"La pobreza tiene caras feroces en América Latina"

Sep-11-2002
Entrevista a Bernardo Kliksberg, coordinador general de la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

"En la Argentina, en el término de 10 años, siete millones de personas dejaron de ser clase media para pasar a ser 'nuevos pobres'. Prácticamente no se conoce un caso similar, con esta velocidad y con esta masividad"

Es importante entender de qué estamos hablando cuando nos referimos a "pobreza" en América Latina. ¿Existen realmente indicadores comunes a la hora de medir la pobreza en la región?

Hay una gran discusión metodológica sobre cómo medir exactamente "pobreza", pero hay mediciones consistentes en el tiempo que usan la misma metodología, como la de la CEPAL. Según la medición de este organismo, la pobreza ha aumentado significativamente desde 1980 a la actualidad. Las mediciones se hacen básicamente con relación al costo básico de vida, que contempla lo que las personas necesitan para vivir (el consumo de los insumos más elementales), lo que varía según los países.

Desafortunadamente la pobreza ha aumentado, y el 50 por ciento de la población latinoamericana está debajo de la línea de pobreza.

Las cifras argentinas son absolutamente sólidas. Hay una excelente metodología de medición de la pobreza que desarrolló el Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (SIEMPRO) y que se viene aplicando desde hace 10 años en forma consistente. Según esos datos, en Argentina el 53 por ciento de la población y el 70 por ciento de los chicos están por debajo de la línea de pobreza.

¿Cuáles son esas "caras de la pobreza" a las que usted hace referencia en sus exposiciones?

La pobreza tiene caras feroces en América Latina. La pobreza mata, acorta la esperanza de vida y destruye la calidad de la vida.

La primera de esas caras es la de los niños, que son las víctimas más importantes: seis de cada diez niños latinoamericanos está por debajo de la línea de pobreza, y los cuadros actuales de privación de estos chicos son muy duros en la región. Según los últimos datos de la CEPAL, el 33 por ciento de los más pequeños (de menos de 2 años de edad) se encuentra en situación de "alto riesgo alimentario". Es decir que en un continente inmensamente rico en materia de posibilidad de producción de alimento, más de uno de cada tres chicos está desnutrido. Según datos de este año de la OIT, 22 millones de jóvenes menores de 14 de años trabajan, por lo tanto pierden virtualmente el colegio, y aumentan los chicos de la calle, que son la expresión más cruda de cómo una sociedad es incapaz de proteger a sus niños. Los chicos de la calle tienen una esperanza de vida muy corta y están en situación de abandono total, librados a las peores posibilidades, y entre ellas al exterminio de grupos parapoliciales, como está sucediendo en Brasil, en Colombia, en Centroamérica... Hace pocos días se terminó una encuesta gigantesca sobre chicos de la calle en Honduras, y los resultados no son muy distintos a otras realidades: hay 20 mil chicos viviendo en las calles de Tegucigalpa, el 60 por ciento está en estado de depresión psíquica y 6 de cada 10 se suicidan.

La segunda cara de la pobreza son las mujeres pobres. Las madres humildes de las zonas marginales y rurales que, en muchos casos, han visto sus familias destruidas bajo el impacto de la pobreza. El abandono del cónyuge masculino en el 30 por ciento de los hogares carenciados de la región tienen sólo a la madre al frente. Ellas son, en mi opinión, la más importante red de protección social ya que se mueven con un coraje tremendo al tiempo que sus vidas son un infierno ya que deben ganar el sustento y defender a su familia en condiciones muy difíciles.

La pobreza también tiene cara de indígena. En Latinoamérica hay 40 millones de indígenas y el 95 por ciento está en pobreza extrema. Esto afecta a los grandes sectores indígenas de Bolivia, del Perú, de Guatemala...

Tiene, además, cara de población afroamericana. En los últimos años se ha detectado en Brasil, por ejemplo, que las cifras de presencia de la población de color en la escuela primaria, secundaria y superior, son inmensamente menores que la de la población blanca. Es decir que en nuestras sociedades opera explícitamente -aunque no legalmente- el mecanismo de discriminación.

Tiene cara de jóvenes en América Latina: la tasa de desocupación juvenil es actualmente del 22 por ciento, el doble que el promedio de la región, que es del 11 por ciento.

Y por último, la pobreza tiene cara de discapacitados -quienes virtualmente no tienen ninguna protección- y de ancianos -los que después de una vida de trabajo tienen haberes jubilatorios con cifras absolutamente irrisorias-.

En los últimos tiempos se ha puesto de moda el término de "nuevos pobres". ¿Podría decirse que son una nueva cara de la pobreza?

A todas esas caras de la pobreza se incluyó en este concierto de la miseria latinoamericana -previo esfuerzo metodológico para medirlo- esta cara de los "nuevos pobres", en la cual Buenos Aires es una expresión casi extrema de lo que esto puede significar. En la Argentina, en el término de 10 años (de 1990 a 2000), siete millones de personas dejaron de ser clase media para pasar a ser pobres. Prácticamente no se conoce un caso similar, con esta velocidad y con esta masividad. El 20 por ciento de la población pasó a ser "nuevo pobre".

Pensando en las posibilidades de América Latina como región, ¿cuáles diría que son las causas de la pobreza?

América Latina es un enigma desde el punto de vista de las ciencias del desarrollo. Al comienzo de los años 60s, el sentir mayoritario de los especialistas era que la región estaba "condenada al éxito" porque tiene una de las dotaciones de recursos naturales más importantes del planeta, materias primas y estratégicas en gran cantidad, fuente de energía barata, grandes posibilidades de producción agropecuaria, excelente ubicación geográfico-económica y una buena dotación de recursos humanos. Sin embargo, el continente asiático logró el éxito y América Latina se hundió en problemas económicos y sociales muy graves. Esto hace que actualmente se llame a esta situación "el enigma": porqué un continente potencialmente tan rico tiene tanta gente tan pobre.

Una de las explicaciones centrales de este "enigma" está dada en la desigualdad. Se escucha decir, generalmente, que en América Latina hay mucha pobreza y muchas desigualdad. Pero no es así porque, en realidad, "hay mucha pobreza porque hay mucha desigualdad", y ésa es una razón central.

La desigualdad de América Latina es la mayor del planeta actualmente dado que tiene la mayor brecha social de todos los continentes del mundo: el 10 por ciento más rico de la población tiene 84 veces lo que el 10 por ciento más pobre de la población.

¿Esta desigualdad es aún mayor que en el África?

África es más pobre, pero la brecha social de América Latina es peor que la de África. Así lo indican los estudios del BID, del Banco Mundial, etc.. Todos los organismos internacionales son unánimes en esto.

Latinoamérica tiene lo que se llama el peor coeficiente Gini, que mide la desigualdad en la distribución del ingreso.

Pero no es sólo que hay una gran distancia entre los salarios de los calificados y los no calificados, sino que yo distingo cinco tipos de desigualdades: la desigualdad salarial (mientras que en Noruega la desigualdad es de 3 a 1, en América latina puede ser 500 a 1); la de activos productivos; la del acceso al crédito (en América Latina hay 60 millones de PYMEs que generan 160 millones de empleos, y están absolutamente discriminadas por los circuitos de crédito ya que sólo el 5 por ciento del total del crédito regional va las PYMEs); la del acceso a educación de buena calidad y la del acceso a la salud.

Además, habría que agregar una desigualdad que es más reciente, y que es la desigualdad en el acceso a la Internet y a la informática. En América Latina se está creando una generación de analfabetos cibernéticos, ya que sólo el 1 por ciento de la población tiene acceso a la Internet, y el 99 por ciento restante varía según los países, donde hay casos que no tienen acceso a la computadora y en muchos otros, ni siquiera tienen acceso al teléfono.

¿Cómo son las desigualdades en materia de educación y salud?

Si bien la democratización ha permitido que casi todos los chicos empiecen la primaria, entre el 25 y el 50 por ciento, según el país, no terminan el cuarto grado de la escuela primaria, y hay unas tasas de deserción y repetición elevadísimas, concentradas en los sectores pobres. Hoy América Latina tiene una tasa de educación por persona que es de 5,2 promedio, lo que significa que un latinoamericano promedio está llegando al SXXI sin haber terminado la escuela primaria. Los jefes de hogar del 10 por ciento más rico de la población tienen 12 años de escolaridad, los del 30 por ciento más pobre tienen sólo 5 años. Esos siete años de diferencia van a ser totalmente determinantes a la hora de abrir posibilidades laborales).

En cuanto al acceso a la salud, si bien ha habido avances, las cifras de la región son inquietantes: una de cada 130 madres muere al dar a luz, lo que representa 28 veces la tasa de mortalidad materna de los Estados Unidos. Estas son muertes gratuitas ya que por año 2,2 millones de madres pobres dan a luz sin ningún tipo de asistencia médica. Por otra parte, hay 190 mil chicos que mueren anualmente por enfermedades absolutamente prevenibles, o por falta de vacunación (82 millones de niños en la región no tienen todas las vacunas que debieran tener). La tasa de mortalidad infantil en Bolivia, por ejemplo, es una de las peores: en 2002, de cada mil chicos, 88 mueren antes de cumplir el año de edad. Para dar una idea comparativa, en Canadá mueren 6 de cada mil, es decir, 15 veces la diferencia.

¿Cómo influye la desigualdad en el crecimiento?

La desigualdad es intolerable éticamente y constituye la traba central para el crecimiento económico. Los países que mejor vienen creciendo en el mundo en los últimos cuarenta años, son países con buenos niveles de equidad, como Noruega -que está primero en todas las estadísticas mundiales-, Suecia, Dinamarca, Holanda, Canadá.

Si hay mucha desigualdad se dificulta en la economía la formación de ahorro interno. Por ejemplo, las economías coreana y japonesa están basadas en millones de pequeñas y medianas empresas en el campo y en la ciudad y estos pequeños empresarios ahorran mucho conformando un capital nacional significativo.

La gran desigualdad también reduce el tamaño del mercado al disminuir el número de consumidores reales, lo que impide que las empresas puedan tener productividad y mayor competitividad.

Por otra parte, permea el sistema educativo ya que aunque la escuela admita a todos, muchos pobres desertan.

Finalmente, la desigualdad afecta la gobernabilidad democrática como vemos que está sucediendo en América Latina. Los seres humanos se rebelan contra las grandes desigualdades y dejan de creer en aquellos que toman las decisiones. Hay políticas -en nuestra región ha habido mucho de eso- que generan y excitan estas grandes desigualdades, como las políticas aplicadas durante los 90 en la Argentina cuyo resultado objetivo fue el aumento de la desigualdades al punto de destruir la clase media. Argentina tenía un promedio del 53 por ciento de población en la clase media, y ahora tiene apenas un 23 por ciento en esa franja.

Si tuviésemos que trazar un mapa de América Latina donde situemos los países de la región que están mejor y los que están peor con respecto a estas desigualdades, ¿cómo sería?

Esta pregunta me permite mostrar como, por ejemplo, en América Latina hay un país muy modesto, como lo es Costa Rica, casi sin recursos naturales importantes, con un producto bruto per cápita muy bajo, y que sin embargo tiene logros espectaculares. Mientras que en América Latina la pobreza es del 50 por ciento, en Costa Rica actualmente es del 18 por ciento; mientras que en la región hay severos problemas de educación y salud, los costarricenses tienen un sistema educacional que permite que un porcentaje abrumador de la población termine el colegio secundario y, además, el 95 por ciento de la población está protegida por un seguro de salud pública de excelente calidad.

Junto a Costa Rica, hay que mencionar grandes logros en el campo social en el Chile democrático. Pinochet consiguió algo que la gente no conoce mucho y es que duplicó el número de pobres: cuando empezó la dictadura era el 20 por ciento y cuando terminó era el 40. La democracia chilena, haciendo políticas públicas muy agresivas en el campo social, una buena concertación con los sectores empresariales para asignar muchos más recursos en esa área y mediante una buena gerencia, logró bajar la pobreza al 25 por ciento.

Uruguay también, a pesar de ser un país muy pequeño y de sus problemas, sigue teniendo estándares sociales mejores que toda América Latina porque tiene un estado que desarrolla políticas de protección importantes.

Del otro lado está buena parte de América porque las cifras de desigualdad son extremas. Por ejemplo, un país como Brasil que es la octava potencia industrial del mundo, que tiene logros notables en muchos campos, es el segundo país más desigual de todo el planeta, lo que impacta en la vida cotidiana de sus habitantes. Hay un estimado de la UNICEF que dice más del 50 por ciento de los hogares no tienen acceso a un baño.

En México, las estadísticas oficiales hablan de 40 millones de pobres, lo que representa el 40 por ciento de la población, y otras estimaciones son más severas aún.

En Perú el 53 por ciento de la población está por debajo de la línea de pobreza y Ecuador esta cifra supera el 60 por ciento.

Imagino que no es casual que Costa Rica se destaque en la región por la solidez de su sistema democrático...

No es casual para nada. Además, según el resultado de la encuesta del Latinobarómetro, Costa Rica es uno de los pocos países donde la inmensa mayoría de la población está muy satisfecha de cómo funciona el sistema democrático.

Otro dato relevante es que en Costa Rica la gente actualmente vive más años que en los Estados Unidos: los costarricenses tienen 3,5 meses más de esperanza de vida que los estadounidenses.

¿Cuáles son las razones del éxito de una economía tan pobre, que sólo tiene café y banana? El altísimo nivel de equidad. Es una economía con muy poca distancia, con un sistema democrático absolutamente estable -en el año 48 abolió las fuerzas armadas-, y tiene una gran concertación política, con un proyecto nacional. Todo el mundo está de acuerdo en apostar a la educación y hay una inversión en esa área del 6 por ciento del Producto Bruto Nacional, mientras que en Latinoamérica el promedio es menos del 4,5 por ciento. Esta situación le ha llevado a reconvertir su economía y hoy exportan chips tecnológicos porque las empresas de tecnología de punta ven en Costa Rica un lugar estable y con mano de obra muy calificada. Además hace turismo ecológico para los países desarrollados.

Entonces, todo esto parece decir: "miremos a la modesta Costa Rica" que tiene un estado muy presente en la economía, políticas públicas muy agresivas en salud y educación, garantiza los derechos mínimos a toda la población, tiene una excelente gerencia social, tienen un verdadero control social de la población con participación concreta, y tiene una democracia absolutamente activa.


"En América Latina necesitamos políticas públicas que se hagan responsables de asegurarle a la ciudadanía los derechos básicos a la vida"

La reflexión final es que en América Latina hay alternativas porque tiene todas las potencialidades. Soy optimista respecto al futuro, creo que hay que construir "una economía con rostro humano", esa es la propuesta del libro que termino de publicar.

Cuénteme un poco más de su libro "Hacia una economía con rostro humano"...

Básicamente, lo que digo en mi libro es que en América Latina necesitamos políticas públicas que se hagan responsables de asegurarle a la ciudadanía los derechos básicos a la vida. La desigualdad se enfrenta con educación, salud y acceso a la informática para todos. ¿Qué no hay recursos?, países mucho más pobres que los nuestros hacen eso porque sus prioridades están bien seleccionadas. Deben existir las prioridades, ya que si los recursos se priorizan adecuadamente, deberían ir en esa dirección.

He trabajado mucho en varios libros recientes la idea de "capital social". Una sociedad civil totalmente movilizada -como sucede en muchos países desarrollados- puede aportar movimientos potentes, como el voluntariado o como la responsabilidad social de la empresa privada. Yo lo llamo una "alianza virtuosa" que si se hace entre políticas públicas agresivas y una sociedad civil movilizada puede cambiar la situación.

Para que todo esto funcione es necesario volver a ligar la economía con la ética, con los valores. Una economía que tenga en cuenta y estimule valores como el amor, la solidaridad, la cooperación, puede dar resultados muy distintos. Y una cultura ética de la población es el único medio de evitar los episodios de corrupción tan graves que han tenido nuestros países.

Entrevista de Norma Domínguez

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