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Hacia un unilateralismo agresivo: el cambio en la política ambiental de los Estados Unidos y sus implicancias para América Latina |
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| Tiempo estimado de lectura: 4min 50seg |
Mar-30-01
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Durante algún tiempo, los
comentaristas en los Estados Unidos han notado que la administración
de Bush podría volcarse hacia una política exterior más
aislacionista, a diferencia de la política abiertamente activista
forjada por el gobierno de Clinton. Sin embargo, queda perfectamente claro
que el nuevo equipo en Washington apenas puede considerarse aislacionista
o dispuesto a abandonar el activismo internacional para privilegiar los
temas de política interna. Pero, tal como lo ha anticipado esta
columna durante las últimas semanas, el enfoque de la política
exterior de Bush, aún siendo activista, esta girando en forma dramática
en dirección contraria a la de Clinton, menospreciando los esfuerzos
multilaterales de cooperación y los múltiples acuerdos internacionales
que han ido evolucionando para encarar los desafíos internacionales
de la post-Guerra Fría. |
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De hecho, los primeros esfuerzos del General Colin Powel, nuevo Secretario de Estado, de señalar una amplia continuidad de los acuerdos internacionales de Estados Unidos, se están dejando de lado una y otra vez al tiempo que la nueva Administración adopta un enfoque unilateral cada vez más enérgico, uno que podría calificarse como unilateralismo agresivo. Este enfoque parece ser favorecido por el Vice Presidente Cheney y el Secretario de Defensa Rumsfeld, quienes se han rodeado de asesores conservadores resueltos en revertir el estilo y la sustancia de la diplomacia internacional ejercida por la administración demócrata. El cambio es claro con respecto a la política de los Estados Unidos hacia Rusia y China, que se ha vuelto notablemente más conflictiva, fundamentada en la suposición de que la política de Clinton de tratar de incorporar a ambos países al mundo globalizado era errónea y que una posición más dura podría servir mejor a los intereses americanos. Se ha ido desarrollando una postura similar en relación a Iraq, donde los encargados en formular políticas en el Departamento de Defensa favorecen el apoyo armado a la disidencia Iraquí para promover el derrocamiento de Saddam Hussein. Con respecto a Corea del Norte, el equipo de Bush parece estar menos interesado en reducir la potencial amenaza nuclear de Corea del Norte por medio de negociaciones que por medio de una línea dura. Finalmente, la nueva Administración ha demostrado un abierto escepticismo al desarrollo de una fuerza europea de implementación rápida, mientras que señala, al mismo tiempo y en forma contradictoria, que Estados Unidos será más renuente a enviar fuerzas de la OTAN y los Estados Unidos a los Balcanes. El último indicio del nuevo unilateralismo lo constituye el anuncio esta semana de que los Estados Unidos renunciaría al protocolo de Kyoto. Éste apunta a reducir las emisiones de dióxido de carbono a fin de disminuir el calentamiento global. La decisión de Bush representa un alejamiento drástico de los compromisos previos, y enemista a los Estados Unidos con algunos de sus aliados más cercanos en Japón, Europa y las Américas. El acuerdo de Kyoto requeriría una reducción, por parte de los Estados Unidos y otros países industrializados, de emisiones de gases que retienen el calor en un promedio de 5.2% en 2012, comparados con los niveles de 1990. Estados Unidos es esencial para el éxito de cualquier intento por reducir los gases de dióxido de carbono, ya que genera el 25% de todos estos gases al nivel mundial, a pesar de representar sólo el 25% de la población mundial. Con el fin de dar marcha atrás al compromiso de los Estados Unidos, Bush renunció a su propia promesa hecha durante la campaña presidencial, en la que se comprometía a buscar una reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Este cambio se mantuvo a pesar de la clara oposición tanto del Secretario Powell, como del Secretario del Tesoro O’neil y en especial de la Secretaria de la Agencia Protectora del Medio Ambiente Christie Whitman, ex gobernadora del Estado de Nueva Jersey. En las discusiones internas de la administración, y en un memorándum enviado al Presidente Bush el 6 de marzo y revelado por el Washington Post, la Secretaria Whitman "firmemente" recomendó que el Presidente "continuara reconociendo que el calentamiento global es un tema real y grave". Exigió un "compromiso" de los Estados Unidos para lograr en el medio ambiente la reducción de los gases de efecto invernadero dentro del "marco de Kyoto" que, según hizo notar, es visto por otras naciones como el "único juego en la ciudad". Actuar de otra forma simplemente socavaría la "credibilidad" de los Estados Unidos ante los ojos de la comunidad internacional. La incapacidad de la Secretaria Whitman de persuadir al presidente se debió no sólo a la influencia de los pesos pesados de la política exterior en la administración, comprometidos con unilateralismo, sino también a la influencia de lobistas industriales en los Estados Unidos, que temen a los costos que podría llegar a imponer el acuerdo de Kyoto en la economía de los Estados Unidos. El anuncio de la oposición de los Estados Unidos al protocolo de Kyoto provocó una reacción fuerte e inmediata de Japón y la Unión Europea. También colocó al Canciller alemán Gerhard Schroeder en una posición particularmente incómoda ya que surgió días antes de que se reuniera con Bush en Washington y después de haberle escrito al Presidente de Estados Unidos una carta enérgica en la que le recomendaba respetar el acuerdo. Más dramático aún es el hecho de que el cambio de Estados Unidos con respecto a Kyoto ocurrió la misma semana en que la Secretaria Whitman viajaba a Montreal, Canada para la reunión de los Ministros de Medio Ambiente para América Latina, donde entre otras cosas, se debatiría sobre los problemas del calentamiento global. A su vez, esta reunión es un preludio a la Cumbre de las Américas que también se celebrará en Canadá a fines de Abril, la cual ha incluido en su agenda gran cantidad de temas relacionados con el "desarrollo sostenible". A pesar de que en la reunión de esta semana se debatirán temas tales como el Tratado Hemisférico para los Residuos Tóxicos, la Secretaria Whitman se encontró en la difícil situación de tener que asistir a una reunión sin poder presentar una política clara de los Estados Unidos sobre el tema ambiental más urgente de nuestros tiempos. Aunque es cierto que Bush, al renunciar a las normas de Kyoto, ha planteado la posibilidad de que los desafíos del calentamiento global podrían ser tratados con el uso de nuevas tecnologías (una posición cercana a la de la industria norteamericana), la Secretaria Whitman viajó a Montreal sin un proyecto claro o una alternativa articulada a los acuerdos de Tokio que pudiera probar la viabilidad de los enfoques alternativos. De hecho, la posición de Estados Unidos sólo servirá para complicar más la difícil discusión con los socios hemisféricos sobre el cambio del clima. Se torna difícil para países como Argentina, Costa Rica y Bolivia, que han intentado colaborar con Estados Unidos y de hecho acordaron trabajar hacia restricciones voluntarias, para destacar que países del mundo menos desarrollados también pueden comprometerse a reducir los gases nocivos, una política diseñada para ayudar a Estados Unidos a vender el protocolo de Tokio internamente. La nueva postra de Estados Unidos también socava el esfuerzo – que tuvo un traspié en la cumbre de medio ambiente en La Haya a fines del año pasado– para encontrar formas creativas de equilibrar la reducción de emisiones, permitiendo que los países e incluso las empresas más ricas, puedan compensar a los países menos industrializados para evitar la destrucción de bosques y controlar las normas de emisión. Esta discusión, en la que Brasil tuvo un rol constructivo, ahora también se ha descarrilado. Esto puede fomentar un mayor conflicto entre los países menos desarrollados y los industrializados, más precisamente los Estados Unidos, que hasta la fecha ha presionando para encontrar una solución al problema de calentamiento global, pero que ahora esta en la posición indefensible de no querer tomar medidas concretas para detener su propia complicidad en el problema. Finalmente, está claro todavía como la nueva política de Washington en este tema pueda incidir sobre la postura de la administración Bush en los asuntos laborales y ambientales relacionados con las negociaciones para obtener el Área de Libre Comercio para Ámerica (ALCA) y su capacidad para obtener la autoridad de negociación "fast track" del Congreso. Los Demócratas, ya molestos por creciente unilateralismo de la política exterior del gobierno Republicano,, podrían también endurecer sus posiciones con respecto a los asuntos laborales y ambientales en el frente comercial, dificultando así el desarrollo del amplio consenso bipartidista necesario para avanzar en temas comerciales en las próximas semanas. Cuando Bush se dirija a la Cumbre en Quebec en Abril, sus socios del hemisferio tendrán el derecho de exigir una explicación más clara de la posición de Estados Unidos ante el comercio y el medio ambiente. |
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