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Puntos de contacto de la elección presidencial de EE.UU. y América Latina |
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Dic-14-00 |
El triunfo de Bush vuelve oportuna una reflexión sobre las implicancias de la elección presidencial de los Estados Unidos en América Latina.
El hecho que Florida haya definido la elección, destaca la creciente influencia del fenómeno latino en este país.
Ante todo, cabe señalar que la mayoría de los 32 millones de hispanos que viven en los Estados Unidos están concentrados en cinco de los Estados con mayor cantidad de votos en el Colegio Electoral -California, Nueva York, Texas, Florida e Illinois-, lo que ha sido un factor decisivo para la influencia del voto hispano en este comicio.
Mientras Bush se benefició claramente con el voto mexicano-norteamericano de Texas y el voto cubano de Florida, Gore no habría ganado California sin el apoyo de los americanos oriundos de México y probablemente tampoco habría triunfado en Nueva York sin la adhesión de los portorriqueños y los dominicanos.
Mientras diez años atrás el 80% de los votantes hispanos eran nacidos en los Estados Unidos, en este comicio lo fueron sólo el 50% y se estima que para el 2010 bajarán al 30%. Es decir que en diez años más, el 70% de los votantes hispanos serán inmigrantes nacidos en América Latina con intereses vinculados a la región.
Pero esta elección presidencial, mostró algunos hechos que parecen tener puntos de contacto con las prácticas políticas de América Latina.
Uno de ellos es la creciente influencia de la televisión en la política y en especial en las elecciones, fenómeno común a los Estados Unidos y América Latina.
No sólo los dos candidatos participaron en tres debates de televisión previos a la elección, sino que programaron sus actos proselitistas para que fueran transmitidos en directo por los noticieros de las principales cadenas y asistieron a todo tipo de programas, desde humorísticos hasta talk-shows.
Esta saturación de la presencia de los candidatos en la televisión mostró sus virtudes, pero fundamentalmente también sus defectos.
Para Bob Woodward, uno de los investigadores del caso Watergate, "al elegir Presidente, los norteamericanos están invitando a alguien a visitar todas las noches su casa durante cuatro años a través de la TV. Ganará aquel con quien la gente se sienta más a gusto al verlo en la caja boba".
Otro punto de contacto de la elección presidencial norteamericana con la cultura política de América Latina, está en el aumento del gasto de los políticos.
La campaña del 2000 ha sido la más cara de la historia, según un cálculo de la Universidad de Pennsilvania. A principios de setiembre, los candidatos al Congreso y la Casa Blanca habían gastado ya 2.000 millones de dólares. En esta cantidad, no estaban incluidos los 60 millones que el Estado dio a los candidatos presidenciales en las primarias ni los 67,6 que les entregaron para la campaña del otoño norteamericano.
Una estimación realizada sobre la campaña de Gore, muestra que gastó un millón de dólares diarios. La mayor parte del dinero fue invertido en televisión y ello confirma la importancia de este medio en la campaña, como dijimos. Los 30 segundos de publicidad en una cadena de televisión nacional norteamericana cuestan aproximadamente 300 mil dólares.
Los partidos buscaron dinero donde fuera y como fuera y luego investigaron mecanismos para blanquearlo y distribuirlo, como en el caso de las donaciones ilegales desde el extranjero.
Anthony Corrado, profesor de gobierno en el Colby College de Waterville (Maine), reconoce que "han caído todas las barreras que se levantaron después de ‘Watergate’ para regular la entrada de dinero en las campañas".
La creciente influencia política de los hispanos, las irregularidades denunciadas respecto a la elección, la banalización de la política que implicó la presencia de los candidatos en cualquier tipo de programa de televisión y el aumento del gasto en las campañas -sin tener demasiados escrúpulos en la forma en que se obtiene el dinero-, muestran que si bien los Estados Unidos imponen sus pautas económicas en América Latina, ésta puede estar ejerciendo cierta influencia en la cultura política norteamericana.
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