
El nuevo diseño de la política de defensa y de seguridad nacional de la administración Bush fue dado a conocer a finales de septiembre del 2002, por medio del documento “The National Security Strategy of the United States of America” (www.whitehouse.gov/nsc/nss.pdf). Este es un documento que define la política gubernamental de los Estados Unidos en materias estratégicas. La primera reacción en el Congreso de los EE.UU. refleja que no concitó un apoyo y consenso inmediato.
Más aún, el Presidente Bush fue acusado de vincular el diseño de una política hacia Irak con los intereses políticos domésticos relacionados con las próximas elecciones del Congreso estadounidense del mes de noviembre. Dos ex Secretarios de Estado, Henry Kissinger y Madeleine Albright han expresado su oposición a la forma en que la administración está enfrentando el tema iraquí. Han señalado que la principal amenaza, y donde EE.UU. debe focalizar su política es en la destrucción del terrorismo vinculado a Al Qaeda.
Esta nueva doctrina tampoco posee aliados internacionales. Francia, Rusia y China han expresado su posición. El gobierno de Gran Bretaña, principal aliado de EE.UU., no coincide en los objetivos a ser alcanzados en Irak. Es decir, le interesa focalizar en el tema de las armas de destrucción masiva y no en el derrocamiento o desplazamiento de Saddam Hussein. El nuevo diseño estadounidense reafirma un unilateralismo que no deja espacio para políticas consensuadas que son las únicas que aseguran, en el contexto de la globalización y la interdependencia, resultados efectivos en el corto y largo plazo. El diseño de la administración Bush apunta a ejecutar su propia voluntad sin consideración de ningún tipo de otros actores. Los principales líderes y voceros han reafirmado que EE.UU. actuará de acuerdo a sus propios criterios. Lo anterior significará un mayor aislamiento norteamericano, el peligro que declare la guerra en diversas situaciones sin alianzas que le den soporte efectivo en el largo plazo. Con ello el riesgo de la anarquía se incrementa de manera fundamental.
El ex Vicepresidente Al Gore, en un discurso pronunciado el 24 de septiembre de 2002, con motivo de la nueva definición política de la administración Bush en el terreno estratégico expresó su profunda preocupación por ella. En este sentido destacó que “la política seguida respecto a Irak tiene el potencial de dañar seriamente nuestra habilidad para ganar la guerra al terrorismo y para debilitar nuestra habilidad para liderar el mundo en este siglo”.
El Secretario de Defensa de los EE.UU., Donald Rumsfeld, en un artículo publicado en Foreign Affairs sobre “La transformación de las fuerzas armadas”, ya anunciaba que “la mejor defensa y en algunos casos la única, es una buena ofensiva”. Es decir, los ataques preventivos se comenzaban a perfilar como la opción estratégica por parte de la nueva administración. En este sentido, Rumsfeld señalaba “el desafío para este nuevo siglo es muy difícil: defender nuestra nación contra lo desconocido, lo incierto, lo que no se ve, lo inesperado. Puede parecer una tarea imposible pero no lo es. Para lograrlo debemos deshacernos de nuestras cómodas formas de pensar y planear (aceptar riesgos y probar cosas nuevas) a fin de disuadir y vencer a los enemigos que aún no se han presentado a desafiarnos”.
Esto significó abandonar el esquema de dos guerras simultáneas importantes y principalmente el cambio de perspectiva de análisis, desde una estrategia fundada en amenazas a un enfoque “basado en las capacidades”. Es decir, una perspectiva que se centra menos en los actores y desde qué lugares se pueden producir las amenazas y mucho más en las capacidades propias sobre qué se requiere para disuadir y para defenderse.
A partir de ello el Secretario de Defensa delineó una política de seis pasos. “Primero proteger el territorio estadounidense y nuestras bases en el exterior; segundo, enviar fuerzas a escenarios distantes y mantenerlas allí; tercero, impedir que nuestros enemigos encuentren refugio asegurándonos que sepan que ningún rincón del mundo…será suficientemente remoto…para huir de nuestro alcance; cuarto, proteger nuestras redes de información; quinto, utilizar la tecnología de información para enlazar los distintos tipos de fuerza de EE.UU.; sexto, mantener sin trabas el acceso al espacio y proteger de cualquier ataque nuestros recursos en el espacio”.
Estos lineamientos que han tenido una fuerte focalización en la guerra contra el terrorismo global han significado una serie de cambios en las prioridades políticas del Pentágono y en la forma en que se evalúan las experiencias recientes. El Secretario de Defensa sistematizó las enseñanzas recientes en ocho puntos:
Este diseño reafirma dos aspectos que son esenciales en la nueva política:
El aspecto medular señalado por el Presidente Bush es que “Estados Unidos actuará contra las amenazas emergentes antes de que ellas estén completamente formadas”. El documento define la estrategia como el camino de la acción. “En el mundo nuevo que hemos entrado el único camino para la paz y la seguridad es el camino de la acción” (esto a diferencia del camino anterior basado en la disuasión).
El aspecto medular está fundado en la acción preventiva en destruir las amenazas “antes de que alcancen nuestras fronteras”. EE.UU. no titubeará en actuar solo si es necesario, el ejercicio de nuestra auto defensa por medio de una acción preventiva contra el terrorismo es parte de la política.
La idea del ataque preventivo se constituye por lo tanto en el eje de la nueva doctrina estadounidense. Se funda en que no se debe permitir a los enemigos dar un primer golpe. Esto es claro en el caso del terrorismo, sin embargo, referido a las relaciones interestatales el tema se vuelve sumamente complejo. Más aún, en la lucha en contra del terrorismo la condición de éxito es la acción mancomunada de las democracias y los Estados que actúan en el orden internacional para aislar y evitar el accionar terrorista.
Sobre esta doctrina del ataque preventivo, el ex candidato presidencial y ex Vicepresidente de EE.UU. efectuó una fuerte crítica dado que afecta las relaciones entre EE.UU. y el resto de la comunidad mundial. Señaló que esta doctrina es contraria al artículo 51 de Naciones Unidas. Lo más significativo es el efecto de demostración e imitación que puede producir esta doctrina. Al Gore destacó “si otras naciones hacen valer el mismo derecho, entonces las reglas del derecho rápidamente serán reemplazadas por el reinado del miedo. Cualquier nación que perciba circunstancias que pueden eventualmente llevar a una amenaza inminente podría justificar bajo esta aproximación una acción militar contra otra nación”. Lo anterior significa crear el reino de la anarquía. Más aún cuando entre las situaciones potencialmente peligrosas y en las cuales pudieran surgir imitadores de la nueva doctrina norteamericana, se encuentran India/Pakistán o China/Taiwán y no debe olvidarse señala Al Gore a Israel/Irak o Israel/Irán. Más aún el ex Vicepresidente destacó que Rusia ya ha citado la anticipación de una posible acción respecto de Georgia, con motivo de la guerrilla chechena.
La nueva doctrina estratégica de los EE.UU. conlleva importantes peligros y que afectarán las distintas regiones del mundo. A países como Chile lo colocarán claramente en contradicción con este diseño: La doctrina de ataques preventivos es contraria al derecho internacional. Ella no solamente cambia reglas del juego establecidas en Naciones Unidas, sino que como consecuencia puede tener graves efectos sobre la población civil, además de incrementar la tensión global. Esta doctrina incrementa la visión unilateralista y lleva a un mayor aislamiento a EE.UU. El aislamiento y el unilateralismo son “gemelos en la definición política-ideológica internacional estadounidense”, señala un reciente artículo de Michael Hirsh (Foreign Affairs, septiembre-octubre 2002). El consenso ha sido un instrumento principal no sólo para la estabilidad internacional, también para luchar contra las amenazas compartidas.
La nueva administración estadounidense cree que puede establecer un orden sobre la base del unilateralismo. Con ello, como lo señalan fuertes críticas en el Congreso y en el sistema internacional, vuelve más vulnerable al sistema en su conjunto y al propio EE.UU. La nueva doctrina no establece un diseño de orden o legalidad a ser construida o reafirmada. Sin esta visión no podrá haber liderazgo efectivo. Sin una perspectiva global capaz de vincular y conectar la interdependencia global no será posible generar un liderazgo efectivo. El desarrollo del sistema internacional ha tenido en el liderazgo estadounidense una guía sustantiva a lo largo del último siglo. Ello se fundó en la capacidad para satisfacer los intereses propios en una perspectiva más amplia de consenso en el sistema internacional. Una mirada unilteral que reafirma el accionar preventivo y ofensivo tenderá a desestabilizar el sistema internacional con graves consecuencias para todos los Estados, en especial, los más débiles.
América Latina ocupa tres párrafos en el documento. En el primero se destaca la formación de coaliciones flexibles, con países que “comparten nuestras prioridades, particularmente México, Brasil, Canadá, Chile y Colombia”. Un segundo párrafo está dedicado al tema de las drogas. Y el tercer párrafo dedicado a Colombia. La nueva política norteamericana basada en la doctrina descrita requerirá de un diálogo franco, abierto y efectivo con las autoridades y la elite estadounidense. Es una responsabilidad esencial de las democracias , incluidas las latinoamericanas y aún de países pequeños como Chile, de debatir abiertamente con los EE.UU. esta política. Es necesario reconocer el terrible y profundo impacto que causaron los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Como señaló el Alcalde de Nueva York este fue un ataque a más de 90 naciones que fueron víctimas inocentes del terrorismo. La respuesta debe ser una respuesta del conjunto del sistema internacional y no una alternativa unilateral.
El desarrollo de un multilateralismo cooperativo efectivo y la construcción de bienes públicos internacionales capaces de promover estabilidad, justicia y resolver las situaciones críticas, es la opción que promueven la inmensa mayoría de los países, incluidos los del Consejo de Seguridad. La responsabilidad de Chile en el próximo período se verá incrementada por nuestra participación en el máximo organismo de Naciones Unidas. Ello significará reforzar nuestros espacios de diálogo con EE.UU. Deberemos incrementar los encuentros políticos, de los parlamentarios, de la sociedad civil y los intelectuales. También pese a la crisis regional como país deberemos promover una mejor comprensión de estos nuevos fenómenos internacionales en América Latina. La doctrina tradicional de resolución de conflictos fundada en el derecho internacional continúa siendo el mejor principio articulador de nuestra política internacional. Sobre esta base reafirmaremos nuestra posición en el mundo.