1. La situación en Venezuela sigue siendo enormemente difícil. A pesar del hecho de que Chávez no fue derrocado el 11 de abril -como mucha gente en Venezuela esperaba que ocurriera-, y de que hasta cierto punto haya podido consolidar algo de su poder, la situación en Venezuela no ha mejorado: se percibe una enorme polarización social y política, de muy difícil salida. En mi opinión, este país se dirige hacia una polarización como la que ocurrió en el Chile de los 70: muy fuerte, con dos bandos desencontrados, donde uno de ellos se aferra al poder y el otro quiere sacarlo del mismo. El presidente Chávez fue elegido democráticamente, y en gran medida se ha mantenido dentro del cauce de la constitucionalidad. Se cuestiona mucho la legitimidad del régimen en Venezuela por parte de la oposición, pero cuando uno hace comparaciones con otros países y otras experiencias, está claro que a pesar de que han habido cosas irregulares y no del todo constitucionales, en general el proceso venezolano ha seguido la vía institucional y democrática hasta que se produce el “cuasi golpe de Estado” de abril. El drama es que la oposición quisiera sacarlo de inmediato y mantiene una especie de doble discurso: por un lado hablan de una salida constitucional, y por el otro dicen que un golpe de Estado es inevitable y que no harían mucho para detenerlo; que se va a llegar a otra confrontación y que las Fuerzas Armadas en algún momento van a actuar. Los que piensan así, desgraciadamente no están pensando en lo que puede ocurrir después. Ese es el tema fundamental de la situación en Venezuela: no hay salida constitucional fácil, y si se llega a un golpe de Estado o una revocatoria del mandato de Chávez, se produce un salto al vacío.
2. En la oposición política - los partidos políticos tradicionales, las nuevas fuerzas, y quienes acompañaron a Chávez en un principio y ya no- se sostiene que hay tres formas constitucionales de remover al Presidente. La primera sería un enjuiciamiento político, y efectivamente los cambios que ocurrieron recientemente en el Poder Judicial abren la puerta a un juicio legal por irregularidades, y existen acusaciones contra Chávez en temas que van desde malversación de fondos hasta lo ocurrido durante la protesta que llevó al intento de golpe. La segunda vía, que está prosperando en el Congreso, es una enmienda constitucional que acortaría el período de Chávez y llamaría a elecciones, en las que Chávez se podría presentar de nuevo pero, al introducir una segunda vuelta, los sectores que propician esta alternativa creen que podrían derrotar a Chávez con esa estrategia. Y la tercera, que está contemplada en la Constitución venezolana, es un referéndum revocatorio, que podría hacerse más o menos en un año. Es curioso que casi nadie crea en esta última alternativa, porque la oposición cree que un año es demasiado tiempo, que el país no aguanta un año más -cuando en realidad un año es poco tiempo para armar una fuerza política coherente, unida y con el arrastre social y político necesarios para derrotar a Chávez. La oposición cree en una salida extrajudicial, al verla como la más rápida, donde después de que un fiscal haya dictado alguna acusación en contra del Presidente, que haya sido avalada por las cortes, la Asamblea Nacional podría revocar su mandato. La alternativa de la enmienda constitucional me parece muy difícil, aunque algunos estén entusiasmados con ella: requeriría no solamente una aprobación por parte de la Asamblea Nacional, sino también un referéndum posterior, lo que demoraría no menos de un año. Y esa estrategia tampoco es buena porque no es seguro que la oposición vaya a unirse. A su vez, Chávez sigue teniendo la fuerza política más fuerte del país, aunque no sea como antes. Ninguna de las figuras de la oposición llegan siquiera a acercarse a Chávez en ese sentido: aunque esté sobre las cuerdas, mantiene una cuota importante de poder. La oposición moviliza a sectores importantes de las clases media y alta, pero no puede aglutinarse, tiene poca coherencia y no cuenta con figuras alternativas. Algunos gobernadores, como Mendoza o Salas, tiene prestigio en su estados, pero no son figuras carismáticas que tengan un apoyo nacional importante, como el que tiene Chávez.
3. En este cuadro tenemos un país enormemente dividido: la oposición piensa que Chávez tiene un proyecto totalitario en mente, que busca la consolidación absoluta del poder, que para poder contrarrestar una posible oposición de las Fuerzas Armadas está armando los círculos bolivarianos, y que cualquier esfuerzo por negociar es sencillamente darle más tiempo para consolidar su proyecto. Por otro lado, quienes siguen a Chávez ven a la oposición persiguiendo fines inconstitucionales e ilegales, a las clases media y alta molestas porque los sectores populares han llegado al poder en Venezuela, a los medios de comunicación completamente en contra de ellos, y temen una especie de revancha por parte de los sectores dominantes. Y hay que agregar a este cuadro una situación muy difícil de la economía venezolana, que va en desmedro de la gestión de Chávez: el PIB podría caer un 4 por ciento, con una inflación de 30-35 por ciento, un déficit fiscal notable que puede deparar dificultades en los pagos internacionales, y una situación ya no tan clara en cuanto al petróleo.
4. En el fondo, lo que se está viviendo en Venezuela es el colapso de una cultura de consensos políticos. Venezuela salió del patrón autoritario que marcó al país durante largos años -hasta los tiempos recientes, Venezuela es uno de los países con menos experiencia democrática- con esfuerzo, merced a un acuerdo muy popular que realizan los líderes políticos democráticos. El diálogo político fue limitado solamente a ciertos sectores de la sociedad venezolana: a pesar del apoyo importante que tuvieron COPEI y Acción Democrática en sectores amplios de la sociedad, fueron más bien paternalistas. La sociedad venezolana se basaba en el chorreo del petróleo, y al mismo tiempo esto significó que no se hicieran reformas de fondo; al entrar en dificultades la economía, se produce finalmente el colapso de los partidos tradicionales.
5. ¿Cuál es la salida de Venezuela? ¿Hacia dónde va este cuadro bastante pesimista que he dibujado hasta aquí? Creo yo que tanto el Gobierno como la oposición deben darle una posibilidad al mecanismo de la OEA, para tratar de estructurar un acompañamiento al diálogo interno en Venezuela. Para apaciguar las pasiones y asegurarse de que no ocurra un golpe militar -un tema complejo, que dejo para otra ocasión, es el de las divisiones muy fuertes dentro de las Fuerzas Armadas: una reacción dura de las mismas, en lugar de traer soluciones, podría abrir un cuadro de guerra civil. En este contexto, un esfuerzo por parte de la OEA, con un fuerte apoyo de los países latinoamericanos, es indispensable. Hasta la fecha, yo siento que los países latinoamericanos, con sus problemas internos, no están apoyando con la fuerza suficiente un esfuerzo verdadero de colaboración a un proceso de entendimiento en Venezuela. Creo que ésta es la única alternativa, pase lo que pase con Chávez: si lo sacan, la clave es que se mantenga la institucionalidad, se fortalezcan las leyes y el estado de derecho; de lo contrario, estamos de regreso al terrible panorama del siglo XX en América Latina, donde los problemas de la democracia no se resuelven en democracia sino con salidas extra-democráticas, que a su vez no permiten la consolidación de las instituciones tan importantes para la legitimidad y la gobernabilidad en nuestro continente.