NuevaMayoría.com
El portal sociopolítico de Iberoamérica

El principio de no intervención
 

Ene-23-06 - por Edmundo González Urrutia

Entre los más invocados y sagrados principios generales del derecho internacional, en particular del derecho americano, el de la no intervención en los asuntos internos de otro Estado se destaca como una de las normas jurídicas más valoradas en las relaciones interamericanas. Sus antecedentes se remontan a la llamada Doctrina Monroe por medio de la cual Estados Unidos rechazaba cualquier intento de injerencia de las potencias europeas en el nuevo continente lo que, paradójicamente, sentó los cimientos del intervencionismo estadounidense en el ámbito hemisférico a lo largo del siglo XX.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el principio de no intervención se instaló en la estructura jurídica del sistema interamericano. La Carta de la OEA, en su artículo 3, prohíbe explícitamente toda forma de intervención por parte de los Estados miembros en los asuntos internos de los demás Estados.

Así, dicho principio está recogido en las constituciones políticas del hemisferio para subrayar el rechazo a las intervenciones que, en el pasado, estuvieron vinculadas a las incursiones armadas, control político y económico, separatismos, invasiones, bloqueos, asonadas, contenciosos territoriales, golpes de estado, entre otras manifestaciones.

Por supuesto, se hace innecesario remontarnos en estas líneas a la visión que nos legaron los clásicos del derecho internacional como Hugo Grocio, en el siglo XVII, o los argumentos de protección a los inocentes contra la tiranía esgrimidos por Francisco Vittoria para justificar la conquista de América, tiempos en los que el Derecho era universal ante la inexistencia de los Estados nacionales.

En cambio, en tiempos de globalización, caracterizado además por la integración y el incremento de la cooperación internacional, la no intervención sigue siendo una materia celosamente manejada por los gobiernos dadas sus estrechas vinculaciones con la noción de soberanía. Sin embargo, el ejercicio de esta soberanía no puede interpretarse en términos absolutos pues está limitada por los principios y normas del derecho internacional que la comunidad internacional en la búsqueda de la paz y armonía ha pretendido impulsar.

Hoy día la rigidez del concepto de soberanía ha cedido ante la obligación colectiva de los Estados por preservar valores fundamentales como por ejemplo el respeto a los derechos humanos y la preservación de la democracia.

Ambos temas han dado paso al concepto de supranacionalidad, expresado en la aceptación de la jurisdicción internacional (Corte Interamericana de Derechos Humanos, Tribunal Penal Internacional), las Cláusulas Democráticas, la imposición de sanciones por mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, por citar algunos ejemplos.

Sin perjuicio de estas disquisiciones conceptuales, el tema ha cobrado relevancia ante los señalamientos de algunos gobiernos de la región acerca de la injerencia venezolana en los asuntos internos de sus respectivos países. Nos estamos refiriendo concretamente con ello a los señalamientos de financiamiento a movimientos radicales e indigenistas en Bolivia, Brasil, Perú, Ecuador, El Salvador y Nicaragua; a las acusaciones de intromisión en las campañas electorales que se han adelantado y se adelantan en algunos países del continente, así como a las denuncias que nos asocian con planes de desestabilización en la región.

En este contexto, hubiera resultado difícil imaginarnos a un dirigente como Gerhard Schroeder, en sus tiempos de jefe del Gobierno alemán, aupando en un acto público y oficial al entonces candidato socialista Rodríguez Zapatero o llamando "cachorro del imperio" al para entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar.

Como también nos luciría impensable concebir a un estadista como Ricardo Lagos utilizando términos despectivos ( "viejo inútil", si mal no recordamos), para referirse a un presidente suramericano, llamar "asesino", "terrorista" y "genocida" al presidente del país a donde se dirigen sus principales exportaciones o descalificar a un candidato presidencial extranjero acusándolo de representar los intereses de la oligarquía.

Lo cierto es que en una sociedad internacional globalizada, algunos conceptos como el de la injerencia, intromisión y no intervención en los asuntos internos no resultan fáciles de discernir; pero en nuestro caso, a las recientes tensiones con el gobierno del Perú, se agregan a otros tantos roces y denuncias como las formuladas por dirigentes bolivianos con respecto al reciente proceso electoral en ese país; los enfrentamientos con el presidente de México que aún afectan las relaciones bilaterales y las acusaciones formuladas por los ex presidentes Sánchez de Losada y Lucio Gutiérrez con respecto a una supuesta intromisión venezolana en las crisis que condujeron a los abruptos finales de sus mandatos.

 

Recomendar - Recommend Imprimir - Print Pleno Acceso - Full Access Opinar - Express Volver - Back