| "Hugo Chávez tiene muchos más elementos vinculados al peronismo y a la figura de Perón que a un proyecto como el de Fidel Castro en la Cuba del ‘59" | |
| Entrevista
a Juan Gabriel Tokatlián, Profesor de Relaciones Internacionales
de la Universidad de San Andrés (Argentina) |
May-28-02
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¿Qué balance podríamos hacer hoy, a unas cuantas semanas de lo que ha sido el golpe y contragolpe en Venezuela? El primer balance general que se puede hacer es que, en términos generales, estamos en una condición muy semejante a la del 10 de abril. Digo muy semejante, porque a 24 horas del golpe de estado fallido, la situación venezolana se caracterizaba en esencia por una fuerte polarización social, una notable polarización política e, incluso, una evidente polarización militar. Los sucesos del golpe, a posteriori el retorno al poder de Hugo Chávez, y más adelante el inicio de un diálogo amplio estimulado por parte del gobierno, no han logrado de ningún modo cicatrizar todos los problemas |
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que se venían teniendo en la situación venezolana. Más bien, lo que estamos viendo ahora es, en primer lugar, al Presidente tratando de hacer una fuerte depuración en las Fuerzas Armadas porque sabe que ahí está el epicentro eventual de una nueva conjura contra su poder, dando indicaciones de que tiene una motivación para el diálogo pero en la medida también en que han subido las encuestas de favorabilidad. Por otro lado, eso le permite volver a "coquetear" con gestos un poco mesiánicos –lo que para algunos sectores le quita credibilidad al proceso de diálogo nacional-, una posición que se ha comportado de manera muy poco madura y que, si bien tiene retóricamente una disposición a una reconciliación nacional, pocos son los actos de empresarios y de otros sectores favorables realmente a un diálogo serio y responsable. Una de las incógnitas de este episodio es por qué duró tan poco. Una hipótesis es que duró poco por las torpezas de los que estaban llevando a cabo el golpe, y otra es por la rápida capacidad de reacción que tuvo en ese momento el chavismo. Yo no las pondría como hipótesis excluyentes sino que, de algún modo, las miraría como complementarias. Fíjese que el aura con la que llega a instalarse Carmona, con un respaldo importante de un segmento relevante de las Fuerzas Armadas, con una bendición externa muy fuerte de parte de Estados Unidos -que en ningún momento condenó explícitamente el golpe de estado-, muy prontamente, a raíz de las medidas que él adopta, que tiene más carácter de revancha social y política que de reencausamiento hacia una mayor democratización, pues genera una alarma enorme en Venezuela y en el exterior. Por otra parte, creo que hubo una serie de acciones, improvisaciones, torpezas, que facilitaron el hecho de que el segmento chavista dentro del ejército se reagrupara, de que el chavismo -que sigue teniendo una fuerte constitución en ciertos sectores populares y bajos- se movilizara rápidamente, lo cual contribuyó a generar un espacio para una reacción que fue, desde el punto de vista del retorno de Chávez, sin duda alguna, muy bien hecha. Varias veces hemos hecho menciones al parecido entre el chavismo y el peronismo. Hace un par de meses, Luis Beltrán Petrosini hizo -durante una entrevista para NuevaMayoría.com- una comparación bastante profunda sobre el tema y esto también permite, partiendo de la hipótesis de que el antichavismo no muere con el contragolpe y que este es un movimiento bastante profundo en Venezuela, algún tipo de hipótesis parecida a lo que habían sido las intentonas previas a la revolución libertadora que derrocó a Perón. ¿Qué opina al respecto? Con respecto al primer punto, en cuanto a la imagen y proyección de Chávez, digamos que si existen -por así decirlo- dos modelos antitéticos del liderazgo reformista o revolucionario: Por un lado Perón, y por otro lado Fidel Castro. Yo diría que Hugo Chávez tiene muchos más elementos vinculados al peronismo y a la figura de Perón -a su estilo, a su proyecto político- que a un proyecto radical, de izquierda, revolucionario, etcétera, como podría ser el de Fidel Castro en la Cuba del ‘59. Con esto quiero decir que tiene muchos más rasgos populistas, mesiánicos, embuidos de una cultura latinoamericana orientada a resarcir deudas sociales de la sociedad, que a instaurar un nuevo modelo totalmente alterno. Sin lugar a dudas, lo que le pasó a Chávez proviene de un estilo de liderazgo y de una serie de conductas, en particular de él, que fueron colocando al país en una situación límite. Pero aquí yo quisiera resaltar nuevamente que estamos hablando de una oposición que ha sido muy tosca, muy imprudente, muy excesiva y que, de alguna manera, hay una dinámica de acción-reacción muy peligrosa que pone en jaque a las Instituciones. No sé si lo que vimos es el primer intento de una serie -no me gusta hacer política ficción de alguna manera- de intentonas contra él, pero sí lo que vimos mostró que estamos ante una sociedad muy fuertemente dividida y que se va a necesitar mucha sapiencia, mucha reflexión y mucha capacidad de maniobra para resolver esa situación.
¿Qué le depararían a Chávez los presumibles vaivenes del precio del petróleo? Mucho. Porque Venezuela sigue siendo una economía eminentemente petrolera. Sigue siendo un fuerte exportador de petróleo y la renta del Estado deviene también de este recurso. Por lo tanto es el bien estratégico más importante que posee cualquier presidente en Venezuela. Creo que, en la medida en que el precio del petróleo decaiga, sin lugar a dudas lo va a afectar. En el terreno del petróleo, Chávez tuvo al menos dos años de una fuerte gestión internacional orientada a mantener o a elevar el precio del petróleo y por ello, en gran medida, sus periplos al Medio Oriente y su intento de reflotación más asertiva de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEC). En ese sentido, me parece que lo que vamos a ver en lo próximos meses es un Chávez menos activo en el frente externo, mucho más centrado en reconsolidar su mandato y, por lo tanto, si bien el petróleo es su activo estratégico, no lo veo desplegando una diplomacia muy activa en este frente. Lo veo mucho más concentrado, insisto, en tratar de reconsolidar su poder político doméstico. Se ha hablado bastante de lo que viene a ser un giro a la izquierda de la región con los fenómenos de Lula en Brasil y de Chávez en Venezuela, pero también hay indicios de un fenómeno contrario -tal vez sea otra cara de la misma moneda- en Perú, Bolivia y Chile, de cierta derechización de la sociedad, tanto en las encuestas de opinión pública como en los presumibles sucesores de los actuales presidentes. ¿Cuál es su reflexión sobre el tema? Yo lo plantearía con un corte mucho más transversal que el planteamiento más izquierda o más derecha. Diría que en la década de los ochenta y gran parte en la década de los noventa, particularmente tuvimos a lo largo y ancho de América Latina coaliciones que podríamos llamar internacionalistas. Es decir, coaliciones de sectores domésticos de diferentes partidos políticos apoyados en sectores económicos muchos más transnacionalizados, con fuertes contactos con el exterior, con un respaldo de los grandes organismos internacionales para llevar a cabo reformas económicas profundas, con sectores obreros muy desmovilizados y captando a clases medias urbanas deseosas de consumir bienes. Podríamos decir que esta fue la coalición que llevó a cabo las mayores reformas desde México hasta Argentina. Frente a dicha coalición -que denomino internacionalista- lo que estamos viendo en los últimos años en América Latina -y creo que vamos a seguir viéndolo y que va a estar en alza- son coaliciones nacionalistas. Es decir, sectores de lo que antes se llamaba la burguesía nacional tratando de volver a una protección del Estado; sectores medios urbanos que ahora están desilusionados; sectores activados del remanente sindical; nuevos sectores sociales emergentes que comprenden desde desplazados y desocupados hasta grupos más activos a través de ONGs, configurando coaliciones más nacionalistas, más orientadas hacia el ámbito doméstico. En ese sentido, considero que lo que podemos ver es dos tipos de nacionalismo: nacionalismo de derecha y nacionalismo de izquierda. Pienso que vamos a tener combinaciones de ese tipo de nacionalismo, mucho más evidentes en América del Sur, y que esta primera coalición internacional va a ir cediendo espacio. Eso implica, por lo tanto, un cambio en la correlación de fuerzas internas en la región y consecuentemente, situaciones de mayor fricción y tensión. No de confrontación, pero sí de fricción y de tensión con los Estados Unidos. Entrevista de Julio Burdman |
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