| Fox ¿el mejor Presidente de México? | |
|
Por Yuri Serbolov (Dic-07-00) |
Romper paradigmas
Nuevo paradigma, nuevo mensaje, nuevas formas, nueva liturgia, nuevos símbolos, nuevo lenguaje, pero también un nuevo contenido, nuevas propuestas, nuevas iniciativas, cambios de fondo y de forma. Pero Fox no sólo es imagen y palabras, también trae nuevas actitudes y hechos que producen resultados, como haber retirado al ejército de Chiapas y lograr que el subcomandante Marcos se sentara a negociar.
Fox rompió paradigmas, pero lo más importante es que exista efectividad, que realmente se solucionen los problemas. Por ahora Fox tiene un cheque en blanco de la sociedad. Puede hacer o decir lo que quiera. ¿Por cuánto tiempo? ¿Un mes, un año, dos años, tres años? ¿Cuándo la sociedad le empezará a exigir cuentas? ¿Acaso en las elecciones intermedias del 2003 o será hasta la próxima elección presidencial del 2006?
Por ahora Fox puede actuar como mejor le parezca. Tiene legalidad y legitimidad. La sociedad votó por él y su popularidad creció aún más con su Toma de Posesión. A la gente le gustó el cambio. Sin embargo, hay que advertir que ahora la gente le celebra sus ocurrencias. Fox y la sociedad están eufóricos. Se lo merece el único que tuvo capacidad de derrotar al aparato, al sistema, al PRI-gobierno que tenía 71 años en el poder. Fox puede hacer eso y más. Aunque se enojen sus críticos, aunque los priístas respiren por la herida.
Lo que no puede hacer Fox es violar principios, como el respeto -como cuando no respeta el texto constitucional en la Toma de Protesta, o como cuando quiere imponer su fe y sus creencias como la Fe y las Creencias para todos los mexicanos (tiene derecho de creer en lo que quiera, pero debe hacerlo en privado, sin espectáculo, sin show) -, o como cuando desprecia a los diputados llamándolos "jóvenes", o como cuando pone a sus hijos por delante de la Nación.
Fox no hizo su reingeniería personal, aunque sí han trabajado mucho con su imagen y su forma de hablar. Fox debe alinearse a principios.
Desgraciadamente en estos momentos en el país no existe una oposición eficaz, que le haga contrapeso y que evite que Fox pierda el contacto con la realidad y pierda toda proporción y dimensión. Por ejemplo, los priístas no estuvieron a la altura de las circunstancias en la Toma de Posesión.
Perdieron la compostura y la disciplina que durante tantos años los caracterizó. Es preocupante que no haya un equilibrio de poderes en la República y que Fox, sin freno de mano, pueda desbocarse y empezar a cometer excesos, simplemente porque un pueblo ignorante se los celebra y hace una fiesta ante cada una de sus ocurrencias.
Preocupa, también, que Fox quiera aparecer como el hombre providencial. El que va a solucionar todo: seguridad, vivienda, empleo, justicia, distribución de la riqueza, cultura, retener a los mexicanos que huyen a Estados Unidos en busca de una oportunidad. Fox sabe que no tiene los recursos suficientes ni el tiempo para solucionar todos los problemas del país. Tiene que priorizar, tiene que concentrar su energía y sus escasos recursos en dos o tres problemas que sí pueda resolver.
México antes de Fox y México después de Fox (México a.f, México d.f.), no es la mejor imagen que se puede crear. México no empieza de cero ni todo lo que se hizo antes estuvo mal. Es cierto que el país presenta un diagnóstico social, económico y político crítico, pero Fox no puede pretender que todo lo anterior estuvo mal y que sólo lo que él va a hacer estará bien hecho.
Como recurso propagandístico de campaña o de arranque de gobierno puede que se valga, pero mantener esa línea discursiva va a ser ineficaz.
México ha tenido importantes cambios políticos y económicos en los últimos años, son innegables. Es cierto que faltan cambios sociales. Es cierto que tenemos un país de injusticias, de miseria, de pobreza, de desigualdades, de inequidades, de concentración del poder y de la riqueza, de improductividad, de desperdicio, de corrupción, etc. Pero también es cierto que el país goza ahora de un cambio de poderes democrático en paz, con estabilidad económica, con orden social, con expectativas y con una renovada esperanza.
Es cierto, también, que con el retiro del PRI tenemos el final de una era. Pero la nueva era no se dará automáticamente sólo porque Fox tome el poder. Ahora deberá demostrar que puede gobernar al país mejor que los generales o los abogados o los tecnócratas que gobernaron a México en el siglo XX (ver siguiente análisis).
Fox quiere ser el mejor presidente que ha tenido México. El mejor de los 62. No es una empresa difícil, ya que los anteriores fueron francamente malos. Sin embargo, la tarea no será fácil. Pero el éxito no se logrará sólo haciendo bromas o usando un lenguaje coloquial, que a la gente le gusta luego de haber sufrido a Zedillo que fue un caradura, una pesadilla, un tecnócrata gris, sin alma y sin inspiración.
Fox abre una gran esperanza, una gran oportunidad, pero de ese tamaño es el peligro y es la amenaza. El país puede ganar mucho con Fox, pero siendo objetivos, de ese tamaño también puede ser la pérdida. Es mucho lo que está en juego en este cambio de gobierno.
Lo primero que tiene que lograr Fox es un equilibrio sistémico entre lo político, lo económico y lo social. Para ello será indispensable que haga una 2a. generación de reformas económicas (la primera fue la apertura, el TLC, las privatizaciones, la desregulación, reformas que se agotaron durante los 18 años del neoliberalismo). Ahora se requieren nuevos cambios que consoliden la reforma económica tales como una reforma fiscal, una laboral, más desregulación, apertura a la inversión privada en el sector energético.
Igualmente se requiere una segunda generación de reformas políticas (una nueva Constitución, una reforma de la administración pública, nuevas leyes e instituciones y quizá probar algo de democracia directa, como el plebiscito, el referéndum y la consulta popular, negociar la paz con los indígenas en Chiapas y reconciliar al gobierno con la sociedad).
Pero lo más importante no son ya las reformas económicas ni las políticas, sino las reformas sociales, y ahí es donde el discurso de Fox todavía luce pobre, insuficiente, incompleto y desestructurado. Dar créditos a la palabra, a las pequeñas y medianas empresas, a los changarros, dar educación superior para todos y permitir a la población que pueda "escoger a su médico", son buenas iniciativas, pero que no rompen el círculo de la concentración y la dinámica de la inequidad y la desiguladad que existe en el país. Fox va a tener que pensar en reformas más profundas si realmente quiere provocar un cambio social, que le dé sustento a los cambios políticos y económicos que requiere el país.
Y junto a ese cambio social debe venir un cambio de mentalidades, nuevas formas de pensar, un alineamiento de la población mexicana a principios universales (decir la verdad, ser puntuales, decir lo que se hace, poner primero lo primero, saber escuchar, lograr negociaciones "ganar-ganar", trabajo en equipo, etc.). Si la población mexicana no adquiere principios correctos, nuevos actos y hábitos, una nueva ética, jamás el país logrará ser efectivo ni en lo político, ni en lo económico ni en lo social.
Pensar que Súper Fox, que un Súper Héroe en la Presidencia de la República podrá transformar a México es pensar que los cambios se implantan de arriba hacia abajo y de afuera hacia el centro. Ese paradigma está demostrado que no funciona. Si Fox sigue creyendo en él, no logrará los resultados, la efectividad y la transformación que desea y está buscando para este país.
Notas relacionadas:
Se inicia un nuevo ciclo en México
México: desafíos para el nuevo Presidente
| Responda a Yuri Serbolov en nuestro foro |
|
CO PYRIGHT 1997-2000 © Nueva
Mayoria.com
All Rights Reserved |