
Son muchas las obras que han tratado el tema de las Cruzadas desde el siglo XII hasta hoy. Primero escribieron los cronistas de la época, en los siglos siguientes los historiadores que veían el conflicto como una proyección al presente -dado que la amenaza musulmana fue real para Occidente hasta el siglo XVII-, luego a partir del XIX vinieron las visiones críticas en el marco del predominio del pensamiento racionalista y en los últimos años, razones culturales, han generado una mayor atención por dicho conflicto, en el marco del interés despertado por temas como los Caballeros Templarios.
El autor, Geoffrey Hindley estudió en Oxford y pese a ser un reconocido medievalista, también ha sido profesor de cultura europea y de historia de la música.
En mi opinión, su visión sobre las Cruzadas, aporta algunos puntos de vista interesantes, por lo general poco tratados.
El primero de ellos, es que reconoce que gran parte de los europeos que marchaban a recuperar Jerusalén, lo hacían por motivos religiosos -alcanzar la vida eterna, es decir el cielo- y no por un mero afán de conquista militar y económica y como forma de canalizar la violencia imperante en las costumbres de la Europa Medieval, sin negar que estas motivaciones existieron.
Destaca un hecho poco reconocido y es que las mujeres en los estados latinos o francos del Cercano Oriente, tuvieron un rol mucho más destacado e independiente de las que vivían en Europa. Es que no regía en los reinos cristianos del territorio musulmán, la llamada "ley sálica" que excluía a las mujeres de la sucesión real.
Señala que en el Reino de Jerusalén, pese a encontrarse en un entorno hostil que los obligaba a guerrear constantemente -como también lo hacían entre ellos al igual que en Europa- las leyes eran mucho más permisivas respecto a que las mujeres podían ser terratenientes, que en el sistema feudal tradicional.
Demuestra también como durante los siglos XII y XIII, que duró la presencia europea en el Cercano Oriente, pese a las masacres que por motivos religiosos se cometieron por ambas partes en los hechos existió una sociedad "multicultural", que incluía a católicos romanos, cristianos ortodoxos que predominaban en Bizancio, musulmanes y judíos.
Estos convivían en paz durante largos períodos, con una tolerancia respecto a las otras creencias, que a los recién llegados de Europa, en las sucesivas cruzadas, les costaba mucho aceptar y muchas veces acusaban a los católicos de Tierra Santa de ser excesivamente tolerantes con los "infieles".
La imagen de la gran matanza que tuvo lugar cuando los cruzados tomaron Jerusalén en 1099, no impidió que en décadas posteriores, se permitiera la peregrinación de musulmanes hacia la Ciudad Santa, ni que cuando éstos la recuperaran, permitieran a su vez las que realizaban los cristianos.
En cuanto al enfoque historiográfico, este libro muestra como si bien por lo general se considera que las Cruzadas duraron dos siglos, desde la primera a fines del siglo XI hasta la caída de Acre a fines del XIII, el ideal cruzado había nacido antes, como venía sucediendo en la Península Ibérica en la "reconquista" española, en el norte de Europa contra lo paganos y en el Este de Europa frente al avance musulmán.
Destaca que el nombre como tal recién se va imponiendo pasada la primera Cruzada -en realidad la única exitosa desde el punto de vista militar- y que el "ideal cruzado, duró varios siglos más después de la caída de la Fortaleza de Acre, última posición cruzada en territorio musulmán.
Durante el mismo período de las Cruzadas en el Cercano Oriente, se emprendieron otras contra los herejes, como sucedió con los cátaros en el medio día francés y también en esos años, cuando se creó la Inquisición contra otras herejías.
Explica como en los estados Bálticos, Rusia y algunos territorios de los Balcanes se realizaron cruzadas contra paganos durante el siglo XIV, el XV y hasta el XVI. La lucha contra los turcos en el Mediterráneo hasta el siglo XVI, eran vistas también como una versión del ideal de las cruzadas.
Además, las posiciones católicas en Chipre y Rodas, que se prolongaron varios siglos después de la caída de Acre, fueron las bases desde las cuales infructuosamente se planificaron sin éxito planes para reconquistar Jerusalén, que generaba una fuerte nostalgia en el pensamiento de los caballeros católicos.
Es recién con la Reforma y la Contra-Reforma que comienza en el siglo XVI y deriva en las guerras de religión que dividen a Europa en las décadas siguientes, que el ideal cruzado desaparece.
Pero ante todo, este libro es una interpretación no maniquea de las Cruzadas, la que con objetividad y equilibrio, analiza las ambigüedades y contradicciones de este período histórico, que además presenta diversas claves de interpretación -como el autor lo señala- para el conflicto que se plantea con el terrorismo fundamentalista a comienzos del siglo XXI.