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El Senado y la política argentina |
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Sep-13-00 |
La crisis que hoy afecta al Senado de la Nación es la más grave que ha sufrido desde que el país se organizó institucionalmente a mediados del siglo pasado.
Aún los hechos que afectaron su imagen en los años treinta -como el asesinato de un senador electo en el recinto- no llegaron a afectar la imagen colectiva de la Cámara Alta como sucede hoy.
Pero que se trate de la crisis más grave del Senado no implica que la Argentina enfrente la peor dificultad política de su historia. Bastaría recordar la situación del país en 1955, cuando estaba al borde de la guerra civil, o en 1975, cuando gobernaban Isabel y López Rega y la guerrilla buscaba la toma del poder por medios violentos, para comprender que la Argentina ha pasado por momentos políticos más graves que este.
Asimismo, se trata de una crisis política que no es institucional. En ningún momento está en juego la vigencia del sistema democrático, como sí lo estuvo en el pasado, ni tampoco se plantea eliminar instituciones como el Congreso.
Es decir que se trata de una grave situación política que tiene como epicentro al Senado y que afecta a dos poderes del Estado (Ejecutivo y Legislativo) y tanto al oficialismo como la oposición.
Esta crisis tiene lugar en momentos que la sociedad ha invertido la carga de la prueba respecto a la política. Justa o injustamente la gente cree que los políticos son culpables mientras no demuestren lo contrario.
Por esta razón, no es fácil que en el corto plazo el problema tenga una resolución que satisfaga a la opinión pública, la que mientras no vea a senadores o ministros presos, continuará pensando que sigue habiendo impunidad.
Pero si bien es difícil que se produzcan renovaciones inmediatas en la política argentina y desde esta perspectiva es probable que en el corto plazo aumente el escepticismo y el descreimiento de la gente, sí habrá cambios políticos importante en el mediano plazo.
El hecho de que el año próximo tenga lugar la primera renovación completa del Senado, mediante el voto directo de los ciudadanos, permitirá a los partidos probar su capacidad de renovar candidatos y dirigentes, para así demostrar su voluntad de cambio frente a la sociedad.
El funcionamiento de la política se hará más transparente. Es que la crisis que hoy afecta al Senado, refleja situaciones que también tienen lugar en algunas legislaturas provincias y en determinados consejos deliberantes. Es decir que se trata de vicios que afectan a la política argentina en forma sistémica.
Una política más renovada y más cerca de la gente será la consecuencia de esta crisis en el mediano plazo.
Pero en lo inmediato la cuestión central será en qué condiciones emergerá la administración De la Rúa para seguir gobernando los tres años de mandato que le restan.
La figura presidencial ha visto debilitado su liderazgo en las últimos semanas, por un fuerte crecimiento de Alfonsín como líder del radicalismo por un lado y por el protagonismo de Álvarez en las denuncias del Senado por otro.
No será fácil que las relaciones políticas dentro de la Alianza se recompongan automáticamente después de estos episodios.
Estos hechos seguramente dejarán efectos positivos para la política en el mediano plazo pero en lo inmediato pueden producir situaciones complejas.
Es que esta crisis se produce en un momento en que la política argentina no tiene liderazgos fuertes ni en el oficialismo ni en la oposición.
En la Alianza, Alfonsín, Álvarez y De la Rúa, comparten el liderazgo oficialista, mientras que en PJ, los gobernadores de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, junto con Menem y Duhalde son los que se dividen la conducción de la oposición.
Es posible que entre los efectos mediatos de esta crisis emerjan nuevos liderazgos en la política argentina.
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