
Académico, político e ideólogo del Partido de los Trabajadores (PT), Marco Aurelio García, ejerció durante más de una década la Secretaría de Relaciones internacionales del PT, y se convirtió en el inseparable acompañante de Lula en sus giras al exterior. Con Lula en la presidencia, García fue nombrado como principal asesor del Presidente para política exterior y con frecuencia actúa como su enviado especial en una estrategia, que el propio García asegura es "mucho más que la diplomacia del etanol".
Hombre de confianza de Lula, García acompañó al presidente brasileño durante la extensa conversación privada que éste sostuvo con el presidente Ortega y su esposa Rosario Murillo, la noche del martes. "Lo más importante no son los acuerdos formales, sino el entendimiento que existe entre Daniel y Lula", asegura García.
En una amplia entrevista brindada a Confidencial y Esta Semana, el asesor de Lula y también vicepresidente del PT, explicó la visión de Brasil sobre la integración latinoamericana, las relaciones con Chávez y EE.UU, y la oferta que le plantearon a Daniel Ortega.
Brasil: mucho más que "diplomacia del etanol"
Cuando se habla de la política exterior de Brasil hacia América Latina con frecuencia se menciona la "diplomacia del etanol", ¿qué significa esta estrategia de Brasil?
Yo creo que es reducir mucho. El etanol es un aspecto que nosotros estamos planteando con fuerza porque creemos que es una solución, no sólo el etanol sino que el biodiesel también, que permite resolver o por lo menos paliar en gran medida uno de los problemas más claves que los países de la región tienen que es el problema energético.
Los biocombustibles no compiten con la producción de alimentos si los países hacen lo que nosotros estamos haciendo, que es fijar zonas para la producción de alimentos, zonas para la producción de biocombustibles, teniendo en cuenta dos criterios: seguridad alimentaría y preservación del medio ambiente.
¿Ustedes excluyen en ese concepto la producción de maíz, se concentran en caña de azúcar?
Nosotros no usamos maíz en Brasil por varias razones: en primer lugar por la incidencia que eso podría tener sobre la seguridad alimentaria, aunque el maíz no tenga la importancia que tiene acá; en segundo lugar, porque no es rentable, la rentabilidad de la caña de azúcar es muchísimas veces más grande.
Pero no nos gustaría que se reduzca la diplomacia brasileña hacia América Latina exclusivamente a eso. El eje de diplomacia brasileña desde el comienzo del gobierno de Lula es un intento muy fuerte de mirar al sur, sin desconocer nuestras relaciones con Estados Unidos, que están muy buenas, con la Unión Europea, que también están buenas; tratar de sumar esfuerzos en los países de la región; nosotros tenemos una interlocución muy fuerte con Africa también.
¿Pero en relación a América Latina el eje de ese proyecto de integración es el Mercosur?
Hay varios ejes, una especie de olas que se van sucediendo. El Mercosur por supuesto, que es una alianza que nosotros queremos que trascienda el aspecto puramente comercial; Está la Unasur, Unión de Naciones Suramericanas, que está estructurada sobre todo en un proyecto de unidad política con fuerte dimensión en las cuestiones de infraestructura, las cuestiones energética. Queremos crear un instrumento de financiación tipo Banco del Sur y un sistema financiero suramericano. Pero también nosotros hicimos desde hace dos años, un movimiento más fuerte en dirección a América Central, el Caribe, y que ahora se está materializando en gran medida en ese viaje que el presidente comenzó por México y terminará por Panamá pasando por Jamaica.
En este momento, México y Venezuela no forman parte del Mercosur. Se habla de los problemas de la integración de Venezuela, y ahora ustedes le han abierto las puertas a México.
En realidad Venezuela está en un proceso de negociación con el Mercosur y diría que las posibilidades que ella ingrese al Mercosur son mucho más fáciles porque México está atado por el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, lo que significaría algunas complejidades técnicas difíciles de arreglar.
Mientras Lula está recorriendo México, Centroamérica y el Caribe; Chávez visita Bolivia, Ecuador, Argentina, Uruguay, desplegando muchísimos recursos con la diplomacia del petróleo o de los petrodólares. ¿Son dos enfoques diferentes?
Son convergentes. Yo le llamo la atención que Venezuela compra etanol de Brasil y quiere producirlo, porque incluso desde el punto de vista estrictamente técnico, petróleo y etanol o en el futuro, biodiesel, nunca chocarán, sino que al revés, se van a complementar.
Todos los coches brasileños que se mueven a gasolina en Brasil tienen 25% de etanol mezclado. En Venezuela, el gobierno venezolano decidió reemplazar el plomo que hay en la gasolina, que es muy contaminante por el etanol en la proporción del 10%.
O sea que un país como Nicaragua y particularmente el presidente Ortega que tiene relaciones muy estrechas con Chávez y también las tiene con Lula podría beneficiarse de ambas opciones, ¿no son excluyentes?
No, (son) totalmente convergentes, además porque Chávez es nuestro amigo, es amigo de Daniel. Nosotros queremos, incluso, que las opciones por los biocombustibles, cada país debe analizarlas con mucho criterio. Esa cuestión de las zonas de producción, nosotros estamos haciendo eso en Brasil, hacemos un mapa de todas las zonas de producción para que no exista ninguna competencia entre producción de combustible y producción alimentaria, no la hay. Yo diría una cosa que poca gente sabe: de las tierras disponibles para la agricultura en Brasil, solamente el 1% de esas tierras son hoy día utilizadas para la producción de etanol.
Mercosur, ALBA, los TLC y la relación con EE.UU
¿Cómo se ve el ALBA desde Brasil? A Nicaragua se le ha vendido como la alternativa de solución de muchos problemas. Pero Brasil no forma parte del Alba, ¿por qué?
En primer lugar nunca fuimos invitados, esa es la primera cuestión. Pero creo que ese no es el problema central, no creo que el Alba compita con las otras formas de asociación que nosotros tenemos. Tanto es verdad que Venezuela está negociando su ingreso en el MERCOSUR, tiene un rol protagónico en la formación de la Unasur, e impulsa el Alba.
En el caso de Nicaragua, Nicaragua está en el Alba pero a la vez también tiene sus compromisos en la región y tengo entendido que tiene un tratado de libre comercio, CAFTA. Entonces yo creo que no son cosas que se superpongan.
Nosotros vemos que hay aspectos muy interesantes justamente de las dimensiones de solidaridad que el Alba supone. Nosotros estamos impulsando otras formas que no son divergentes, sino que son distintas, por ejemplo, nuestra preocupación en el ámbito del MERCOSUR, en los últimos dos años ha sido muy fuerte en el sentido de reducir las asimetrías que existen entre economías de más grande dimensión, como son la brasileña y la argentina y países como Uruguay y Paraguay.
¿Y cómo se inserta en esta visión brasileña de la integración latinoamericana la relación con Estados Unidos? Chávez lo plantea bajo una retórica muy confrontativa. Lula se proyecta como un aliado con Estados Unidos a pesar de representar un gobierno de izquierda.
Cada historia es una historia. Ustedes saben perfectamente los contenciosos que se establecieron entre los gobiernos de Venezuela y de Estados Unidos, no son resultados de la retórica de Chávez. La retórica puede a veces agravar o disminuir una cierta tensión, pero hay una relación objetivamente conflictiva por razones que son ampliamente conocidas.
En el caso de Brasil, nosotros mantenemos una política independiente en relación a Estados Unidos, pero es una política de interlocución, es un gran país, es una gran economía. No es hoy día nuestro principal socio comercial, el principal socio comercial de Brasil es América Latina.
Nosotros tenemos un comercio muy diversificado.
Nosotros en relación a Estados Unidos tenemos una posición de diálogo pero con muchas diferencias. El gobierno de Lula comenzó con un elemento de choque con choque con Estados Unidos que fue la crisis de Irak. Y creo que los hechos demostraron que no fue una buena solución la que Estados Unidos adoptó en 2003.
A Bush se le criticó mucho la concentración de su política exterior en el tema del terrorismo e Irak, dándole la espalda a América Latina. Recientemente realizó este viaje por algunos países incluido Brasil.
¿Espera Brasil cambios en la política exterior después de los resultados de las próximas elecciones presidenciales en EE.UU?
Hay que ver lo que va a pasar. Yo creo que la verdad de las cosas es que América Latina no está entre las cinco primeras prioridades de Estados Unidos, algunos dicen incluso que eso es bueno, pero no sé. Creo que la inflexión que hubo se debe sin duda alguna a algunos factores de política interna, el tema energético yo creo que Estados Unidos despertó quizás un poco tardíamente para los temas ambientales.
Trabajamos con ellos ahí, como había esa disposición de ellos, nos pareció una cosa correcta. Creo que en algunos países hubo una lectura equivocada, como si Brasil estuviera haciendo un bandazo en su política externa hacia una alianza con Estados Unidos privilegiada en detrimento de América Latina. No. nuestro compromiso es fundamentalmente con América Latina, y eso no sólo se mantiene sino que creo que se profundiza con ese viaje del presidente Lula por México, América Central y Caribe.
La Oferta de Lula a Ortega
Conociendo las relaciones históricas entre Lula y Daniel Ortega hay una expectativa de que entre ambos, ahora presidentes, pueda desarrollarse una relación de cooperación sobre la cual hay mucha expectativa en Nicaragua. ¿Qué se puede esperar de los acuerdos que se están suscribiendo?
Creo que más que de los acuerdos formales, está el entendimiento, ya los dos presidentes tuvieron la posibilidad de tener una primera conversación informal ayer, que fue muy positiva porque nosotros pudimos tener una percepción más grande de cuáles son las dificultades, las demandas por las cuales Nicaragua está pasando.
Creo que ahí va a plantearse una cuestión muy particular ¿cómo podemos resolver en la ayuda cuestiones que son de largo plazo? Por ejemplo, no se puede resolver una crisis energética en un mes, dos meses, porque son problemas que, imagino que, el gobierno heredó desde hace mucho tiempo, falta de inversiones. Entonces se puede adoptar soluciones de mediano y de largo plazo. Creo que el presidente Ortega tiene muy claro eso y nos ofreció un cuadro muy sólido de informaciones, y a ver también si hay posibilidad de resolver algunas cuestiones de cortísimo plazo. El problema es que en general las cuestiones de corto plazo son soluciones muy caras y que tienen eficacia temporaria.
¿El enfoque de la cooperación Brasileña es un concesional, está basado en préstamos o en donaciones?
Nosotros tenemos límites institucionales en el país. Se basa en préstamos, nuestra idea es de que eso pueda mantenerse, sean financiaciones de largo plazo que correspondan justamente al proceso de recuperación de la economía de los países. Pero además de eso hay también un tipo de cooperación técnica muy fuerte, que eso sí, eso es una cooperación que nosotros la damos.
En materia de salud se estuvo discutiendo alguna cosa; en materia de educación; en materia de cooperación técnica en el sector agrícola, nosotros tenemos una muy importante empresa estatal de investigación científica y tecnológica sobre la agricultura, EMBRAPA, que hoy día tiene una presencia mundial incluso, y que podría perfectamente ayudar a Nicaragua sea en cuestiones de biocombustibles, sea en cuestiones de producción de alimentos, de ganadería, etc. Todas esas cuestiones fueron evocadas en la conversación que mantuvimos con el presidente Ortega.
Lo otro que llamó la atención es la presencia de un grupo muy fuerte de empresarios brasileños en esta delegación acompañando al presidente Lula, ¿qué papel juega el sector privado en esta diplomacia brasileña?
Sí. Obvio que los gobiernos de la región demandan una mejora del comercio. Nosotros tenemos un problema con nuestro comercio con América Central y el Caribe, que es muy deficitario en relación a los países de la región, Nosotros exportamos mucho más de lo que importamos.
Entonces una de las ideas es tratar de establecer un equilibrio un poco más grande de ese comercio, pero eso no basta. Yo creo que otra demanda que es muy fuerte es la demanda de inversiones. Por suerte los empresarios brasileños, yo creo que un poco empujados por el presidente Lula, decidieron internacionalizarse más, y tienen interés en un mercado centroamericano. Además, con los tratados de libre comercio acá, los países de la región, pueden ser también una puerta de ingreso. Ahora es una marca del gobierno de Lula: el presidente siempre se desplaza con un número muy importante de empresarios, y resulta en ganancias para el país visitado y para la economía brasileña.
¿Qué nivel de interés encontraron en el presidente Ortega para abrir las puertas del país para la cooperación brasileña en materia de biocombustible?
El presidente mencionó las experiencias que hay acá en la cuestión de caña y también en la cuestión de biodiesel con la explotación de la palma africana. Él manifestó su preocupación de que eso no intervenga en la cuestión de la producción de alimentos, que es nuestra preocupación, entonces lo que el presidente Lula se dispuso fue que técnicos de Embrapa pudieran discutir para transmitir nuestra experiencia, que servirá en cierta medida para que se vea cuales son los límites.
¿Qué es lo que ofrece específicamente Brasil a Nicaragua en este campo, es asistencia técnica o financiamiento?
Asistencia técnica. Yo diría concretamente que hay muchos sectores que estarían interesados en inversiones, sectores privados que están interesados en inversiones. El financiamiento nosotros lo podemos ofrecer, ahí, bueno, si es el caso, hay que analizar cada proyecto. Pero creo que más bien en las cuestiones energéticas, hidroeléctricas, carreteras, en fin, y después, de nuevo, cooperación técnica en los ámbitos de educación salud y otras cosas.
¿En el caso del programa Hambre Cero, en el cual Brasil tiene una vasta experiencia, qué tipo de intercambio se ha planteado?
Nuestra idea es que pudiéramos tener acá lo más pronto posible el Ministro nuestro de bienestar social, además de otros técnicos para que pudieran transmitir la experiencia nuestra. El proyecto Hambre Cero acá tiene otras características, tiene algo que ver con el proyecto de apoyo a la agricultura familiar que nosotros también tenemos en Brasil.
El requisito es que las familias tengan una parcela de tierra.
Sí. Y nosotros tenemos allá un programa de apoyo a la agricultura familiar, que es muy semejante, entonces podríamos quizás recibir por un parte experiencias, conocer las experiencias nicaragüenses y trasmitir las nuestras. Y el Hambre Cero tiene otras características, es un proceso de transferencia de ingresos.
Alcanzar soluciones post neoliberales
¿Cómo se ubica Lula y su gobierno en esta discusión que se plantea hoy en América Latina sobre el socialismo del siglo XXI?
No creo que deba ser una discusión que se plantee a nivel gubernamental.
Lula pertenece a un partido, el Partido de los Trabajadores, que es el mío también, y nosotros vamos a tener un congreso ahora, uno de los puntos del congreso es justamente el tema del socialismo. A nosotros nos parece que esa discusión es importante. Yo no quiero transformar socialismo del siglo XXI en algo donde exista solamente una opción, porque incluso las opciones pasadas cuando solamente había un modelo socialista no resultaron.
No creo que nosotros después de todas las derrotas políticas que tuvimos y de las victorias más recientes que tenemos, debiéramos apresurarnos mucho. Los temas son relevantes, son importantes, pero a mí me parece que una de las cuestiones claves en el momento actual en la región no es tanto una reflexión general sobre socialismo, sino que es una reflexión más concreta y con resultados inmediatos sobre cómo alcanzar soluciones que yo llamaría de post neoliberales, porque el neoliberalismo fue un largo tsunami que se batió sobre nuestras economías en general y que tuvo consecuencias económicas, sociales, y yo diría incluso, políticas, muy malas. Y lo que nosotros estamos asistiendo es una gran ola democrática en la región, yo creo que nunca hubo una ola democrática tan fuerte con una especificidad, primero, con fuerte apoyo popular; y segundo lugar, con un cariz de izquierda o de centro izquierda muy diversificado, lo que es muy positivo.
Dicen que no hay una sola izquierda en América Latina, ni siquiera dos...
No, ni siquiera dos, pero diría que hay muchas izquierdas pero hay, de cualquier manera, un esfuerzo de convergencia de esas izquierdas todas, y creo que el diálogo es muy importante.
* Artículo publicado en el Semanario CONFIDENCIAL de Nicaragua, en la tercera semana de agosto de 2007