renacida PDF Imprimir E-Mail

Mar-29-09 - por Jorge Castañeda*

En El Salvador, por primera vez en América Latina, una ex organización político-militar que intentó obtener el poder por las armas ha logrado sus objetivos mediante las urnas. Si bien en Nicaragua el Frente Sandinista había ganado una elección semi-legítima en 1984, cinco años antes había llegado al poder derrocando a la dictadura de Somoza. Para 2006, cuando Daniel Ortega fue reelecto finalmente, el viejo Frente Sandinista de 1979 era irreconocible.

El Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) de El Salvador se creó en 1980 mediante la fusión de cinco grupos guerrilleros apoyados por Cuba y Nicaragua. El FMLN nominó a un candidato presentable y atractivo, Mauricio Funes, para las elecciones presidenciales del pasado domingo y, a pesar de que su ventaja de 10 puntos se redujo a apenas dos en la noche de los comicios, logró una victoria incontestable.

El partido conservador ARENA, que ha gobernado El Salvador desde que terminaron los diez años de guerra civil del país en 1992, hizo todo lo posible para impedir la victoria del FMLN y recurrió, una vez más, a todas las artimañas a su alcance para desacreditarlo por su orientación de izquierda. Según la implacable campaña negativa de ARENA, con un triunfo de la izquierda llegarían a San Salvador el comunismo, Hugo Chávez y los hermanos Castro.

Pero la táctica del miedo no funcionó esta vez. Obviamente, de aquí se desprende una lección que deben aprender otros movimientos políticos y grupos guerrilleros de izquierda de América Latina. El Partido Socialista de Chile, El Partido del Trabajo de Brasil, el Frente Amplio en Uruguay, incluso Chávez en Venezuela y el PRD y el FSLN en México y Nicaragua respectivamente han demostrado que, tras años de espera, la izquierda puede ganar elecciones en América Latina.

La diferencia entre estos izquierdistas victoriosos y el FMLN de El Salvador se verá cuando la cotidianeidad de las tareas de gobierno ponga a prueba las viejas características de movimiento armado del Frente, ya que, si bien Funes no es un viejo guerrillero, su vicepresidente, Salvador Sánchez Cerén, y casi todos los dirigentes del FMLN son líderes y cuadros guerrilleros castristas no reformados. Son ellos, no Funes, quienes controlan el FMLN. Todos los líderes más orientados a la reforma, democráticos, modernos y brillantes —Facundo Guardado, Joaquín Villalobos, Salvador Samayoa, Ana Guadalupe Martínez, y Ferman Cienfuegos— han abandonado el partido.

Un segundo factor de preocupación son los vínculos del FMLN con Cuba y Venezuela. Hasta hace apenas un año, cualquier persona que visitara el cuartel general del FMLN en San Salvador para entrevistar, por ejemplo, a Cerén, su Secretario General, habría quedado impresionada por la abrumadora presencia de Chávez: camisas y boinas rojas, fotografías del caudillo venezolano, citas de sus enseñanzas y meditaciones.

Chávez ayudó al FMLN proporcionando petróleo barato o gratuito a sus alcaldes en muchas partes del país y probablemente (aunque no se ha demostrado) canalizando fondos, si bien en pequeñas cantidades, a las arcas electorales del partido. La presencia cubana también sigue siendo fuerte, aunque las recientes purgas políticas que ha iniciado Raúl Castro dificultan saber quién trabaja para quién exactamente. Ramiro Abreu, quien “administraba” El Salvador en el Departamento para las Américas de Cuba en los años ochenta y noventa, sigue activo, pero ahora más como empresario y estadista veterano que como agente cubano.

No obstante, la influencia de Cuba sobre los viejos líderes del FMLN permanece intacta. La participación de Cuba y Venezuela en los partidos políticos de México o Brasil, por ejemplo, es indudable, pero no necesariamente muy relevante. Estos son países grandes con economías enormes en los que las conspiraciones y la concesión de pequeños beneficios y favores no son muy efectivas. Pero en El Salvador, al igual que en Nicaragua, Bolivia y Ecuador, la cosa es distinta.

Un tercer factor que hay que tomar en cuenta al analizar el tipo de gobierno que puede establecer el FMLN es la crisis económica que golpea a América Latina. Por el momento, es imposible determinar si la recesión provocará una radicalización de la izquierda en la región, como parece estar promoviendo Chávez, o inducirá la moderación mediante la resignación – es decir, el aplazamiento de las metas revolucionarias debido a las condiciones económicas desfavorables. Pronto lo sabremos.

Pero la consecuencia más importante del triunfo del FMLN puede ser su efecto sobre el resto de América Central y México. El Presidente hondureño, Manuel Zelaya, se ha acercado a la órbita de Chávez más por conveniencia y demagogia que por convicción; Ortega, en Nicaragua, siempre formó parte de esa órbita, al igual que las personas cercanas a Álvaro Colom en Guatemala. Si agregamos también a El Salvador a esta lista, sólo quedan fuera Costa Rica y Panamá al sur, lo que deja a México, al norte, cada vez más expuesto.

Por supuesto, las naciones de América Central no ejercen una gran influencia sobre México; si acaso, sucede al revés. Pero la izquierda mexicana, si bien ya no es tan débil como lo fue tras su derrota en 2006, siempre ha necesitado figuras extranjeras que imitar. Simpatiza mucho más con Chávez, el Presidente boliviano Evo Morales, Cuba, los sandinistas y ahora el FMLN que con la izquierda moderada electa en Chile, Brasil, Uruguay y Perú. Interpretarán la victoria de Funes como un logro más del “pueblo” y otra presa arrebatada al Tío Sam. Sería temerario descalificar el logro histórico del FMLN simplemente como un acto de justicia o un acontecimiento previsible en un pequeño lugar atrasado.

*El auor es Ex Secretario de Relaciones Exteriores de México (2000-2003) es catedrático Global Distinguished de Política y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York. Copyright: Project Syndicate, 2009. www.project-syndicate.orgArtículo publicado en el semanario CONFIDENCIAL de Nicaragua

 
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