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Irak hoy: la necesidad de releer a Trinquier
 

Abr-13-04 - por la Comisión de Defensa del Centro de Estudios Nueva Mayoría


Mientras estas líneas son escritas, ruge en Irak la insurgencia, excitada en la localidad de Falluja por la figura del clérigo shiíta Moqtada Sadr. Las tropas de los Estados Unidos, en su búsqueda de quienes perpetraron las atrocidades contra cuatro contratistas civiles, se encuentran librando duros combates callejeros contra civiles armados, y hasta un encumbrado funcionario de la administración en Washington, ha reconocido que no se controla efectivamente a muchas ciudades en Irak.

Lo hasta acá mencionado, con toda la gravedad que los hechos puedan tener, no deja de ser en realidad una muestra de algo que en estas columnas viene siendo mencionado con insistencia: Estados Unidos, está careciendo de una política clara para hacer frente a la insurgencia en Irak, y ello puede llevar a ese país a un verdadero problema, como es hallarse en una situación de estancamiento en el Golfo sin posibilidad alguna de obtener objetivos políticos concretos. Esta situación, la de enfrentar una insurgencia, no es nueva tanto para los propios Estados Unidos ni para otros países occidentales, por lo que el estudio de las experiencias propias y ajenas son una fuente básica para tratar de elaborar herramientas útiles en estas circunstancias.

En 1961, el coronel del ejército francés Roger Trinquier, escribió 'Modern Warfare: A French View of Counterinsurgency’, en el cual volcaba su experiencia de guerra contrainsurgente, tanto en la entonces Indochina francesa como en Argelia. En su libro, Trinquier, un profundo conocedor de la doctrina insurgente maoísta, remarcó la extrema necesidad de comprender que este tipo de guerra era radicalmente diferente de aquellas para las cuales los ejércitos tradicionales se entrenaban. En efecto, los ejércitos se preparaban, aún lo hacen, para enfrentar sobre un terreno más o menos determinado, a un enemigo que podrá o no disponer de doctrina y armamentos similares a los propios, pero que también busca obtener una resolución al conflicto apelando al uso de la fuerza.

En el caso de la guerra de insurgencia, a la que Trinquier nombró "Guerra Moderna", el enemigo, en este caso la insurgencia, no busca en modo alguno alcanzar una resolución con el empleo de las armas, sino que por medio de acciones puntuales, atentados terroristas, movilización de las masas, acciones de propaganda y otras, trata de crear una situación, especialmente entre la población civil, en la cual el concepto de seguridad sea totalmente vulnerado, mostrando que ellos poseen la libertad absoluta para asestar sus golpes con total impunidad, dejando a las fuerzas regulares del gobierno virtualmente incapaces de proporcionar siquiera un atisbo de seguridad.

Tal accionar se ve facilitado por dos aspectos esenciales. El primero, los grupos insurgentes, operando de manera celular, se encuentran confundidos con la población civil, y por otra parte, poseen un conocimiento pleno del terreno donde se opera, lo que facilita enormemente sus operaciones. Al mismo tiempo, la población civil sufre no solamente por la posibilidad de ser una víctima de las acciones insurgentes o las que realicen las fuerzas gubernamentales contra las mismas, sino que la insurgencia se encarga que los civiles sepan claramente que podrán sufrir represalias en cuanto de una manera u otra se colabore con las fuerzas del gobierno.

Trinquier sostenía que la única forma de romper la situación que la insurgencia creaba con su accionar, era quebrando la relación de apoyo que pudiera recibir de parte de la población. Para ello, se debía accionar en dos frentes de manera simultánea. Uno proporcionando seguridad y el otro, atacando causa del apoyo civil a la insurgencia. Para ello debía comenzarse por operar sobre un sector relativamente pequeño del terreno, al cual fuera relativamente fácil de saturar con tropas del gobierno, de manera de restarle movilidad a la insurgencia y de forma simultánea apoyar a la población civil en todo lo relativo con el mejoramiento de sus condiciones de vida, sin olvidar que el sólo hecho de darle un margen importante de previsibilidad a sus vidas es todo un avance en casos como los que nos ocupan. Una vez que el sector en cuestión fuera pacificado, se debía avanzar sobre otro contiguo, y así sucesivamente, de modo tal de poder lentamente vencer a la insurgencia. Esta estrategia, requiere de dos condiciones básicas: contar con una inteligencia excelente sobre la insurgencia y tener una voluntad política muy grande que permita mantener un esfuerzo prolongado para vencer en este tipo de guerra.

Ahora bien, hasta acá, y de manera harto resumida, hemos expresado lo que podríamos denominar "la teoría Trinquier" de lucha contra la insurgencia. ¿Qué podemos mencionar sobre la misma en el caso iraquí?. En primer lugar, cabría mencionar que lo que estamos observando en Irak es una etapa algo avanzada de la guerra insurgente, ya que los actos de violencia no son solamente llevados a cabo por los grupos de terroristas, tanto iraquíes como de otros países islámicos, sino que hay hechos que muestran que población civil directamente se encuentra detrás de este tipo de accionar. Esto habla de que hasta el momento, las fuerzas de Estados Unidos y sus aliados no habrían podido lograr sobre buena parte de la población el establecimiento de un vínculo que permita asociar a las mismas con posibilidades ciertas de una vida más segura, o al menos tal estado no le es posible de ser proporcionado por otro que no sean los grupos insurgentes. Por otra parte, el hecho que las acciones insurgentes se estén realizando en diferentes zonas de Irak, habla a las claras de que no ha habido una práctica de asegurar sectores pequeños para posteriormente ir ampliando los sectores donde las fuerzas contrainsurgentes controlan el terreno. Más bien, la imagen es parecida a la de un grupo único de bomberos en la necesidad de atender a varios incendios en un tiempo casi simultáneo.

La insurgencia iraquí ha sabido también aprovechar las diferencias existentes en el país entre sunitas y shiítas para explotar las mismas en su favor, atacando así a miembros del gobierno provisional por su pertenencia a uno u otro de los grupos en cuestión. El factor religioso, actúa así tanto como un aglutinante para las masas iraquíes, en el sentido de ver a la lucha insurgente como una acción del Islam contra una nación como los Estados Unidos, tan diferente a sus creencias, como manteniendo divididas facciones internas, haciendo así más factible la preservación del estado semianárquico que vive el país.

Por su parte, las fuerzas de Estados Unidos y sus aliados se han mostrado con falencias en todo lo referente a la producción de inteligencia que provenga de fuentes humanas. Lo hemos mencionado muchas veces, Estados Unidos dispone de la capacidad de obtener inteligencia por medio de recursos tecnológicos de primera magnitud, pero los mismos son aptos para enfrentar a un enemigo que combatirá de manera similar al que las fuerzas de Washington lo hacen, peor nada o muy poco pueden proporcionar sobre uno que no busca un enfrentamiento directo, sino que lo elude, y que para colmo no depende de facilidades tecnológicas susceptibles de ser afectadas por la principal potencia militar del planeta. Este aspecto, reconocido por autoridades norteamericanas, se ve dificultado por las diferencias lingüísticas y culturales existentes entre los aliados y los iraquíes.

Estados Unidos se encuentra en una difícil situación que no le está dejando resultados concretos en la lucha contra el flagelo del terrorismo internacional. Debe imperiosamente contar con una herramienta doctrinaria que le permita combatir la guerra insurgente con posibilidades ciertas de éxito. En este sentido, entre otras, la positiva experiencia británica en Malasia debiera ser observada con detenimiento, para que a la luz de las realidades concretas que Irak presenta pueda establecerse una estrategia acorde con la necesidad de pacificar Irak. No debe olvidarse que mientras los Estados Unidos deban dedicar un esfuerzo masivo a su campaña en Irak, estarán por lógica restando de recursos humanos y materiales para atender al combate contra el terrorismo internacional, el cual como los hechos del pasado 11 de marzo en Madrid, no parece verse muy afectado en su capacidad de sembrar la muerte en el mundo.

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