Rosendo Fraga
La cuestión del liderazgo

Oct-18-00

 

 

La reciente reorganización del gabinete y la renuncia de Carlos Álvarez a la Vicepresidencia, no parecen ser suficientes para resolver la cuestión política central que hoy se plantea en nuestro país, que es el problema del liderazgo.

La Argentina ha sido históricamente un país de liderazgos políticos fuertes. Lo fue Roca como principal figura de la Argentina conservadora en el cuarto de siglo que va desde las últimas décadas del siglo XIX a los primeros años del XX. También lo fue Yrigoyen cuyo liderazgo dominó la política argentina desde los inicios de dicho siglo hasta comienzos de la década del treinta. Fue asimismo el caso de Perón, cuya figura política hegemónica se proyectó desde 1945 hasta los primeros años de la década del setenta.

La situación no cambió con el restablecimiento de la democracia en 1983. Es así como en los años ochenta Alfonsín, como presidente de la Nación y líder de la UCR, fue la figura política dominante. El PJ estaba en la oposición y sin liderazgo hasta que Menem gana la interna por la candidatura a presidente en 1988, pero en el oficialismo la conducción era clara e indiscutida.

En los años noventa sucedió a la inversa ya que la oposición carecía de un liderazgo claro, mientras en el PJ que estaba en el gobierno, Menem era el presidente de la Nación y el líder del partido simultáneamente, como lo había sido Alfonsín en la década anterior.

La situación ha variado en el año 2000 al comenzar la nueva década.

El cambio se dio ya en setiembre del año pasado, cuando De la Rúa decide renunciar a la conducción del partido, semanas antes de la elección presidencial, dejando a Alfonsín la titularidad del mismo. Esta fue la señal clara e incontrastable de que De la Rúa había resuelto ser el presidente de la Nación pero no un líder político, a diferencia de lo que había sucedido con sus dos predecesores.

Es así como hoy en el oficialismo el liderazgo sigue compartido por tres figuras. Alfonsín es el presidente y líder real de la UCR que es el principal partido de la Alianza. La convención, realizada a comienzos de julio, confirmó que el ex-presidente controla el partido al ser elegido uno de sus hombres -el gobernador de Entre Ríos- como su titular. Sus declaraciones contra la convertibilidad, si bien fueron rechazadas por miembros del gabinete, mostraron que mantiene un rol político importante y que es un problema para el Presidente. Por su parte el ex-vicepresidente Chacho Álvarez, que es el líder del FrePaSo, ha demostrado en los últimos días una postura diferenciada del Presidente, planteando en los hechos una línea política alternativa, que pone en riesgo la subsistencia de la Alianza hacia el futuro. El hecho de que las designaciones en la segunda línea del gobierno hoy sean consultadas con Alfonsín y Álvarez es una evidencia de que no ha sido resuelto el problema del liderazgo dentro de la Alianza.

En el PJ tampoco hay un sólo liderazgo en este momento. Por un lado, se delinea un polo bonaerense con el gobernador Carlos Ruckauf, quien aspira a la candidatura presidencial con el apoyo del ex-candidato presidencial Eduardo Duhalde. Por el otro, el gobernador de Córdoba, José Manuel De la Sota, anticipa similares aspiraciones, con el respaldo del ex-presidente Menem, quien mantiene la jefatura del partido y ha visto revitalizado su rol durante la crisis precipitada por la renuncia de Álvarez. Entre ambos polos, el gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, no niega sus pretensiones hacia el 2003, manteniendo una posición relativamente independiente que le es característica.

Surge claramente que estamos en un momento histórico en el cual la Argentina no tiene un liderazgo político firme ni en el oficialismo ni en la oposición y ésta es una de las causas por las cuales no resulta fácil encontrar soluciones eficaces a la crisis desatada por el supuesto pago de sobornos al Senado por parte del Ejecutivo y sus consecuencias políticas, que han sido la renuncia del Vicepresidente y el quiebre político de la coalición oficialista.

Desde esta perspectiva, si bien la reorganización del gabinete muestra que De la Rúa ha buscado posicionar mejor a algunas personas de su círculo y hay intentos para evitar que se formalice el quiebre de la Alianza, ello no parece suficiente para resolver por sí sólo el problema del liderazgo que hoy afecta a la política y la economía argentina.

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