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Rosendo Fraga

A cuarenta años de la caída de Arturo Illia
 

Jun-27-06 - por Rosendo Fraga

Arturo Illia abandonando la Casa de Gobierno luego de su derrocamiento. (Foto publicada por la Revista Gente)
Arturo Illia abandonando la Casa de Gobierno luego de su derrocamiento. (Foto publicada por la Revista Gente)

El 6 de septiembre del año pasado se cumplieron 75 años de la Revolución del 30, el primer golpe militar exitoso del siglo XX. El 16 de septiembre del mismo año, fueron los 50 de la Revolución "Libertadora" que derrocó a Perón. El 17, se cumplieron 60 años del 17 de octubre. El 28 de junio, son los 40 años del golpe que derrocó a Arturo Illia.

Todas estas fechas tienen significados en la historia política argentina y son materia de debate aún en el presente.

Comenzando con los golpes del 30 y del 55, tienen en común que tuvieron escaso apoyo militar inicial, fueron realizados por sectores minoritarios de las Fuerzas Armadas y encabezados por Generales retirados (Uriburu y Lonardi), los dos de orientación nacionalista. A su vez tuvieron un gran apoyo popular, como lo muestra la Plaza de Mayo llena, festejando los dos golpes. Clase media y estudiantes, fueron el apoyo social explícito de ambos.

La diferencia es que el apoyo social inicial al golpe del 30 se diluyó rápidamente. En cambio, el respaldo al golpe del 55 perduró mucho más tiempo, porque el antiperonismo fue una fuerza política militante durante los quince años siguientes.

El golpe del 30 tuvo efectos sociales y políticos más transitorios, a diferencia del golpe del 55, que profundizó la división que se había creado durante el régimen peronista entre sectores medios y altos antiperonistas y los bajos, peronistas. Fue una fractura político-social mucho más profunda que la generada por el golpe del 30.

La mayoría de la gente, y sobre todo los más jóvenes, no tienen un conocimiento profundo sobre las causas y consecuencias de los golpes de estado, ni puede diferenciar uno de otro. Para muchos, resulta hoy incomprensible cómo los partidos políticos participaban activamente de los golpes.

En los menores de cuarenta años, predomina la visión de militares malos y civiles buenos, y en quienes tienen más edad y vivieron los procesos hay una visión mucho más matizada.

Visto hoy retrospectivamente, el período que vivió la Argentina entre 1955 y 1966, fue dominado políticamente por el conflicto peronismo-antiperonismo. En esos tiempos la política era mucho más importante que la economía. El conflicto político dominaba todo: la cultura, las relaciones sociales, etc…. Fueron años de democracia limitada y los militares eran aceptados como actores políticos por todos los partidos y todos los sectores sociales, lo que hoy puede parecer incomprensible.

Las Fuerzas Armadas fueron un factor de poder político a las cuales recurrían todos los partidos no-peronistas, para evitar que el peronismo volviera al poder. Todos los partidos políticos no-peronistas apoyaron el golpe de 55, algunos respaldaron el golpe contra Frondizi del 62 e, incluso, sectores del peronisno apoyaron el golpe contra Illia del 66. Las fuerzas no peronistas, además, respaldaron la proscripción del peronismo en las dos elecciones presidenciales del período, influyendo para ello sobre los militares.

La resistencia peronista fue un fenómeno de lucha contra los gobiernos no-peronistas -militares o civiles del período- a través de huelgas revolucionarias y, en algunos casos, acciones terroristas aisladas, como colocación de algunas bombas.

En lo que hace al bombardeo a Plaza de Mayo, tuvo lugar en un golpe militar contra el presidente Juan Domingo Perón en junio de 1955, cuando aviones de la Marina intentaron bombardear la Casa de Gobierno para terminar con Perón. La realidad es que no tenían intención de matar a civiles, sino de matarlo a Perón en la casa de Gobierno. Para los antiperonistas, Perón llamó deliberadamente a la Plaza a sus seguidores para usarlos como mártires, mientras él se había refugiado en el subsuelo del Ministerio de Guerra abandonando la Casa de Gobierno. Para los peronistas, fue una masacre deliberada del pueblo peronista. En realidad, fue un efecto no-querido de una acción militar alocada.

Durante el período posterior a la Revolución Libertadora se aplicaron muchas políticas económicas diferentes. Visto desde hoy, el mayor nivel salarial del último medio siglo fue el de este período, aunque fuera menor que el del primer gobierno de Perón (1946-1952). En especial la política económica desarrollista de Frondizi (1958-1962) es considerada hoy como el intento económico más lúcido que tuvo la Argentina en el último medio siglo.

En la década post-peronista, el peronismo tenía coartados sus derechos, en particular el del voto. Pero en el campo cultural e intelectual, fue un período de amplia libertad y desarrollo.

En este contexto, el golpe que derrocó a Illia el 28 de junio de 1966, acentuó una evolución en ellos en cuanto a la magnitud o entidad de la participación militar. En el del 30 no llega a participar ni el 5% de los efectivos del Ejército. El Colegio Militar fue la única unidad militar que participó completa. En el del 43, participó sólo la Guarnición Militar de Campo de Mayo, cerca del 10% del total del Ejército y se libra un combate con la entonces ESMA, con decenas de muertos y heridos.

En el del 55, el golpe lo protagoniza una minoría del Ejército y la Fuerza Aérea y la mayoría de la Armada. Es más importante que en las anteriores, pero igualmente representa una minoría de las Fuerzas Armadas, y puede decirse que participó un tercio de ellas.

En 1962, si bien los tres Comandantes en Jefe encabezan el derrocamiento de Frondizi, detienen al Secretario de Guerra (el General Fraga) porque temen una reacción legalista y quienes en ese momento defendían a Frondizi, pocos meses después retoman el control del Ejército en el conflicto de Azules y Colorados.

En 1966, los tres Comandantes en Jefe vuelven a derrocar al Presidente Illia y ningún sector militar lo defiende pero, igualmente, estaban en contra del golpe los comandantes del Cuerpo II (Caro que fue detenido) y los del Cuerpo (Hure) III y el de Institutos Militares (Cándido López, sobrino nieto del pintor) que son pasados retiro al finalizar el año.

En 1976, las Fuerzas Armadas toman el poder sin resistencia alguna dentro de ellas. En consecuencia, el golpe de 1966 tuvo un rol ya que marcó un paso más en la tendencia de los golpes que cada vez fueron más "institucionales" en cuanto a la participación militar.

Tanto para las Fuerzas Armadas como para la sociedad civil, la caída de Illia fue percibida como un hecho casi inevitable, una suerte de "Crónica de una muerte anunciada" como es el título de la novela de García Márquez. Tanto para militares como civiles parecía el retorno de un ciclo de gobiernos constitucionales y golpes militares que se venían sucediendo desde 1930. El golpe del 66 como el del 62 no generaron fervor, más bien fueron decisiones de las cúpulas.

Este complejo y turbulento período de la historia argentina deja dos lecciones. La primera es evitar que la política se transforme en divisoria entre buenos y malos, como sucedió con el peronismo y el antiperonismo, y la segunda es respetar el funcionamiento institucional.

 

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