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Rosendo Fraga

Argentina sin sistema de partidos
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Jul-08-05 - por Rosendo Fraga

El PJ resistió con éxito el proyecto
El PJ resistió con éxito el proyecto "transversal" del Presidente, pero la división que se plantea en Buenos Aires -que tiene casi la mitad de los afiliados justicialistas del país- muestra que esta fuerza política se ha desarticulado como partido.

La calidad del sistema de partidos, es una variable esencial de la calidad institucional.

En la democracia republicana más antigua, que son los Estados Unidos, la existencia de un fuerte bipartidismo representado por republicanos y demócratas ha resultado esencial para el buen funcionamiento institucional.

Lo mismo sucede con Europa, donde laboristas y conservadores en Gran Bretaña, democristianos y socialdemócratas en Alemania, la coalición de la derecha y los socialistas en Francia, y el PP y el PSOE en España, resultan claves para la calidad institucional.

Las democracias estables -que muestran los mejores niveles de vida y de desarrollo económico- se organizan políticamente en dos partidos o coaliciones principales, por lo general una orientada hacia el centro-derecha y otra hacia el centro-izquierda, con terceros partidos que de acuerdo a las circunstancias sirven para formar mayorías en los sistemas parlamentarios.

El sistema de partidos, posibilita de esta manera la existencia de una alternativa política a quien gobierna, la que a su vez permite la alternancia, que resulta esencial para la calidad institucional de una democracia.

En América del Sur, las democracias jóvenes muestran fuertes deficiencias en la organización del sistema de partidos políticos y ello tiene mucha relación con la baja calidad institucional del funcionamiento democrático.

Brasil con las coaliciones que en los últimos años se han reunido alrededor del presidente Luiz Inácio 'Lula’ da Silva y Fernando Henrique Cardoso, Uruguay con las opciones que representan el Frente Amplio que hoy ejerce el poder y los partidos tradicionales, y Chile con la Concertación por un lado y las fuerzas de centro-derecha por otro, no tienen sistemas bipartidistas perfectos, pero son en la región los países con las fuerzas políticas que más se asemejan a ellos.

Por esta razón no es casual que sean en América del Sur los países que evidencian mejor calidad institucional.

En cambio, en varios de los países andinos el sistema de partidos se ha desarticulado, no existe un bipartidismo o algo que se le asemeje y la falta de fuerzas políticas sólidas y organizadas, capaces de hacer funcionar el juego de la alternancia y la alternativa, explica en gran parte la menor calidad del funcionamiento institucional, como lo manifiesta que en el primer semestre del año, tanto en Bolivia como en Ecuador, presidentes constitucionales hayan dejado el poder al resultar incapaces de controlar la protesta social violenta en las calles.

Es en este marco, la crisis que ha estallado en el Partido Justicialista (PJ) de la Provincia de Buenos Aires termina de confirmar la desarticulación del sistema de partidos políticos de la Argentina.

Entre 1945 y comienzos del siglo XXI el país tuvo un bipartidismo atenuado o imperfecto, representado por el PJ y la UCR. La existencia del último impidió que el primero, que en gran medida fue partido dominante, se transformara en hegemónico.

El Radicalismo fue el eje del sistema de partidos de la Argentina desde fines del siglo XIX, hasta comienzos del XXI.

Comenzó a declinar en 1993 con el Pacto de Olivos y en la última elección presidencial obtuvo el 3% de los votos, desarticulándose como alternativa de poder, situación que se mantiene en los distritos electorales más importantes del país para la elección legislativa del próximo 23 de octubre, más allá de que gobierne media docena de provincias.

El PJ pareció así quedar como un partido dominante, con posibilidad de transformarse en hegemónico. Resistió con éxito el proyecto "transversal" del presidente Néstor Kirchner, pero la división que se plantea en la provincia de Buenos Aires -que tiene casi la mitad de los afiliados justicialistas del país- muestra que esta fuerza política se ha desarticulado como partido.

La última vez que se reunió el Congreso del PJ fue en marzo de 2004, sin que pudiera elegir nuevas autoridades ni lograrse acuerdos sustanciales. Se encuentra así acéfalo desde hace casi un año y medio, sin haber podido designar su Presidente.

En las elecciones legislativas del 23 de octubre, en algunos distritos concurre a elecciones como Partido Justicialista (PJ), en otros ha trocado su nombre por el de Frente para la Victoria (FV) de acuerdo a la denominación que utilizan los seguidores del presidente Kirchner, mientras que en otros, como la provincia de Buenos Aires, se divide en las dos denominaciones.

En este distrito, que tiene prácticamente el 40% de los votos efectivos de país, en algunos municipios los intendentes justicialistas parecen dispuestos a utilizar la boleta justicialista tanto para legisladores nacionales como para los cargos provinciales y municipales; otros, en cambio, usarán las boletas del FV para los dos niveles; pero también se da el caso de algunos que utilizarán en el ámbito local la boleta justicialista y cortarán la del FV para legisladores nacionales.

Hoy puede decirse que el PJ es un conjunto de jefes territoriales, ya sean gobernadores o intendentes, como en alguna medida también lo es la UCR. También puede plantearse que el peronismo sigue siendo una cultura política más vinculada al poder que a la ideología, pero lo que resulta claro es que ha dejado de funcionar -o de existir- como un partido político.

Las dos fuerzas políticas históricas de la Argentina están en crisis y ni la alianza de López Murphy y Macri por centro-derecha, ni la coalición que intenta liderar el Partido Socialista por centro-izquierda, presentan en el corto y mediano plazo la posibilidad de constituirse en nuevos partidos con vocación y posibilidad mayoritaria, que recreen el bipartidismo perdido.

Sin la reconstrucción de un sistema de partidos que permita la alternativa y la alternancia, será muy difícil que la Argentina logre mejorar la calidad institucional, la que sigue siendo una asignatura pendiente.

 

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