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El auge económico de China y su impacto internacional
 

Sep-20-07 - por Pablo Bustelo*, del Real Instituto Elcano

Análisis

Las dimensiones internacionales del auge de China

Crecimiento económico. Desde hace más de un cuarto de siglo el crecimiento del PIB en China ha rondado una tasa media anual del 10%. Esa tasa ha duplicado con creces la de los países de ingreso bajo y mediano y ha triplicado sobradamente la de los países de ingreso alto. Además, el crecimiento anual medio del producto bruto mundial han rondado el 3% en los últimos veinticinco años.

Tabla 1. Tasa de crecimiento anual medio del PIB (en %)


Fuente: Banco Mundial.

Como consecuencia de ese crecimiento rápido, el peso de China en el producto bruto mundial (en paridad de poder adquisitivo) ha pasado del 3,4% en 1980 al 15,4% en 2005, mientras que el peso de EEUU se ha mantenido constante en torno al 21% y el peso del conjunto de los hoy países miembros de la UE se ha reducido del 29% al 21%.

Gráfico 1. Peso en el producto bruto mundial (en PPA), 1980-2006


Fuente: FMI.

Comercio exterior.El peso en el comercio internacional de mercancías ha crecido mucho, como puede verse en la Tabla 2.

Tabla 2. Peso en las exportaciones (X) e importaciones (M) mundiales de mercancías, 1993 y 2006 (en %)


Fuente: OMC.

En lo que se refiere a los aspectos energéticos, cabe destacar que, entre 1990 y 2006, el consumo de energía primaria y el consumo de carbón se han duplicado con creces, mientras que el consumo de petróleo se ha triplicado (Tabla 3). Esos incrementos son enormes en comparación con los correspondientes al conjunto del mundo y, por supuesto, al de los países de la OCDE. El aumento del consumo de petróleo, que se ha triplicado, al pasar de 2,32 a 7,44 millones de barriles al día, ha sido especialmente notable, incluso en comparación con el registrado en la otra gran economía emergente, la India. En la Tabla 3, destaca igualmente que el aumento del consumo de energía de China ha sido superior al del conjunto de la OCDE y que el país asiático fue responsable de más de tres cuartas partes del aumento del consumo mundial de carbón.

Tabla 3. Consumo de energía primaria, carbón y petróleo, 1990 y 2006


Fuente: BP.

En cuanto a otras materias primas, destaca el peso de China en el consumo mundial de algunos metales, de los que ese país es un gran importador neto: hierro, zinc, plomo, cobre y níquel. En esos cinco casos, China supone ya entre el 15% y 33% del consumo mundial, como muestra la Tabla 4. En la misma tabla puede observarse también que el peso de China en el consumo mundial de algodón, arroz, aceite de soja y caucho es superior al 20%.

Tabla 4. Parte del consumo mundial de algunos metales (2005) y productos agrícolas (2003), en porcentaje del total mundial


Fuente: S. Streifel, “Impact of China and India on Global Commodity Markets. Focus on Metals and Minerals and Petroleum”, Development Prospects Group, Banco Mundial, mimeografiado, agosto de 2006, cuadro 1.

China se ha convertido en un enorme poseedor de reservas en divisas. A mediados de 2007, tales reservas rondaban 1,4 billones de dólares, una cifra ya muy superior a la correspondiente a Japón (900.000 millones).

La acumulación de reservas en China ha sido impresionante en los primeros años del siglo XXI. Entre 2000 y finales de 2006 las reservas en divisas de China han pasado de 165.000 millones de dólares a más de un billón. Ese aumento tiene su origen en el superávit de la cuenta corriente y en las entradas netas de capital extranjero. Además, China –y también otros países asiáticos– ha acumulado reservas por otras razones. Una de ellas es la esterilización del superávit corriente y/o de las entradas de capital, mediante la adquisición de divisas para así contrarrestar el aumento de la demanda de moneda nacional y, por tanto, su apreciación. Otra razón ha sido la de crear un seguro ante el riesgo de una crisis de balanza de pagos. No hay que olvidar que China vivió muy de cerca las crisis asiáticas de 1997-1998.

Tabla 5. Principales poseedores de reservas en divisas (sin contar el oro), millones de dólares


Fuente: FMI.

Por último, otros aspectos destacables del impacto internacional del auge económico de China son los siguientes:

· La inversión directa en el extranjero por parte de empresas chinas ha aumentado de 830 millones de dólares en 1990 a 11.300 millones en 2005. Algunas estimaciones que China alcanzará unos 60.000 millones hacia 2010.

· El turismo chino en el extranjero ha pasado de 4,5 millones de personas en 1995 a 31 millones en 2005. La Organización Mundial del Turismo (OMT) estima que China tendrá, tan pronto como en 2010, un turismo emisor de 60 millones de personas.

· Las emisiones chinas de dióxido de carbono (el principal gas de efecto invernadero, responsable del calentamiento global) han superado ya, según algunas fuentes, a las de EEUU. Sus emisiones totales podrían duplicarse con creces de aquí al año 2030, cuando se prevé que China será responsable del 26% de las emisiones mundiales (en 2004, la cuota de China fue del 17%).

Las previsiones apuntan a que el PIB de China podría superar al de EEUU tan pronto como en 2020, si se mide el producto en paridad de poder adquisitivo (Gráfico 2). Si, en cambio, se mide el PIB en dólares corrientes, algunas previsiones (véase el Gráfico 3) que el adelantamiento no se produciría hasta el decenio de 2040.

Gráfico 2. Peso en el producto bruto mundial (en paridad de poder adquisitivo), 1980-2020


Fuente: FMI y EIU.

 

Gráfico 3. Peso en el producto bruto mundial (en dólares), 2004-2050


Fuente: Keystone India.

Sin embargo, las previsiones del Gráfico 3 están basadas en tasas de crecimiento esperadas que pueden ser demasiado bajas en el caso de China y demasiado altas en el caso de EEUU. Un sencillo ejercicio, como el que se presenta en el Gráfico 4, supone que el crecimiento anual medio de EEUU será del 3% en el próximo medio siglo (una tasa similar a la registrada por el país en los últimos 25 años). La curva de menor pendiente del Gráfico 4 representa el valor, en dólares corrientes, del PIB de EEUU hasta el decenio de 2060. La fecha aproximada del adelantamiento dependerá de cuánto sea capaz de crecer China en los próximos decenios. Si la tasa anual media de crecimiento sigue rondando el 10%, el PIB de China alcanzará al de EEUU hacia 2030. Si fuese del 9%, tal cosa ocurriría hacia 2035; si fuese del 8%, en 2040; si fuese del 7%, en 2048; y si fuese del 6%, en 2062.

Gráfico 4. ¿Cuándo adelantará China a EEUU? (PIB en millones de dólares corrientes)


Fuente: elaboración propia.

Perspectivas a medio y largo plazo: ventajas e inconvenientes

Las ventajas. Además de las evidentes (alta tasa de ahorro, abundante oferta de mano de obra, ética confuciana del trabajo, aumento del consumo de una clase media que se estima hoy en 80 millones de personas y que podría alcanzar los 150 millones en 2010, etc.), las principales ventajas de China son las siguientes:

(1) Una notable integración en la economía mundial. El cociente de exportación de bienes y servicios fue del 37% en 2005 mientras que la inversión directa extranjera (IDE) alcanzó 72.400 millones de dólares en ese año. A efectos de comparación, esas cifras fueron notablemente más bajas para la India (21% y 6.600 millones).

(2) Unas infraestructuras modernas en las grandes ciudades y en las zonas económicas especiales. Incluso en el conjunto del país, el porcentaje de carreteras pavimentadas es del 79,5%, mientras que es del 77,7% en Japón, del 62,6% en la India y del 58,8% en EEUU; las inversiones en autopistas, aeropuertos, puertos de mar, distribución de energía, etc., han sido masivas en los últimos años; China tiene un número elevado de líneas telefónicas fijas y de abonados a la telefonía móvil para su renta per cápita, etc.

(3) Una importante generación de empleo. Por la rápida industrialización y la flexibilidad del mercado de trabajo, la relación entre las personas empleadas y la población total era, en 1999-2003, del 76,4% en China, cifra a comparar con el 73,4% de Vietnam, el 62,5% de Indonesia, el 59,5% de Filipinas, el 57,7% de Corea del Sur y el 55,0% de la India.

(4) Unos indicadores macroeconómicos saneados, que, junto con una política económica cada vez más sofisticada, hacen prever una razonable estabilidad macroeconómica. China tenía en 2006 un ligero déficit presupuestario (equivalente al 0,4% del PIB), un importante superávit corriente (8,6% del PIB), una inflación del 1,5%, una deuda externa de 323.000 millones de dólares, unas reservas en divisas superiores al billón de dólares y una inversión directa extranjera de 72.400 millones.

(5) Una rápida mejora de los indicadores sociales, lo que otorga cierta legitimidad al Gobierno y, si se mantuviera, permitiría mantener la estabilidad social. La pobreza ha disminuido del 63,8% de la población en 1981 al 16,6% en 2001 (esto es, una impresionante reducción de 422 millones de personas); la esperanza de vida al nacer ha aumentado de 63 años en 1970-1975 a 71 años en 2000-2005; la tasa de mortalidad infantil (de menores de un año) ha bajado de 85 por mil en 1970 a 31 por mil en 2004; la desnutrición ha pasado del 16% en 1990-1992 al 11% en 2000-2002; la tasa de alfabetización de adultos ha crecido del 78,3% en 1990 al 90,9% en 2004; la tasa bruta de escolarización en la enseñanza secundaria ha aumentado del 48,7% en 1991 al 72,5% en 2004, etc.

(6) Una estrategia exitosa de reforma económica. Por su carácter gradualista y sostenido, la reforma ha tenido un gran éxito. Ha creado una visión clara y pragmática por parte de las autoridades. Nada hace pensar, salvo gran sorpresa, que el Gobierno se vaya a apartar de esa senda en los próximos decenios.

Los inconvenientes. Los inconvenientes son numerosos. Algunos de ellos podrían ser resueltos por las autoridades en los próximos años, aunque, claro está, no es seguro que lo consigan en todos los casos. Entre esos problemas, figuran el exceso de ahorro y de inversión, la ineficiencia del sector bancario, la fuerte desigualdad en la distribución regional y personal de la renta o la corrupción. Todos ellos, aunque son problemas serios, son abordables, especialmente si se intentan resolver de manera gradual y con pragmatismo.

Existen inconvenientes más estructurales, entre los que cabe destacar los seis siguientes:

(1) El envejecimiento de la población. Tal cosa seguramente provoque que China envejezca antes de hacerse rica. Como consecuencia de la baja tasa de fecundidad, el porcentaje de personas con 65 años o más está aumentando rápidamente: se prevé que pase del 7,6% de la población total en 2005 al 13,7% en 2025. Como el peso relativo de la población menor de 15 años cae menos rápidamente, la tasa de dependencia (población de 0-14 años y mayor de 65 años con respecto a la población entre 15 y 64 años), que era del 67% en 1980, pasará al 38% en 2010, para luego crecer (44% en 2020, 50% en 2030 y 65% en 2050). Otro efecto del envejecimiento será la reducción del peso relativo de la población en edad de trabajar (15-64 años) desde 2010 y del número absoluto de esa franja de población desde 2015. Con todo, hay que tener en cuenta que el envejecimiento o los efectos negativos de éste se pueden contrarrestar parcialmente con una relajación de la política del hijo único, una mejora de la calidad de la fuerza de trabajo o una mayor transferencia de mano de obra desde la agricultura hacia la industria y los servicios.

(2) La sobreindustrialización, que puede ser negativa para el desarrollo de una economía del conocimiento, que dependerá más del dinamismo del sector servicios. En 2005 el sector secundario suponía el 46% del PIB (28% en la India, 41% en Corea del Sur, 31% en Japón, etc.), de manera que China debería aumentar el peso relativo del sector servicios (42% del PIB en la actualidad) no tanto a expensas de la agricultura sino, sobre todo, de la industria.

(3) La excesiva dependencia con respecto al capital extranjero. En 2005 el cociente entre la inversión extranjera directa (en flujo) y la formación bruta de capital fijo era del 9,2% (4,0% en EEUU, 3,5% en la India, 3,1% en Corea del Sur, etc.) y la relación entre el stock de IDE y el PIB fue del 14,3% (13,0% en EEUU, 8,0% en Corea del Sur, 5,8% en la India, etc.). Esa alta dependencia con respecto a la inversión directa extranjera hace vulnerable a la economía a posibles cambios en la estrategia de localización internacional de las empresas multinacionales (eventual relocalización hacia Vietnam, la India, Bangladesh, etc.) y, además, hace perder eficacia a la política industrial.

(4) La creciente dependencia energética, especialmente en petróleo. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda china de petróleo pasará de 6,2 millones de barriles al día (mbd) en 2004 a 10,0 mbd en 2015 y a 13,1 mbd en 2030. Como la producción nacional de petróleo se estancará, las importaciones netas, en porcentaje del consumo, aumentarán del 43,5% en 2004 al 68,0% en 2015 y al 81,7% en 2030.

(5) El cada vez mayor y más grave deterioro del medio ambiente. Desertización, degradación del suelo, contaminación de los ríos, de los mares y del aire, emisión de gases de invernadero y pérdida de biodiversidad, entre otros, han sido los efectos de una industrialización muy rápida y poco respetuosa con el medio ambiente en la costa y de la persistente pobreza, pese a las mejoras, en el interior. Por ejemplo, la contaminación de ríos y lagos es extremadamente seria, especialmente en el norte del país, y hace que al menos 60 millones de personas tengan dificultades para disponer de suficiente agua potable. En cuanto a la calidad del aire, 16 de las 20 (y cinco de las 10) ciudades más contaminadas del mundo son chinas. China es ya el primer emisor mundial de dióxido de carbono (aunque sus emisiones por habitante son todavía bajas) y el primero de clorofluorocarbonos y de dióxido de sulfuro por superficie habitada. El crecimiento previsto del parque de automóviles, que podría pasar de 20 millones en 2004 a 60 millones en 2010 y a 90 millones en 2015, agravará sin duda la contaminación del aire en las grandes ciudades. El uso masivo de carbón de baja calidad y alto contenido en sulfuro es también causante de lluvia ácida, fenómeno que afecta al 30% del territorio y que además desborda ampliamente las fronteras del país. La erosión del suelo, provocada en buena medida por la deforestación, contribuye a agravar los efectos de las inundaciones.

(6) La ausencia de un sistema político democrático, de un sistema judicial moderno y de una protección adecuada de los derechos de propiedad intelectual. Aunque han aumentado las libertades individuales como consecuencia de la reforma económica, el régimen sigue reprimiendo la libertad de expresión, de reunión o de asociación. Algunos analistas consideran que un régimen de ese tipo podría no superar acontecimientos como una crisis económica serias, protestas políticas amplias, graves problemas de salud pública o catástrofes ecológicas importantes. En cuanto a la falta de independencia del sistema judicial y a la falta de protección de los derechos de propiedad intelectual, podrían a la larga afectar negativamente a la inversión directa extranjera y a las exportaciones hacia los países desarrollados.

*Investigador principal de Asia-Pacífico del Real Instituto Elcano y profesor titular de Economía Aplicada en la UCM. Artículo publicado en el Real Instituto Elcano el 19-09-07

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