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Panorama político y preelectoral de Honduras
 

Jul-26-05 - por el Centro de Estudios Nueva Mayoría*

A finales de noviembre de este año, la mayoría de los hondureños irá votar para definir si el futuro Presidente es el oficialista Porfirio 'Pepe’ Lobo Sosa o el liberal Manuel 'Mel’ Zelaya Rosales.
 
En medio de un gran descrédito por la clase política y con el actual mandatario Ricardo Maduro en su punto más bajo de valoración, las elecciones sucederán en un contexto social complicado, donde los principales problemas de la población son la inseguridad y es desempleo.

I- Antecedentes políticos

Honduras ha tenido esencialmente dos partidos políticos dominantes durante la mayor parte del siglo, el Partido Nacional Hondureño (PNH) y el Partido Liberal Hondureño (PLH), con los militares formando alianza con el PNH por un extenso período de tiempo, comenzando en 1963.

El PLH fue fundado en 1891 bajo el liderazgo de Policarpo Bonilla Vásquez y tuvo sus orígenes en los esfuerzos por reformas liberales de finales del siglo XIX. El PNH fue formado en 1902 por Manuel Bonilla como una escisión del PLH. Entre 1902 y 1948, estos dos partidos fueron los únicos reconocidos legalmente, un factor que sentó las bases para el atrincherado sistema bipartidista de rojos (PNH) y azules (PLH).

Las Fuerzas Armadas hondureñas han sido una poderosa fuerza en la política doméstica desde los años 50. Desde 1963 hasta 1971, y de nuevo desde 1972 hasta 1982, los militares, esencialmente, controlaron el gobierno nacional, generalmente con el apoyo del PNH.

En los ochenta, luego del retorno al gobierno civil, las FFAA continuaron siendo una poderosa fuerza política, particularmente durante el gobierno de Suazo Córdova (1981-1985). Durante ese período los militares permitieron la presencia militar de los EEUU y dieron asilo a miembros de la Resistencia Nicaragüense (Contras), quienes intentaban derrocar al gobierno Sandinista nicaragüense.

En los inicios de la década del 90 el funcionamiento interno de los dos partidos políticos tradicionales parecía estar en gran medida libre de influencias militares. Desde que el país retornó al gobierno civil en 1982, los militares no han interrumpido el orden constitucional mediante usurpación del poder como lo hicieran en 1956, 1963 y 1972, y no parecen favorecer más a un partido por sobre otro de la manera en que lo hicieron con el PNH por muchos años.

II- Honduras en Democracia

Desde el retorno de Honduras al gobierno democrático, dos pequeños partidos políticos de centro, el PINU (Partido de Innovación Nacional y Unidad-Social

Demócrata) y el PDCH (Partido Demócrata Cristiano de Honduras), han participado regularmente en elecciones presidenciales y legislativas. Ninguno de ellos, sin embargo, ha desafiado la dominación política de los dos partidos tradicionales. Ambos partidos han recibido la mayor parte de su apoyo de los centros urbanos de Tegucigalpa, San Pedro Sula, Choluteca y La Ceiba.

En las elecciones presidenciales celebradas el 25 de noviembre de 2001 el PINU obtuvo el 1,45% de los votos mientras que el PDCH obtuvo el 0,97%, siendo vencedor el PNH con un 52,21% seguido por el PLH con el 44,26%.

Asimismo, el Partido Nacional también ganó los comicios legislativos que tuvieron lugar ese mismo día, al lograr 61 escaños en el Congreso Nacional (por 55 que obtuvieron los liberales). Maduro sucedió a Flores en la jefatura del Estado el 27 de enero de 2002.

Parece haber pocas diferencias ideológicas entre los dos partidos tradicionales. El PLH, o al menos facciones del mismo, en el pasado sostenía una postura antimilitarista, particularmente debido a la amplia alianza del PNH con los militares. Las dos presidencias del PLH durante la década de los ochenta, sin embargo, parecieron poner fin a la antipatía del mismo hacia los militares.

Ambos partidos son "redes clientelistas" más interesadas en concentrar apoyo político que en ofrecer programas efectivos. Los políticos hondureños enfatizan la competición y el poder y no la resolución de problemas a escala nacional, y el gobierno en Honduras está determinado por la autoridad y poder personal, en vez de por las instituciones.

El nepotismo está extendido y es una característica casi institucionalizada del sistema político: los empleos públicos se consideran como recompensas a la lealtad personal y al partido, más que cualquier relación con la idoneidad y confianza pública. La práctica de usar el poder político para beneficio personal también ayuda a explicar cómo la corrupción parece haberse convertido en una característica permanente no sólo del sistema político, sino también de la iniciativa privada.

A pesar de estas características, los dos partidos tradicionales han mantenido el apoyo de la mayoría de la población (4 de cada cinco hondureños declara preferir algún partido político). El apoyo popular por los partidos tradicionales se basa ampliamente en la identificación familiar con patrones de voto que son transmitidos de generación en generación. Alrededor de un 75% de los votantes se identifican con los partidos tradicionales, teniendo el PLH una ventaja del 5% sobre el PNH.

Luego de las elecciones primarias del 20 de febrero de este año, el presidente del Congreso Porfirio (Pepe) Lobo Sosa, del gobernante Partido Nacional, y Manuel (Mel) Zelaya Rosales, del opositor Partido Liberal, competirán en la elección presidencial de noviembre.

III- El sistema político

El Poder Ejecutivo en Honduras, encabezado por un presidente elegido por mayoría simple, ha tradicionalmente dominado a los poderes Legislativo y Judicial.

El entero aparato gubernamental hondureño depende del Presidente, quien define o estructura las políticas (con la excepción de la política de seguridad, que permanece bajo el dominio militar) a través de legislación o decretos políticos.

Sin embargo, actualmente, en un ambiente de intensa rivalidad y animosidad entre los dos mayores partidos políticos, en el cual el Presidente está bajo presión para recompensar a quienes lo sostienen, las iniciativas concernientes a políticas públicas por lo general no prosperan, ya que el Ejecutivo se ve empantanado en la resolución de necesidades acuciantes de naturaleza local.

Honduras está dividido en 18 departamentos, que se subdividen en municipios autónomos que son administrados por las municipalidades; cada departamento es administrado por un Gobernador designado por el Presidente, mientras que las municipalidades se componen de un Alcalde -presidente de la municipalidad y representante del gobierno-, los regidores y un síndico (fiscal de la municipalidad y representante legal de la misma).

En resumen, la naturaleza del sistema político hondureño a centrarse en el Ejecutivo ha perdurado sin importar si el Jefe de Estado ha sido un político civil electo o un militar, y el centro de autoridad formal e informal del Estado hondureño es el Poder Ejecutivo.

IV - Las elecciones primarias de febrero de 2005

En febrero de este año se celebraron por quinta vez elecciones primarias en Honduras desde el regreso del orden constitucional en 1980. Se presentaron 34 mil políticos para tres mil cargos de elección popular, en las que se eligieron a los candidatos oficiales del Partido Liberal y del Partido Nacional para Presidente, Vicepresidente, 128 diputados y 298 alcaldes.

El resto de los partidos, al no tener movimientos internos, presentan sus candidatos a las elecciones generales sin necesidad de tener que presentarse a las primarias.

Por primera vez en 50 años los hondureños votaron por Vicepresidente, figura que estuvo en vigencia hasta 1954 y que fue sustituida por tres designados presidenciales, escogidos directamente por el Presidente. Las elecciones se hicieron "estrenando" la nueva Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas de mayo de 2004, la que trajo como novedades la reducción del tiempo de campaña, el voto directo para la elección de los diputados y la cuota del 30 por ciento de participación de las mujeres en los cargos de elección popular, entre otras 1

En estas votaciones hubo un estimado de 40% de abstención de la población electoral y los candidatos ganadores fueron Porfirio Lobo Sosa por el PNH y Manuel Zelaya Rosales por el PLH.

La elección trajo hechos curiosos como la presentación del candidato a diputado nacional por el Partido Nacional Mario Tomas Barahona, un pastor evangélico, que llevó a aventurar a algunos la venida de un "estado teocrático" en Honduras.

La elección estuvo fuertemente observada por 80 representantes de la Organización de Estados Americanos, y vigilada por 17.000 militares distribuidos en todo Honduras para resguardar los 5.300 Centros de Votación en los que funcionaron 64.288 urnas.

V- Las elecciones Presidenciales

En los comicios del 27 de noviembre de este año se elegirá al sucesor del presidente Maduro, un Vicepresidente, 256 diputados y 298 alcaldes y concejales municipales 2

Según la encuesta de la consultora Cid-Gallup, realizada los primeros días de junio, los pronósticos indican un empate entre los candidatos de los partidos mayoritarios: Zelaya Rosales y Lobo Sosa recibieron entre 35 y 36 por ciento de la intención de voto.

Los datos emanados de esta investigación sostienen que los candidatos presidenciales cuentan con posibilidades similares de acceder al cargo en noviembre, aunque Lobo Sosa tendría una leve ventaja debido a que el PLH no está totalmente unido y que personas que lo apoyan le dan más posibilidades al candidato oficial. Sin embargo, Zelaya Rosales cuenta con más apoyo de los hondureños independientes.

El estudio establece que Zelaya Rosales cuenta con una opinión favorable del 59% y un 22% desfavorable, mientras que Lobo Sosa alcanza una opinión favorable de 58% frente a un 29 % desfavorable.

Asimismo, son más los entrevistados que creen que Porfirio Lobo Sosa será el próximo presidente en comparación con quienes consideran que la victoria la llevará Manuel Zelaya (el primero lleva ventaja de 5 puntos sobre el segundo)

Pero un dato interesante a tener en cuenta en esta elección, es que según la misma encuesta, la mayoría de los entrevistados manifiesta estar poco o nada satisfecho con el funcionamiento de la democracia (34 y 23% respectivamente), y las posibles razones son que el gobierno actual es visto como más corrupto que los anteriores (53% de la población opina así), y que la percepción de la inseguridad es creciente en el país (1 de cada 5 hogares declara que ha sido víctima de algún robo o asalto en los últimos 4 meses).

Sumado a esto, la imagen del presidente Ricardo Maduro es la más baja de toda su gestión (-4, teniendo en cuenta calificaciones positivas sobre negativas) y, desde enero de 2004, las evaluaciones a su administración han caído 27 puntos. En general, durante todo su gobierno ha habido una desaprobación de la forma en que el Presidente maneja la economía del país (un 37% opina que la maneja mal y un 13% opina lo contrario)

VI- Perspectivas

Hasta el momento ningún analista se atreve a aventurar un resultado electoral. Si bien por un lado el candidato oficialista cuenta el apoyo del Presidente y de todo su aparato, lo cierto es que la imagen de Maduro está en sus niveles más bajos y dependerá mucho de la campaña que encaren los candidatos frente a los principales problemas del país, que son la inseguridad y la desocupación. Los temas de política internacional como los Tratados de Libre Comercio, ocuparán un lugar secundario en las campañas, siempre teniendo en cuenta que hay un 66% de hondureños que tiene idea de lo que se trata y que mayormente piensan que de llevarse adelante traerán beneficios para el país.

Como parte de la percepción de dudosa institucionalidad de la democracia hondureña, la divulgación de encuestas que evalúan la confianza en las instituciones, por ejemplo, han sido proscritas después del 27 de agosto de este año, mediante una acción tomada por el Presidente del Congreso, Porfirio Lobo Sosa y rubricada por el Presidente Maduro.

La mayoría de los hondureños aseguran que sí van a votar en noviembre (2 de cada 3), a pesar de los deficientes servicios públicos incluyendo en el área de la salud; de la caída del poder adquisitivo de la moneda (lempira); de la criminalidad que apenas parece controlada en el último bimestre; con altas tasas de desempleo (desempleo y subempleo afectan al 30% de la fuerza laboral del país) y con medios de comunicación restringidos con bozal en los períodos electorales.

    1La mencionada Ley Electoral legisla sobre la democracia interna de los partidos a través de las elecciones internas, y sobre la elección en la que participa la ciudadanía a través de las elecciones primarias y establece la obligatoriedad de los partidos políticos a realizar elecciones internas para elegir a sus autoridades, conforme a sus estatutos y reglamentos (seis meses antes de las elecciones internas, las autoridades nacionales de los partidos deben hacer un llamado a sus afiliados para que inscriban movimientos internos que cada partido tiene). La ley también establece la formación de una Comisión Nacional Electoral integrada por representantes de todos los movimientos internos inscritos para toda la elección interna.

    2La elección es directa y el voto obligatorio, y el Presidente se elige por simple mayoría de votos (no hay ballotage), por un período de 4 años. Los partidos políticos y los candidatos independientes deben solicitar su inscripción ante el Tribunal Supremo Electoral. Se propicia la participación femenina por medio de la Ley de la Igualdad de Oportunidades para la Mujer (Decreto Legislativo No. 34-2000) y consignada en el Capitulo II de la Ley Electoral y de las Organizaciones Políticas. La alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia de la República es obligatoria por lo que se considera la infracción de esta norma como delito de traición a la patria. A nivel parlamentario, el Congreso tiene estructura unicameral y está integrado por 128 diputados propietarios y sus respectivos suplentes (representación proporcional y simple mayoría de votos en los casos pertinentes), que se eligen también por 4 años.

* Un informe de Norma Domínguez con la colaboración de Francisco Paterson y Joaquín Bilbao

 

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