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¿Chávez para siempre? PDF Imprimir E-Mail

Feb-14-09 - por Carlos Malamud (Infolatam)*

"...Abrir la puerta a la reelección indefinida es desvirtuar la esencia de la democracia, especialmente en un sistema altamente presidencialista y centralista como el venezolano. Es este sistema el que ha permitido al poder utilizar todos los recursos del Estado en la campaña, en un intento permanente de acallar las voces de la oposición y de transmitir los propios mensajes a favor de la reelección."

 

Desde que en 1998 el comandante Hugo Chávez se lanzó a la arena electoral, en un quiebre absoluto con lo que había sido su pasado político, comenzó una incesante e imparable carrera, jalonada por numerosos y variables comicios. Elecciones presidenciales, elecciones para la Asamblea Constituyente, elecciones legislativas, elecciones locales y regionales y referéndums constitucionales. Hasta ahora, y con la excepción del referéndum para la reforma constitucional de 2007, su participación en los comicios se contaba por victorias, aunque el resultado de las elecciones locales y regionales de 2008 es más difícil de valorar.

De todo hubo en la viña del señor y practicamente todo lo ganó el comandante, lo que habla de su gran e indiscutible respaldo popular. Es indudable que sin este respaldo, que implica a una parte considerable y mayoritaria de la población, el desempeño político del chavismo no hubiera sido el mismo. Pero también es indudable que otra parte no menos importante, que puede oscilar entre el 40 y el 50%, está contra Chávez, lo que dificulta la puesta en marcha de esas grandes transformaciones políticas y sociales con que sueña más de uno, pero que requieren de amplios consensos sociales.

En esta realidad, en la relación intrínseca entre Hugo Chávez y las elecciones, encontramos una de las carácteristicas más relevantes del régimen bolivariano y, al mismo tiempo, una de sus mayores paradojas. Hugo Chávez y sus múltiples seguidores, tanto dentro como fuera de Venezuela, gustan hablar de la Revolución Bolivariana, así con mayúsculas, un proceso que teóricamente debería ir de la mano con la construcción del socialismo del siglo XXI. Ahora bien, a diferencia de la Cuba de Fidel Castro, en Venezuela la legitimidad de su líder máximo viene directamente de las urnas y sólo de las urnas, y no de las armas.

De ahí la paradoja. Resulta cuanto menos contradictorio que quien tanto despotrica contra la democracia representativa y sus valores no tenga otra fuente de legitimidad que le que le viene dada por la vía electoral. Por eso su necesidad desesperada de presentarse una y otra vez a los comicios y renovar con sus sucesivos triunfos su legitimidad de origen, una legitimidad que muestran con orgullo a través del ancho mundo y que le ha permitido circular por él sin ser descrito como un dictador.

Al no haber una revolución, Hugo Chávez no puede hacer lo que hizo Fidel Castro, que impuso su voluntad absoluta sobre el pueblo cubano durante más de 50 años. No sabemos que hubiera pasado si Castro hubiera organizado elecciones libres en su país y se hubiera presentado a ellas. Probablemente las hubiera ganado. Pero como su fuente de legitimidad era otra, no necesitaba acudir a la consulta popular.

Esto explica la insistencia de Hugo Chávez para intentar sacar adelante su propuesta de reelección indefinida. Sea como sea está dispuesto a no cejar en su empreño. De ahí que el principal lema de la oposición en esta oportunidad sea "No es No". Se trata de un vano intento de recordar los límites legales e institucionales al empeño chavista.

Si la reforma constitucional fracasa, como ya ha ocurrido, se apela entonces a la enmienda constitucional por iniciativa parlamentaria; si ésta volviera a fracasar ahí está la enmienda constitucional por iniciativa popular, y si todo esto no sirve siempre queda la posibilidad de convocar una nueva Asamblea Constituyente, que redacte un nuevo texto legal. Es que Chávez no conoce límites y para él el no tiene un significado bastante distinto al que tiene para el resto de los mortales. Lo mismo ocurre con los límites que las instituciones ponen al poder omnímodo. A diferencia de lo que pregonan el propio presidente y sus seguidores, el poder sin control y sin límites formales, que es lo que quieren, se transforma irremediablemente en autoritarismo y tiranía.

¿Qué pasará el domingo 15 en el referéndum? Si se hace caso a las encuestas es posible que Chávez gane esta vez. Sin embargo, de momento, hay un amplio margen de incertidumbre marcado por lo cerrado de algunos pronósticos y, sobre todo, por el elevado número de indecisos. La abstención de los chavistas y la participación de antiguos no creyentes en el proceso electoral, así como la conducta de los numerosos "ni - ni", los que no están ni con Chávez ni contra Chávez, incidirá de forma clara en el resultado final.

La reelección casi perpetua de Porfirio Díaz y de sus testaferros fue la maldición del México porfirista y la explosión popular de ira en que se transformó provocó un intenso vendaval que terminó arrasando haciendas, personas e instituciones. Abrir la puerta a la reelección indefinida es desvirtuar la esencia de la democracia, especialmente en un sistema altamente presidencialista y centralista como el venezolano. Es este sistema el que ha permitido al poder utilizar todos los recursos del Estado en la campaña, en un intento permanente de acallar las voces de la oposición y de transmitir los propios mensajes a favor de la reelección.

Es obvio el interés descomunal de Chávez en el tema. Cualquier quiebro dialéctico o político es válido en la medida que apunte al objetivo final. Por eso, porque Chávez es (o ha sido) un soldado se enfrenta al referéndum como si de una batalla se tratara y enfrente tuviera no a una parte de sus compatriotas sino a un terrible enemigo al que hay que aniquilar. Por eso es muy de agradecer que en América Latina haya gente como Hugo Chávez, con una voluntad de sacrificio por encima de sus intereses personales, que son capaces de sacrificar absolutamente todo por el bienestar de su pueblo. Recordemos eso: Chávez se sacrifica ante el clamor popular. Sería bueno en caso de una derrota que lo tuviera presente.

*Artículo publicado en Infolatam el 12 de febrero de 2009

 
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