Los medios de comunicación se han convertido en el gran "teatro de operaciones" de la política. Se la piensa como acción en función de ellos, y por esta razón, los cambios que viven influyen en la forma de hacer política.
Que la televisión es el medio masivo para la comunicación del político es un fenómeno universal que atraviesa las sociedades desde el mundo desarrollado hasta los países más pobres, y en esto la Argentina no es una excepción.
Donde se presenta una particularidad es en la importancia que tiene la radio, ya que cuatro de cada cinco se informan por este medio a la mañana, lo que no sucede en otros países donde lo radial está más vinculado a recreación y entretenimiento que a información. Por esta razón, para un político argentino la utilización del medio radial en el horario matutino es más relevante que en el resto del mundo.
Que el diario ocupe un tercer lugar para informarse -como muestran estudios recientes- es un fenómeno normal en términos internacionales y lo mismo sucede con que la lectura matutina de este medio vaya perdiendo significación como base de la forma de informarse.
Pero en la Argentina, los diarios de la mañana fijan la agenda informativa de la radio matutina e incluso también de la televisión, situación que otorga a la prensa escrita una gran importancia política.
Que el interés por la política aumente a medida que se eleve la edad y el nivel socio-económico también es un fenómeno mundial. Frente a esto, el político responde apareciendo en programas de entretenimiento de alto rating, aunque sea unos segundos, sometiéndose a reglas de comunicación que no siempre contribuyen a la credibilidad de la política.
Respecto de Internet, puede ser el futuro de la comunicación política y el blog puede competir con el periodismo, pero todavía en la Argentina -como en el resto de América Latina- sólo uno de cada diez se informa por este medio, situación que por ahora lo invalida en términos políticos para constituirse en el eje de la comunicación de masas.
En este marco, la relación de Néstor Kirchner con el periodismo muestra que desde 1983 hasta la fecha, Kirchner ha sido el Presidente al que le ha costado más aceptar la crítica. Si bien es una actitud general, que alcanza a las opiniones de la dirigencia política, empresaria y sindical, el fenómeno se hace más evidente en su relación con los medios de comunicación.
Normalmente, en la Argentina los presidentes tienen buenas relaciones con el periodismo en sus primeros años de gobierno, cuando tienen consenso alto.
Cuando comienza el desgaste y los medios empiezan a registrarlo, la relación con el periodismo se hace más tensa y, por lo general, hacia el final de los gobiernos, la relación no termina bien. Algo de esto sucedió con Alfonsín, Menem y De la Rúa, y en menor medida con Duhalde.
Lo paradójico de Kirchner es que su relación con los medios no fue fácil desde el inicio y fue empeorando, sin que ello fuera consecuencia de un deterioro de su consenso o crecientes complicaciones en su gestión, como sucedió en los casos anteriores.
Alfonsín tendió a ver "conspiraciones" en algunos periodistas, Menem reaccionó tratando de utilizar la justicia frente a opiniones que lo atacaban en el tema corrupción, De la Rúa obsesionado con el humor político, llegó a amenazar con acciones judiciales a caricaturistas y Duhalde, quizás, tuvo menos tensiones que los anteriores.
En cambio, el estilo confrontativo de Kirchner se expresó rápidamente contra las opiniones del periodismo que no coincidían con las propias, generando situaciones que, objetivamente, limitan la libertad de expresión.
La publicidad oficial siempre fue un método poco transparente de relación entre los gobiernos y los medios, y esta administración más que duplicó su gasto en publicidad oficial desde que llegó al poder. Las críticas a medios y periodistas con nombre y apellido vienen en aumento, en vez de disminuir.