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Las elecciones de los EE.UU. y su posible impacto en la Defensa Nacional PDF Imprimir E-Mail

Nov-17-08 - por Fabián Calle

La crisis financiera y crecientemente en la economía real de los EE.UU. y su inevitable derrame a escala global, han llevado a que las elecciones que se definieron a princpios de mes, así como la atención internacional, se haya focalizado en estos temas. Recientes encuestas muestran que para el 65% de los ciudadanos estadounidenses el principal tema de interés es la evolución de la economía y menos de un 10% hizo referencia a la guerra de Irak. Para llegar a esta ecuación, se han combinado el colapso de Wall Street, las nacionalizaciones y multimillonarios paquetes de ayuda económica del fisco a los grandes bancos y aseguradoras y una cierta consolidación de las mejoras que en materia de seguridad dentro de Irak ha logrado la estrategia contrainsurgente del General Petraeus a partir de comienzos del 2007. De un promedio de 1500 a 2000 civiles muertos por actos de violencia y terrorismo en el 2006 se pasó a entre 300 y 400 y de 3 a 5 militares estadounidenses abatidos a 1 cada dos días. El costo de esta relativa paz, es un cúmulo casi infinito de pactos y alianzas (muchas de ellas tácticas) con clanes y tribus. Ese mismo hecho tal vez sea en el mediano plazo el principal impedimento para el establecimiento de un gobierno nacional relativamente fuerte y estable en Irak.

No obstante, Barack Obama se podría encontrar a lo largo del 2009 con la combinación de la crisis económica y un potencial -si bien no inevitable- deterioro de la situación en Irak. Ello sería así, dado que parte sustancial de la estabilidad aún precaria lograda se debe a pactos de convivencia con las guerrillas sunnitas a cambio de ciertas garantías de Washington de garantizarle plata, voz, voto y renta petrolera en un país ahora controlado políticamente por shiítas (pro Irán) y kurdos (pro EE.UU.). Este mix de poder de fuego aplicado por el Pentágono con el envío de 30 mil efectivos adicionales hace ya casi dos años, una profunda revisión de la fallida estrategia anti-insurgente aplicada entre el 2003 y fines del 2006 y los acuerdos tácticos con el mosaico de clanes y tribus que hasta hace poco representaban un enemigo letal de las fuerzas enviadas por Bush, demostrará su sustentabilidad a lo largo del 2009, cuando se desarrollen pacíficamente o no las elecciones en ese país árabe y se defina la distribución de la riqueza petrolera.

La contracara de lo ocurrido en Irak es la situación en Afganistán y en las zonas fronterizas de Pakistán, en donde la insurgencia afgana y en menor medida el terrorismo de Al Qaeda han logrado avances sustanciales y han inducido a que Washington busque por medio de Arabia Saudita canales de dialogo con el "Talibán". Será por este mix de esperanzas y sombras, complementada por las creciente tensiones entre Washington y Moscú, la progresiva pero sostenida asunción de China como una potencia a escala global y las dificultades prácticas que enfrentan los EE.UU. para detener el programa nuclear de Irán, que no pocos especialistas en Washington no descartan la posible continuidad del actual, prudente y realista secretario de Defensa R. Gates, de un senador republicano de buena sintonía con Obama como Ch. Hagel o el General retirado W. Clark. Sea quien sea el próximo secretario de Defensa, la administración Obama parece decidida a darle un fuerte impulso y jerarquía a las capacidades de lucha contra-insurgente (COIN), al uso de la inteligencia humana y al incremento del "pie de fuerza" del Ejército y los Marines (sumar unos 95 mil efectivos). Por esas vueltas y paradojas de la historia, en 1960 esos dos mismos puntos fueron claves en las propuestas del entonces Presidente electo J. F. Kennedy. Parece claro que la tendencia es a acentuar el alejamiento, que ya desde la designación de Gates en el 2006 es evidente, de los más gruesos errores y dogmas de la agenda "neoconservadora" que impulsaron en el campo de la Seguridad Nacional figuras como D. Cheney, D. Rumsfeld y P. Wolfowitz.

En otras palabras, la administración de Obama no sería un giro hacia el idealismo sino hacia el Realismo y al "smart power" (como definen J. Nye y R. Armitage, en un documento de trabajo del Council on Foreign Relations de New York, a un adecuado mix entre "soft power" y uso de la fuerza).

 
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